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Martes, 13 de octubre de 2026
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Cuando el oído se vuelve ganzúa: el thriller de Roher que viaja del piano al botín

Leo Woodall y un Dustin Hoffman de carácter se cruzan en "Un talento único", la primera ficción del director de "Navalny", que convierte la hiperacusia de un afinador de pianos en el motor de una serie de robos con caja fuerte incluida.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 33 d
Cuando el oído se vuelve ganzúa: el thriller de Roher que viaja del piano al botín

A las siete menos cuarto de la tarde, en la sala cinco del complejo del centro, una señora de pañuelo al cuello le dijo a su marido, todavía acomodándose el saco: "Mirá, si afin el piano, es afin el piano". El marido se rio. Los dos se perdieron el aviso de prohibición de celulares. Esa frase me quedó dando vueltas mientras las luces bajaban y, antes de que apareciera el primer plano del instrumento, ya tenía la sensación de que esta película iba a jugarse entera en una idea muy simple: hay oficios silenciosos que esconden orejas enormes.

Niki afina pianos. Entra a casas acomodadas, pone a punto instrumentos que casi nadie toca y repara los que sí se usan en conservatorios y salas de ensayo. Lo que lo distingue del resto es su hiperacusia, un oído tan afinado que le permite percibir frecuencias y matices que a los demás se nos escapan. Esa misma capacidad, entrenada durante años entre cuerdas y martillos, lo convierte de manera paralela en un ladrón capaz de abrir cajas fuertes sin hacer ruido ni dejar marca. La trampa está servida, y el guion la deja respirar.

Un director de documental que filma un piano como si fuera un personaje

Daniel Roher pega el salto al largometraje de ficción después de ganar el Óscar con el documental político "Navalny". Acá, en lugar de cámaras que persiguen a un opositor ruso, lo que se mueve con pulso firme es el interior de un piano de cola: los mecanismos, las cuerdas, el pequeño universo de madera y metal que respira cuando alguien lo toca. La película hace algo poco frecuente en el género: trata al sonido como conductor de la imagen, no como decoración. Cada chirrido, cada nota mal calibrada, cada silencio entre pieza y pieza, empuja la historia hacia adelante. Esa decisión, que parece menor y no lo es, es lo que sostiene el interés cuando el guion entra en su zona más convencional.

Leo Woodall carga con el protagonismo con solidez, sin aspavientos. Su Niki es reservado, observador, casi profesional en su modo de mirar, y la película lo sigue de cerca sin pedirle heroicidades. Dustin Hoffman, en tanto, aparece como el viejo afinador que lo formó y que le termina abriendo la puerta del lado oscuro del oficio. Le aporta peso a una historia que, en otras manos, podría haberse disuelto en un thriller genérico de robos con caja fuerte. Entre los dos, lo que se construye es una relación maestro y alumno que se va torciendo, y que es, a mi modo de ver, lo más interesante del filme.

Lo que hay que saber antes de verla, sin spoilers

  • No busca reinventar el género: hay conflictos claros, un personaje con una habilidad específica y operaciones de riesgo creciente.
  • La ejecución es lo que la sostiene: sabe cuándo detenerse en el detalle del mecanismo, del oído, del plano fijo, y cuándo avanzar sin demoras innecesarias.
  • Tiene las limitaciones propias de una producción de escala media, pero no presenta fisuras graves de punta a punta.
  • Es accesible para quien busca un thriller de intriga sin exigencias demasiado altas, ideal para una noche de streaming.
  • Funciona mejor si se entra sin compararla con los grandes clásicos de atracos, porque su mérito está en el oído y no en el golpe final.

En lo personal, la disfruté más de lo que esperaba. Hay algo muy en ver a un pibe joven explicar la diferencia entre un piano bien afinado y uno mal afinado y, minutos después, usar esa misma sensibilidad para abrir una caja fuerte sin un ruido. Es la clase de premisa que, cuando está bien contada, justifica el de la entrada o, en este caso, el clic en el catálogo. Salí de la sala pensando que el oficio, cualquiera sea, siempre termina dejando huella en quien lo practica, para bien y, a veces, para peor.

“Y ojo, que el oído, una vez afinado, no se desafina nunca.”Belén Giménez, Cultura y espectáculos
BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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