Cuando el agua vuelve a donde nadie la esperaba: cómo se prepara Neuquén frente a un nuevo escenario de tormentas
La provincia publicó recomendaciones concretas para familias que viven cerca de ríos, arroyos y zonas bajas. Tras años de sequía, los suelos ya no absorben más y una tormenta puede cambiar todo en minutos. Lo que hay que saber para no quedar a merced del agua.
A mí me lo contó una vecina del barrio Confluencia, mientras guardaba las compras bajo un alero porque el cielo se había puesto de ese plomo que en Neuquén aparece sin avisar. "Ya no es como antes", me dijo, mientras señalaba una calle que hace tres semanas era un polvorón y hoy parece un río chico. "Antes el agua se la tragaba la tierra. Ahora la tierra no da más, te devuelve todo." Esa frase, que podría parecer de conversación de patio, es exactamente lo que repiten en la Secretaría de Emergencia y Gestión de Riesgo de la provincia, y es la razón por la que salieron a pedirle a la gente que se prepare antes de que llegue la tormenta que nadie sabe cuándo va a caer.
Un suelo saturado que ya no perdona
Después de décadas de sequía, las lluvias de las últimas semanas terminaron por colmatar la capacidad de absorción de los suelos en buena parte del territorio neuquino. Lo que esto quiere explicar en términos simples es que la tierra, que durante años funcionó como una enorme esponja que retenía el agua y la devolvía de a poco, hoy está tan empapada que cualquier precipitación adicional corre en superficie, busca las pendientes y termina en arroyos, cañadones y sectores bajos que durante mucho tiempo parecieron lugares seguros. Esa es la trampa del momento: muchos de los sitios donde hoy se forma una correntada no eran zonas de riesgo según el mapa que la gente tiene en la cabeza.
“Un lugar puede atravesar el día sin inconvenientes y, de repente, sufrir anegamientos o crecidas. El agua no siempre cae donde genera el daño: una precipitación intensa en una cuenca alejada puede convertir un arroyo aparentemente tranquilo en una corriente de gran fuerza.”Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de Neuquén
La funcionaria describe lo que técnicamente se conoce como tormentas convectivas, que son esas células de tormenta que se arman en cuestión de minutos sobre una zona puntual y descargan en muy poco tiempo una cantidad enorme de agua. A diferencia de una lluvia persistente y pareja, que suele dar margen para reaccionar, una tormenta convectiva no avisa con horas de anticipación: se forma, crece y descarga antes de que el radar alcance a popularizarse en los grupos de WhatsApp del barrio. Por eso desde la provincia insisten en que la preparación no puede esperar al aviso meteorológico, porque cuando el aviso llega ya está lloviendo.
Qué recomienda la provincia, paso por paso
- Conocer de antemano las vías de evacuación del barrio o la localidad, sin necesidad de esperar a que suene la sirena o llegue un patrullero. La idea es tener el recorrido mentalmente trazado, como quien sabe llegar a la escuela de los chicos sin pensarlo.
- Identificar dentro del grupo familiar y del entorno cercano a las personas que pueden necesitar ayuda para trasladarse: pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores, vecinos con muletas, con, con chicos chiquitos. Tener una lista previa de a quién llamar y a quién ir a buscar marca la diferencia entre evacuar tarde y evacuar a tiempo.
- Armar un kit de emergencia con lo indispensable para las primeras horas: documentación personal en una bolsa hermética, alimentos no perecederos, agua potable embotellada para al menos dos días, linterna con pilas, cargadores de celular, y todo lo necesario para cortar la luz y abandonar la vivienda si las autoridades lo indican.
- Reservar agua en cantidad suficiente, porque las emergencias pueden afectar los sistemas de abastecimiento y quedarse sin agua potable en plena inundación es uno de los problemas más subestimados.
- Si vivís en una localidad rural o de acceso vulnerable, tener en cuenta la posibilidad de quedar aislado durante un tiempo: conocer los puntos de encuentro, los centros de evacuación definidos por cada municipio, y las rutas alternativas en caso de corte de camino.
Desde la Secretaría también se trabaja en identificar antiguos cauces fluviales que habían dejado de tener agua durante la larga sequía y que hoy pueden volver a recibir grandes caudales. Los equipos técnicos recorren el territorio para mapear esos trazados dormidos, que suelen convertirse en los puntos donde la corriente se vuelve más traicionera, justamente porque nadie los tiene en el radar cuando arma un protocolo familiar. La provincia pidió a los municipios que compartan esa información y a los vecinos que cualquier cambio en un cauce conocido se denuncie de inmediato.
Yo me fui de la recorrida por los barrios del oeste pensando en lo que me había dicho por la mañana la señora de la verdulería de la esquina, una neuquina de las de toda la vida, cuando le pregunté si tenía miedo a las tormentas: "Mientras la tierra te quiera, no pasa nada. El día que no te quiere, te avisa el agua". Por eso, en este tramo final del año donde el fenómeno de El Niño ya instalado promete más capítulos de este tipo, lo más sensato que se puede hacer, según lo que escuché a la salida de cada una de las fuentes que consulté, es tener el plan listo antes de necesitarlo. Porque la tormenta, como me dijeron varias veces, siempre llega cuando uno cree que todavía falta.
