Con el cielo cubierto, la pregunta vuelve a escena: quién debe controlar la vitamina D y quién no
Ramiro Heredia, especialista en medicina interna de la UBA, advirtió que los adultos sanos no deberían tomar suplementos sin indicación médica y describió los grupos que sí necesitan evaluar sus niveles durante los días con menor radiación solar.
En las últimas semanas, varias localidades del país amanecieron con cielo cubierto y jornadas sin sol pleno, una situación que volvió a instalar el debate sobre el cuidado de la vitamina D. Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, advirtió en diálogo con este portal que los adultos sanos no deberían tomar suplementos sin indicación profesional y precisó qué grupos de personas necesitan prestar atención a sus niveles durante los períodos de menor exposición solar.
Por qué las nubes no borran la producción cutánea
Según explicó el especialista, la vitamina D se produce principalmente en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B, aunque también puede incorporarse a través de algunos alimentos. Las nubes filtran parte de esa radiación, pero no la eliminan por completo, de modo que varios días consecutivos de lluvia o de cielo tapado no implican, por sí solos, una caída significativa en los niveles del organismo. A eso se suma que el cuerpo humano guarda reservas que amortiguan esas variaciones, y la posibilidad de desarrollar una deficiencia depende de los niveles previos de cada persona, sus antecedentes médicos y sus condiciones de salud.
Los grupos que sí deben controlar sus niveles
Heredia identificó a las poblaciones que requieren mayor atención médica y eventuales estudios de laboratorio:
- Adultos mayores.
- Personas con obesidad.
- Pacientes con enfermedad celíaca.
- Quienes atravesaron cirugías bariátricas, internaciones o cuadros críticos.
- Personas con antecedentes de osteoporosis o fracturas.
Qué pasa con quienes están fuera de esos grupos
"No existe una recomendación general de suplementación para adultos sanos sin deficiencia documentada", sostuvo el médico. Además, según fuentes consultadas, el exceso puede ser perjudicial: consumir vitamina D en cantidades elevadas puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y dañar la función renal, por lo que la decisión de pedir un análisis y de definir un tratamiento depende, en todos los casos, de la evaluación clínica.
Funciones de la vitamina y fuentes alimentarias
La vitamina D cumple un rol central en la absorción del calcio y el fósforo, minerales clave para la salud ósea. Su deficiencia sostenida puede causar osteomalacia en adultos, fragilidad ósea y mayor riesgo de fracturas, mientras que en niños una carencia importante puede derivar en raquitismo. La vitamina también participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario. En la alimentación, los huevos, los pescados grasos como el salmón y la caballa, y los yogures fortificados son fuentes reconocidas de vitamina D, aunque cuando ya existe una deficiencia la dieta sola suele no alcanzar para corregirla.
El vínculo con el ánimo, bajo observación
Heredia también aclaró que el vínculo entre la falta de luz natural y los cambios de ánimo corresponde a otro cuadro clínico distinto al del déficit de esta vitamina, y que esa relación debe evaluarse de manera separada en la consulta médica. La recomendación general, según la bibliografía revisada por el especialista, apunta a consultar antes de iniciar cualquier suplementación y a reservar los estudios de laboratorio para los grupos con factores de riesgo.
