"Boiúna": serpiente grande, paciencia chica y cero guiños a la platea
La película de la legendaria criatura amazónica se anima a lo que casi nadie en el subgénero se atreve: tomarse en serio, sin ironía ni complicidad barata con la sala. Una serie B honesta que cumple y un poco más.
A la salida de la sala, una pareja todavía con el envoltorio del pochoclo en la mano coincidía en lo que yo también había sentido mientras duraba la función: "por fin una de serpientes que no se ríe de mí". Y esa frase, escuchada casi de casualidad en la escalera del cine, resume mejor que cualquier crítica el hallazgo de "Boiúna: La leyenda del Amazonas": una película que decide no hacerle el guiño cómplice al público y, justamente por eso, se vuelve más interesante que la mayoría de sus hermanas de género.
Porque sí, está claro que las películas de monstruos gigantes suelen funcionar con un pacto tácito: el espectador entra sabiendo que va a ver algo desmesurado, los personajes actúan como si también lo supieran, y todo se resuelve con una sonrisa permanente dirigida a la cámara. Esa es la comodidad del subgénero, el lugar común al que cuesta escapar. Lo que hace acá el equipo de la película es subvertirlo desde el primer minuto: no hay ironía en los diálogos, no hay slapstick en las escenas de acción, no hay personaje que funcione como relator cómplice de la sala. La decisión, que no es menor, separa a "Boiúna" de buena parte de la competencia.
La selva como personaje, la serpiente como visitante
Antes de meter a sus protagonistas en la jungla, la película se toma algo que en el género suele considerarse un lujo impagable: tiempo. Presenta la mitología de la criatura, desarrolla a los personajes y deja que uno entienda por qué cada uno está donde está. Para el público que busca ritmo frenético desde el arranque, esa paciencia puede sentirse incómoda, casi como un cuerpo extraño en una propuesta de serie B. Para los demás, en cambio, es capital narrativo que rinde cuando llega la acción: las secuencias de acecho son sucias, físicas y con una tensión real, porque la serpiente comparte protagonismo amenazante con cocodrilos, arenas movedizas y una selva que tampoco perdona.
- La criatura aparece en dosis medidas, estrategia que disimula las limitaciones de producción y mantiene el misterio hasta el momento justo.
- Los conflictos entre personajes son funcionales aunque no memorables; cumplen su papel sin aspavientos.
- Las actuaciones sostienen el tono sin salirse del registro de la serie B: nadie quiere ganar un premio, pero nadie se cae.
- Las muertes cumplen su función sin pretender convertirse en escenas de culto, y eso, curiosamente, les da más credibilidad.
La dirección es, como dice el material, imperfecta pero coherente con lo que se propone: nadie pide acá el refinamiento de una superproducción, pero tampoco se nota el descontrol. La ambientación selvática, el trabajo con el fuera de campo y el uso del sonido hacen un buen porcentaje del trabajo; cuando finalmente la Boiúna aparece, lo hace con la pesadez de algo que sabe que es dueño de su territorio, y eso basta para que se te erice la piel aunque estés convencido de que es "solo una película". Lo que no termina de cuajar del todo es la profundidad de los personajes secundarios, que quedan algo en sombra frente a la presencia visual del monstruo, aunque al menos todos tienen una motivación comprensible para estar ahí.
“Sin pretensiones de obra maestra, construye tensión con paciencia y reserva a su depredadora para los momentos justos.”Bélén Giménez, Cultura y Espectáculos
Ahora bien, la pregunta del final es de las que a mí, como espectadora de toda la vida de este tipo de propuestas, más me gusta hacerme: ¿le suma o le resta a una película de terror que decida evitar el humor y tomarse en serio a sí misma? Mi respuesta, después de verla y de escuchar a esa pareja en la escalera coincidir conmigo, es que le suma, y mucho, siempre que el tono se sostenga de punta a punta sin pedir permiso. "Boiúna: La leyenda del Amazonas" lo sostiene, no disimula lo que es —una producción de bajo presupuesto dentro de un género acotado— y trabaja con honestidad dentro de esas coordenadas. La moraleja es previsible y la estructura no sorprende, pero la ejecución supera lo que el papel prometía, que es, en el fondo, el mejor elogio posible para una serie B: que cumpla lo que promete y, de yapa, te haga pasar un buen rato sin tratarte como si fueras tonto.
