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Martes, 13 de octubre de 2026
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Caminar por la entraña del Malacara, el volcán que esconde tres cráteres en el sur mendocino

En el paraje La Batra, cerca de Malargüe, la familia Quezada administra un recorrido que atraviesa dos de las tres cárcavas del Malacara y culmina en un mirador con vista a la laguna de Llancanelo. La geóloga Corina Risso reconstruyó la historia del cerro a partir del choque del magma con el agua.

Por Darío BogadoFrontera y Clorinda · · hace 24 d
Caminar por la entraña del Malacara, el volcán que esconde tres cráteres en el sur mendocino

Para una salida al aire libre en el sur mendocino, el volcán Malacara propone caminar por pasajes que permiten observar su interior. Está en el paraje La Batra, en un campo de la familia Quezada, que administra las visitas. El recorrido atraviesa dos de sus tres cárcavas y suma una subida a un mirador: desde allí se distingue, a lo lejos, la laguna de Llancanelo.

La experiencia transcurre entre paredes onduladas, sectores de roca amarilla y depósitos negros. La luz ingresa por las aberturas superiores y el aire frío circula entre las grietas. Los tres cráteres que tiene el volcán en su parte alta quedan prácticamente ocultos para quien lo recorre desde abajo, por la forma del terreno y la vegetación.

Una geología escrita en colores

Los colores ayudan a entender qué ocurrió allí. Corina Risso, geóloga, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, explica que el Malacara se formó por la interacción del magma con el agua, posiblemente de una antigua laguna. Ese contacto fragmentó la lava y la alteración de los materiales produjo buena parte de las superficies amarillas.

Cuando el agua dejó de intervenir, la erupción continuó y se acumularon materiales oscuros sobre los anteriores. Mucho después, la erosión provocada por el agua y el viento abrió los corredores que se recorren durante la visita. Esos depósitos son frágiles y pueden desgranarse al tocarlos.

De campo ganadero a destino turístico

La apertura turística cambió el uso de un sector del campo donde los Quezada criaban animales. En 2000, Risso llegó al lugar con la ayuda de Alberto “Beto” Quezada. Dos años más tarde presentó sus investigaciones en Malargüe, mientras la familia comenzó a trabajar con guías de la zona.

El acceso también tuvo una transformación: las primeras salidas se hacían a caballo por senderos del predio. En 2006, una antigua huella petrolera permitió ingresar con una camioneta y después con maquinaria para acondicionar el camino.

  • Recorrido por dos de las tres cárcavas del volcán.
  • Paredes amarillas y depósitos negros formados por el choque del magma con el agua.
  • Mirador con vista hacia la laguna de Llancanelo.
  • Inicio del turismo local a partir de las investigaciones de la geóloga Corina Risso.
  • Acceso acondicionado sobre una antigua huella petrolera desde 2006.
DB
Darío BogadoFrontera y Clorinda

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