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Martes, 13 de octubre de 2026
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A 25 años de «Hermanos de sangre»: cuando la guerra se cuenta desde abajo y los veteranos miran a cámara

La miniserie que HBO estrenó en septiembre de 2001 sigue siendo la referencia ineludible del género bélico en la pantalla chica. Un repaso por sus claves, sus actores antes de ser famosos y por qué nada la igualó.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 34 d
A 25 años de «Hermanos de sangre»: cuando la guerra se cuenta desde abajo y los veteranos miran a cámara

Yo todavía no había cumplido los veinte cuando un amigo me prestó los DVD y me dijo, casi como advertencia, «sentate, que esto no es una serie más». Eran los primeros años dos mil y yo no terminaba de entender por qué algo tan sobrio, tan gris, tan poco espectacular en la superficie me había dejado clavado en el sillón hasta las cuatro de la mañana. Con el tiempo entendí que «Hermanos de sangre» no necesita gritar para conmover: le alcanza con mirar, esperar y dejar que los protagonistas hablen en un inglés con acento de Pensilvania que ya nadie tiene.

La historia es conocida: diez episodios para seguir el derrotero de la Compañía Easy, del 506.º Regimiento de Infantería Paracaidista, desde el entrenamiento en el campamento Toccoa hasta la liberación de campos de exterminio en Europa. Está basada en el libro homónimo que Stephen E. Ambrose publicó en 1992, y la traducción al lenguaje audiovisual la firmaron Steven Spielberg y Tom Hanks como productores ejecutivos, un tándem que por ese entonces venía de cambiar Hollywood con «Saving Private Ryan» y que, con esta serie, terminó de sentar las bases de lo que hoy llamamos televisión de prestige.

La decisión que cambió todo

Lo que vuelve única a «Band of Brothers», lo que la distingue de cualquier otra producción bélica que vino después, es una idea tan simple como poderosa: cada episodio arranca con veteranos reales de la Easy Company mirando fijo a cámara y relatando, en primera persona, lo que les tocó vivir. Esa presencia no es decorativa ni un truco de marketing para legitimar el drama; es una capa de testimonio que las reconstrucciones puramente ficcionales no pueden fabricar ni con el mejor presupuesto. Cuando uno de esos hombres ya mayores dice, con la voz apenas firme, que nunca pensó que iba a volver a casa, uno le cree, y eso no se compra con plata.

  • Estreno original: 9 de septiembre de 2001 en HBO, dos días antes de los atentados del 11-S.
  • Presupuesto: 125 millones de dólares, el más alto para una producción televisiva en esa época.
  • Episodios: diez, con dirección alternada entre Phil Alden Robinson, David Nutter y otros realizadores.
  • Décadas después sigue disponible en plataformas de streaming y continúa sumando espectadores que la ven por primera vez.

Un reparto que después se hizo gigante

Otro de los milagros de esta serie es haber juntado, sin saberlo, un elenco que después iba a copar las pantallas del mundo. Damian Lewis se cargó al hombro el papel del teniente Dick Winters, ese líder sereno que se vuelve referencia moral del grupo; Ron Livingston, Donnie Wahlberg, Kirk Acevedo y Michael Cudlitz completaron el núcleo estable de la compañía. Pero lo más interesante es mirar atrás y ver, en roles secundarios, a un Michael Fassbeder que todavía no era Magneto, a un James McAvoy previo al Profesor Xavier, a un Simon Pegg que todavía no había hecho explotar ningún planeta y a un Tom Hardy recien llegado de Londres. El rostro más conocido del reparto en aquel 2001 era, curiosamente, David Schwimmer, el Ross de «Friends», que se animó a encarnar al oficial Herbert Sobel, uno de los personajes más discutidos de toda la serie.

Técnicamente, la apuesta fue directamente cinematográfica: combates rodados con la gramática del mejor cine bélico, un diseño de producción obsesivo con uniformes, armas y locaciones, y una violencia que aparece cuando tiene que aparecer pero que nunca se vuelve el centro de la escena. La diferencia con su sucesora espiritual, «The Pacific» (2010), también producida por Spielberg y Hanks, es clave: mientras aquella se concentró en dos o tres marines y llevó sus historias casi hasta la tortura emocional, «Hermanos de sangre» eligió un registro coral, distribuyó el peso entre el batallón entero y entendió que la guerra, cuando se cuenta en plural, duele de otra manera. A la salida del cine, una señora mayor me dijo algo que se me quedó grabado: «Lo terrible no es que se maten entre ellos; lo terrible es que se bancen todo y después tengan que seguir viviendo». Tenía razón. Y esa es, probablemente, la mejor definición que se pueda dar de esta serie.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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