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Martes, 13 de octubre de 2026
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Cuatro capítulos, una isla y un Holmes que ya no quiere serlo: la apuesta de «El problema final»

La miniserie de Netflix adapta a Pérez-Reverte con José Coronado en la piel de un actor marcado por el personaje que lo hizo famoso, y propone un misterio clásico ambientado en 1959.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 19 d
Cuatro capítulos, una isla y un Holmes que ya no quiere serlo: la apuesta de «El problema final»

Cuando me acerqué a la pantalla todavía estaba sonando el comentario de una señora de la primera fila, que le decía a su marido: «Yo a Coronado lo quiero ver de policía, no de detective viejo». Me quedé con esa frase mientras empezaban los créditos, porque vaya si esta serie le da la razón a medias: el personaje de Coronado fue detective en otra vida, pero acá viene a colgarse el impermeable una última vez, a su manera, en una isla que parece el fin del mundo. La miniserie se llama «El problema final», está en Netflix, dura cuatro capítulos y adapta una novela de Arturo Pérez-Reverte. La dirige Félix Viscarret y el guion lo firman Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré.

Lo primero que aclara la ficción, antes incluso de que arranque el caso, es quién es ese hombre al que vamos a acompañar. José Coronado interpreta a un actor que alcanzó fama mundial por ponerse en la piel de Sherlock Holmes, y esa película dentro de la serie funciona casi como una segunda piel del protagonista: las aperturas de los capítulos lo muestran resolviendo enigmas con pipa y gabardina, como si el personaje de ficción y el de la vida real se contaminaran mutuamente. A mí, que vengo mirando series de misterio desde que tenía uso de razón, esa decisión me pareció de las más arriesgadas del planteo, porque obliga a contar dos historias al mismo tiempo: la que se rodó en su momento y la que le toca vivir al actor fuera del set.

Una isla incomunicada y un muerto que no debería estar ahí

La acción arranca en 1959, con un asesinato en una isla que queda temporalmente aislada del continente. Esa incomunicación, que en otras historias puede sonar a cliché, acá se siente como el motor real de todo lo que viene después: si nadie puede entrar ni salir, el asesino tiene que estar entre los que ya están ahí. A partir de ahí, lo que la miniserie propone no es tanto un rosario de sorpresas como un retrato de personajes encerrados, con sus secretos a cuestas, cruzando acusaciones en los pasillos. Yo lo definiría como un whodunit clásico, de los de antes, donde lo importante no es solo quién apretó el gatillo sino por qué lo apretó.

  • Formato: miniserie cerrada de cuatro episodios, ideal para verla de corrido un fin de semana.
  • Ambientación: 1959, con una puesta en escena que homenajea al cine de detectives de las décadas previas.
  • Elenco central: José Coronado como protagonista, en un papel construido a partir de su pasado como Holmes en la ficción.
  • Equipo: dirección de Félix Viscarret y guiones de Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré.
  • Origen: adaptación de la novela de Arturo Pérez-Reverte, con el misterio y la isla como ejes del relato.

Hay un detalle que me hizo ruido, en el buen sentido, y que vale la pena marcar porque atraviesa toda la serie. El apellido del personaje de Coronado alude a Basil Rathbone, el actor que quedó asociado para siempre al detective de Arthur Conan Doyle en el cine. No es un guiño escondido: está ahí, a la vista, y sirve para recordarnos que esta historia habla también de cómo un papel te marca la vida, de cómo se vuelve imposible sacárselo de encima. Por eso los diálogos tienen ese registro tan particular, medio inglés trasplantado, con frases medidas y humor punzante que uno imagina salidas de un guion de los años cuarenta.

Y ya que mencioné el humor, lo destaco: la serie se permite pequeños chistes internos, sobre todo cuando el protagonista mira con cara larga a un ayudante que todavía está aprendiendo el oficio. Son momentos breves, al paso, que no rompen el clima de suspenso pero lo alivian, como aquellas películas de la productora Universal donde Watson era casi un bufón al lado de Holmes. Esa mixtura entre lo solemne y lo ligero me parece uno de los hallazgos del tono, y explica por qué la serie se deja mirar sin la pesadez de otros misterios contemporáneos.

“«Elemental, mi querido amigo», le dice el protagonista a su partenaire en uno de los intercambios más recordados de la ficción dentro de la ficción, una línea que funciona como contraseña entre los dos y como recordatorio de que ya nadie lo toma demasiado en serio.”«El problema final», miniserie de Netflix

Después de los créditos finales, mientras buscaba la salida del pase de prensa, escuché a un chico que le decía a su amiga: «Me quedé con ganas de que sean cinco». A mí, en cambio, me pareció que cuatro es el número justo: alcanza para desarrollar a los sospechosos, para que el protagonista se quiebre un poco y para cerrar el caso sin estirar la miel. Pero entiendo al chico, porque la serie te deja con la sensación de que a estos personajes les podés seguir sacando historias, y eso, tratándose de una ficción de misterio en estos tiempos, ya es bastante.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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