Cerebro izquierdo, cerebro derecho: por qué la etiqueta que muchos repiten no se sostiene
Un estudio con más de mil participantes y el testimonio de una especialista de Cleveland Clinic ponen en jaque la clasificación que ordena a las personas en racionales o creativas según el hemisferio dominante.
Hace años que circula una idea cómoda: que hay personas de cerebro izquierdo, metódicas y analíticas, y personas de cerebro derecho, creativas e intuitivas. La clasificación se coló en cuestionarios virales, en propuestas pedagógicas y hasta en la manera en que uno se define ante los demás. El problema es que, según la evidencia disponible, esa separación no tiene base científica.
Lo dijo con todas las letras la psicóloga Grace Tworek, de Cleveland Clinic: que alguien tenga facilidad para los números o para la música no demuestra que una mitad del cerebro gobierne su personalidad. Las fortalezas individuales existen, pero no funcionan como un documento de identidad hemisférico.
Lo que sí es verdad y lo que se exageró
- Los hemisferios no cumplen funciones idénticas: el izquierdo tiene un rol destacado en el lenguaje y comanda los movimientos del lado derecho del cuerpo; el derecho participa en el procesamiento visual y espacial y maneja el lado izquierdo.
- Esa distribución existe, pero no define la manera de aprender ni el talento de cada persona.
- Ambos hemisferios se comunican de forma permanente a través del cuerpo calloso, que intercambia información entre las dos mitades y hace posible tareas tan cotidianas como mantener una conversación, donde se procesan palabras, tono, gestos y contexto al mismo tiempo.
Un trabajo publicado en PLOS ONE revisó la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años. Los autores encontraron regiones con lateralización, entre ellas áreas vinculadas al lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho. Lo que no hallaron fue un patrón que favorezca de manera consistente a un hemisferio sobre el otro en cada individuo. En criollo: la especialización es una propiedad local de ciertas redes neuronales, no un rasgo global que permita etiquetar a nadie.
De dónde viene el mito y por qué preocupa
El origen es concreto y a la vez engañoso. En la segunda mitad del siglo pasado se estudiaron pacientes a los que se les había seccionado el cuerpo calloso para tratar crisis epilépticas graves. Esas observaciones mostraron diferencias entre hemisferios, pero en condiciones excepcionalísimas, nada representativas del funcionamiento de un cerebro sano. De ahí a la generalización de internet hubo un salto que la ciencia no autoriza.
La propia Unesco encendió la alarma: llevar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos. Definirse como poco creativo por creerse analítico, o como desorganizado por asumirse artístico, termina desincentivando habilidades que, en la práctica, se entrenan. Es el riesgo real de un mito que sigue circulando y que, como periodista y como vecina de toda la vida de esta ciudad, me parece urgente revisar cada vez que alguien lo repite como si fuera un diagnóstico.
El reclamo pendiente queda planteado: los sistemas educativos y los medios de comunicación tienen la responsabilidad de dejar de presentar como verdad una clasificación que la neurociencia ya descarta. Quienes hablan en nombre de la educación, y quienes hablamos en nombre de la información, somos quienes tienen que responder por la próxima vez que alguien escuche que su destino creativo depende del lóbulo con el que nació.
