"Crystal Lake": la madre de Jason tiene su propia pesadilla en HBO Max
Linda Cardellini se pone en la piel de Pamela Voorhees para una precuela que prefiere construir su propio mito antes que repetir, paso por paso, la fórmula que cualquiera conoce: la de un machete, una máscara de hockey y un campamento lleno de adolescentes en pleno verano.
Cuando la serie arranca, antes de que el logo de HBO Max termine de acomodarse, lo que aparece en pantalla es un flashback que funciona casi como una promesa: hace nueve meses, un nene se ahoga en el lago Crystal Lake, y la cámara se queda en la cara de la madre, Pamela Voorhees, que mira el agua como si recién ahí empezara a entender que el mundo se le acaba de romper. Esa cocinera del campamento Camp Crystal Lake, que en las películas de siempre aparece apenas nombrada o en fotografías desteñidas, acá es el centro exacto de la historia. La siguen ocho capítulos en los que carga ese duelo en silencio, en su casa, hasta que dos desconocidos la buscan y le abren una puerta a un pasado del que ella había escapado hace mucho. A partir de ahí, la serie se autoriza a contar otra cosa.
Una Pamela Voorhees con cara y con voz
Linda Cardellini, que viene de ganar un Emmy por otro trabajo reciente, se carga la serie al hombro y la sostiene incluso en los capítulos en los que el guion se excede con líneas argumentales que parecen peleadas entre sí. La actriz compone a una Pamela muy alejada de la caricatura materna y vengadora que la saga construyó con el paso de los años: acá es una mujer concreta, con cansancio, con miedo y con una tristeza que se nota en la manera en que mira a su hijo pequeño, Jason, interpretado por Callum Vinson. La dupla madre-hijo, en los planos compartidos, es lo mejor de la producción.
Detrás de cámara, el responsable de darle forma a todo esto es Brad Caleb Kane, conocido por "It: Bienvenidos a Derry", que partió de una idea original de Bryan Fuller, creador de "Hannibal". El equipo se tomó en serio la idea de que la precuela no tenía que calcar la saga original y, en ese sentido, la comparación más justa no es con las películas de "Viernes 13" sino con otras operaciones recientes del género: "Bates Motel" expandiendo el universo de "Psicosis", o la nueva versión de "Carrie" repensando la novela de Stephen King desde otro ángulo.
Terror de los setenta, sin exceso ni parodia
El director Michael Lennox elige una estética deliberadamente de época: peluquería, colores, encuadres, todo remite al cine de terror norteamericano de los setenta y los ochenta, pero sin caer en la parodia ni en el homenaje calculado. La violencia aparece sin eufemismos, con sangre y gore cuando el relato lo pide, y con un cuidado particular para que nunca se pierda el anclaje en el realismo cotidiano del pueblo y del campamento. Esa decisión de mezclar el laguito idílico con el horror más crudo es, en buena medida, lo que le da a "Crystal Lake" un tono propio.
A mí, lo confieso, me pasó algo que suele pasar con estas precuelas: fui a buscar la máscara de hockey y el machete, y terminé encontrando algo distinto. La serie elige construir su propia mitología con conspiraciones, secretos del pueblo y un lore que en los primeros capítulos satura un poco, pero que cuando encaja termina dándole a Pamela Voorhees algo que el slasher original nunca le dio: una historia para ella sola. Si conocés la saga de toda la vida, vas a renegar un par de veces con algunos giros; si es tu primer acercamiento, vas a entender todo sin tener que haber visto una sola de las películas.
"Crystal Lake" ya está disponible en HBO Max para la región, con sus ocho capítulos listos para verse de corrido en una tarde larga. A la salida del visionado, mientras apagaba la tele y dejaba el silencio volver a la habitación, me quedó resonando esa frase que alguien a mi lado dejó caer como al pasar: "al final, lo más aterrador de la serie no es Jason, es una mamá que no puede hacer el duelo". Tiene su lógica, y mucho de eso es lo que la nueva entrega viene a contar.
