Apple le corta el cable al rastreo por mail y complica a varias gigantes de la publicidad digital
La actualización de Safari de septiembre de 2026 bloquea a proveedores que usaban direcciones de correo para seguir a usuarios en la web. La decisión reaviva la pelea por un modelo publicitario cada vez más acosado por la privacidad.
El navegador Safari dejó de hablarles por completo a los intermediarios que se dedican a una práctica muy concreta: tomar una dirección de correo electrónico y convertirla en un identificador capaz de seguir a una misma persona mientras navega por páginas que no tienen nada que ver entre sí. Lo hizo sin pedir permiso y sin dejar una puerta abierta para volver atrás.
Un truco que muchos pasan por alto
Cada vez que alguien completa un formulario con su correo para registrarse en un sitio o suscribirse a un boletín, ese dato puede terminar en manos de empresas externas. Ellas lo transforman en un código único, parecido a una huella digital, que sirve para reconocer al usuario en páginas donde jamás hizo clic. La gracia del método es que funciona sin cookies ni archivos guardados en el dispositivo: basta con el correo.
"Es como pasar tu DNI en un shopping sin saber que cada local después compara notas con los demás sobre qué compraste", me lo puso en palabras un becario del equipo de tecnología cuando le pedí que me tradujera el problema a la vida cotidiana. "Safari ahora impide que esas hojas se compartan entre locales".
- LiveRamp
- ID5
- UID 2.0
- Permutive
- Audigent
Esas son las primeras cinco compañías del sector alcanzadas por la restricción, que ya rige en iPhone, iPad, Mac y Vision Pro. Apple bloqueó la dirección completa del servicio, lo que en la práctica significa que cambiar un detalle del formato de la solicitud no sirve para esquivar el filtro.
Por qué Safari dice basta
El antecedente más directo fue la pelea contra las cookies de terceros que Safari inició en 2020. Parte de la industria publicitaria, cuando se quedó sin esa herramienta, migró hacia el correo electrónico como identidad alternativa. Apple sostiene que esa mudanza fue un retroceso: una dirección de mail suele mantenerse durante años y se usa desde varios dispositivos, lo que vuelve casi imposible borrar el rastro sin cambiar la cuenta.
Cancelar la suscripción a un boletín o cerrar sesión no elimina el identificador ya creado. El tercero conserva el correo y el código asociado y puede sumar información cada vez que el usuario completa un nuevo formulario. Con el tiempo, eso termina armando un perfil detallado de intereses y comportamientos.
Qué se puede y qué no a partir de ahora
Apple dejó una distinción clave para los editores: se permite usar datos propios del lector mientras no intervenga una empresa externa capaz de vincular esa información con la actividad del usuario en otros sitios. Un medio puede recomendarle artículos a sus suscriptores, pero no puede entregarle esos datos a un intermediario que opere fuera de su plataforma.
La movida golpea de lleno al negocio publicitario. Criteo, una de las grandes de la compra programática, ya avisó a sus inversores que el impacto de la decisión de Apple se va a sentir en sus resultados.
¿Y eso para qué sirve?
En lo concreto, a los lectores les sirve para que su correo deje de funcionar como una especie de etiqueta invisible que los sigue de sitio en sitio. Quienes se registran con frecuencia van a notar menos anuncios personalizados construits a partir de datos compartidos. Y a la industria, le sirve para entender que el modelo de negocio basado en datos personales cada vez tiene menos lugares donde estacionarse.
