Bill Gates vuelve a encender la alarma: la inteligencia artificial puede ser arma biológica y dejar sin trabajo a millones
En un ensayo reciente, el cofundador de Microsoft advirtió que la IA ya sabe interpretar información y dar instrucciones, lo que abre la puerta a usos peligrosos y a una ola de desempleo sin precedentes. Pidió impuestos a los robots y reservar algunas tareas solo para personas.
La frase la dijo Bill Gates hace poco, pero el tema no es nuevo: la inteligencia artificial ya tiene la capacidad de juntar y procesar datos sensibles, desde cómo se fabrica un explosivo hasta instrucciones para crear un virus en un laboratorio. Lo que antes parecía lejano empieza a discutirse en los mismos papers donde se habla de vacunas y fármacos. La herramienta es la misma; cambia quién la usa y con qué intención.
Pandemias a pedido y dilemas de responsabilidad
El cofundador de Microsoft fue claro: un ataque biológico potenciado por IA es un problema global que ningún país puede resolver solo. La tecnología, dijo, no hace inevitable una pandemia artificial, pero baja las barreras técnicas que hasta ahora frenaban a los grupos con malas intenciones. Pongo un ejemplo simple: si antes hacía falta un laboratorio entero y años de estudio para mapear un patógeno, hoy un sistema de IA puede acelerar buena parte de ese trabajo.
A eso se suma otro problema, el de la responsabilidad. Los modelos más avanzados ya no se limitan a buscar datos en internet: los interpretan, sugieren pasos y hasta pueden ayudar a ejecutar acciones. Cuando algo sale mal, cuesta determinar quién responde: si el usuario, el programador o la empresa dueña del sistema. Florencia Aguirre, becaria en el área de bioinformática de la UBA, me lo resumió así: 'Es como tener un asistente que te explica cómo armar algo delicado. Nadie se hace cargo si la respuesta fue mal usada'.
Trabajos que se evaporan en una década, no en un siglo
La parte económica del ensayo es la que más duele. Gates sostiene que la diferencia con revoluciones anteriores es enorme. La máquina de vapor reemplazó brazos; esta vez la IA reemplaza parte de la cognición. Observa, escucha, escribe, programa y resuelve problemas. Sectores enteros aparecen en la lista negra: el derecho, la atención al cliente, la medicina, el desarrollo de software y buena parte de la manufactura.
El dato clave es el plazo: el cambio se concentraría en una década, no en varias generaciones. Eso, advierte el texto, deja muy poco margen para recapacitar y reubicar a los trabajadores desplazados. El propio Gates lo escribió sin rodeos: 'Muchos empleos desaparecerán para siempre'.
- Gravar a robots y sistemas de IA con impuestos similares a los que pagan los trabajadores humanos.
- Reservar formalmente para personas tareas ligadas a la salud, el cuidado y el acompañamiento emocional, aunque la tecnología pueda hacerlas.
- Frenar el abaratamiento de la vigilancia y la desinformación masiva que permiten estas herramientas.
Como contrapesos, Gates propuso gravar a los sistemas automatizados con impuestos comparables a los de un empleado, y reservar por ley algunas tareas sensibles para personas. La idea suena extrema, pero apunta a un punto concreto: si la productividad se la lleva la máquina, parte de esa renta debería volver al fisco para sostener a quienes pierden el empleo.
¿Y eso para qué sirve? Para entender que el debate ya no es si la IA va a cambiar el mundo, sino cuánto margen nos queda para decidir cómo lo cambia. Lo que se discuta este año en los parlamentos y los directorios empresarios va a definir si la próxima crisis de empleo se parece a la de la revolución industrial, con décadas para adaptarse, o si nos agarra con los manuales todavía guardados en un cajón.
