Consumo en baja, crédito caro y empresas bajo presión: los números que marcan el pulso de la economía cotidiana
La recaudación real del IVA sigue en retroceso, el financiamiento para familias y compañías se encareció y la cantidad de firmas con dificultades bancarias creció 53% interanual. Un panorama que combina menor poder de compra, tasas positivas y mayor morosidad.
El comercio minorista argentino continúa perdiendo terreno en términos reales, según se desprende de los datos de recaudación del IVA, que operan como un termómetro de alta frecuencia para medir la actividad del consumo. De acuerdo con esa fuente, la dinámica de ventas se mantiene a la baja y refleja que el poder adquisitivo de los hogares no logró recomponerse al ritmo de la inflación acumulada.
A ese cuadro se suma otro factor que presiona sobre las decisiones de compra: el crédito se volvió más caro. Las tasas de interés reales positivas encarecieron el financiamiento con tarjeta, los préstamos personales y la compra en cuotas, lo que postergó adquisiciones que van desde la renovación de un electrodoméstico hasta la compra de un auto usado. Para las familias, la consecuencia directa fue un menú de opciones más estrecho y un esfuerzo mayor para sostener el consumo del mes.
Vamos a los números: el impacto sobre empresas y la morosidad
El deterioro no se limita a los hogares. Las empresas también enfrentan el doble golpe de ventas débiles y financiamiento costoso, una combinación que se refleja en la salud de las carteras bancarias. La cantidad de compañías clasificadas en situación diferente de la normal dentro del sistema financiero ascendió a 58.982, lo que representa un incremento del 53% respecto de doce meses atrás. El dato, en la comparación interanual, muestra un salto significativo que se explica tanto por la caída de la actividad como por el mayor peso del servicio de deuda.
El crecimiento de la morosidad empresarial se traduce en inversiones postergadas, en decisiones de producción que se demoran y, en definitiva, en menos empleo y menos actividad. La cadena que se activa cuando una pyme deja de pagar a tiempo termina impactando sobre proveedores, trabajadores y, finalmente, sobre el propio circuito de consumo.
- Recaudación real del IVA: en retroceso, reflejo de ventas minoristas en baja.
- Crédito para familias: tasas reales positivas que encarecen tarjetas, préstamos personales y cuotas.
- Empresas en situación irregular en el sistema bancario: 58.982 firmas, 53% más que hace un año.
- Balanza comercial y demanda de divisas: en 18 meses se compraron USD 36.500 millones frente a un saldo comercial de USD 29.132 millones.
En el frente cambiario, el período reciente dejó otra marca para tener en cuenta. Según los registros oficiales, en los últimos dieciocho meses las personas compraron USD 36.500 millones, mientras que el saldo acumulado de la balanza comercial para el mismo lapso alcanzó USD 29.132 millones. La diferencia, de unos USD 7.368 millones, muestra que la demanda privada de divisas superó lo que generó el intercambio de bienes, un indicador relevante a la hora de evaluar la presión sobre el tipo de cambio.
En ese marco, la autora de esta columna, Griselda Ayala, sostuvo que la combinación de consumo deprimido, crédito caro y mayor morosidad empresarial configura un escenario en el que los costos del ajuste se perciben con claridad en la vida cotidiana. La pregunta que sobrevuel a este diagnóstico es cuánto tiempo más puede sostenerse esa presión sobre el bolsillo de las familias antes de que el consumo encuentre un piso y comience una recuperación genuina. Mientras tanto, los datos disponibles —IVA en caída, empresas con deudas crecientes y tasas reales positivas— siguen marcando la agenda económica de los argentinos.
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