Darío Giordano salió a contestar a su hijo Valentín y rechazó de plano las acusaciones de violencia: "Ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características"
El productor difundió un comunicado un día después del testimonio público de Valentín Yankelevich, reconoció que no estuvo a la altura emocionalmente durante el duelo por la muerte de Romina Yan y pidió resolver el conflicto en privado, sin cámaras de por medio. Repaso de una disputa familiar que vuelve a poner en primer plano el dolor que dejó la partida de la actriz en 2010.
Lo que empezó como un testimonio íntimo de un hijo que se animó a hablar terminó, como tantas otras veces en la historia reciente de la farándula argentina, transformándose en un cruce de comunicados. Esta vez le tocó a Darío Giordano, el productor que durante más de una década construyó su vida alrededor de la imagen y el recuerdo de Romina Yan, tener que salir a responderle nada menos que a Valentín, el mayor de los tres hijos que tuvieron juntos, y que en las últimas horas decidió contar públicamente que creció en un hogar donde, según sus palabras, hubo violencia física y emocional después de la muerte de su mamá, ocurrida en septiembre de 2010.
La palabra del productor
Un día después de que se conocieran esas declaraciones, Giordano eligió el mismo formato que eligió su hijo para contestar: un comunicado escrito, con firma propia, pensado para ser leído más que para ser escuchado. En ese texto, el productor fue al hueso desde el primer párrafo: "Quiero dejar algo en claro: rechazo las acusaciones de violencia que se me atribuyen. Ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características en nuestra familia", escribió, dejando en claro que no piensa conceder ni siquiera un centímetro de terreno en el punto más sensible de la denuncia.
“La muerte inesperada y repentina de Romina destruyó el mundo que conocía. Nunca imaginé vivir una vida sin ella.”Darío Giordano, en el comunicado
Lo que siguió en el texto fue un intento, bastante personal, de explicar el contexto en el que, según su propia mirada, se criaron Valentín, Franco y Azul. Giordano describió el golpe que significó perder a Romina y reconoció, con una honestidad que a muchos sorprendió, que el duelo lo desbordó: "Aunque es posible que, en ese momento de duelo y dolor, yo no haya estado a la altura de lo que él y Franco necesitaban. Les pido perdón por eso", asumió, aunque se encargó de aclarar una y otra vez que ese reconocimiento no es lo mismo que aceptar los hechos de violencia que le endilgan.
- El productor negó de manera tajante cualquier episodio de violencia física o emocional, tanto antes como después de la muerte de Romina Yan en 2010.
- Reconoció que, durante el duelo, pudo no haber estado a la altura emocional que sus hijos necesitaban y les pidió perdón por ello.
- Planteó que los contactos, el poder y la exposición mediática no convierten una versión en verdad ni le quitan a un padre el derecho a ser escuchado.
- Aseguró que no busca ganar una disputa pública y que su intención es preservar la posibilidad de hablar del tema en la intimidad, "sin intermediarios, sin cámaras y sin que nadie necesite hablar por nosotros".
En uno de los párrafos más leídos del comunicado, Giordano dejó una frase que se interpretó como un dardo indirecto hacia el entorno de su exsuegro, Gustavo Yankelevich, aunque en ningún momento mencionó nombres propios: "Los contactos y el poder no convierten una versión en verdad, ni le otorgan a nadie más derecho que a un padre a ser escuchado", sostuvo, en lo que muchos leyeron como una queja por el peso específico que tiene la familia materna de Romina en la industria del entretenimiento. Vale recordar que Valentín y Franco viven con Yankelevich desde 2015, cuando la Justicia les otorgó la tenencia legal hasta que cumplieran la mayoría de edad, y que Azul, la más chica, vivió con Giordano hasta el año pasado, cuando se produjo un nuevo cambio de convivencia que el comunicado no llega a detallar.
Lo que también quedó claro es que el productor no tiene ninguna intención de transformar este conflicto en una pelea mediática. "No pretendo ganar una discusión pública", arrancó el tramo final de su escrito, y remató con un pedido que, leído con atención, suena más a deseo que a estrategia: "Quiero conservar la esperanza de que algún día podamos hablar de todo esto en la intimidad, sin intermediarios, sin cámaras y sin que nadie necesite hablar por nosotros". La frase, casi un ruego, deja entrever a un padre que, aun defendiéndose de las acusaciones más graves, sigue pensando en la posibilidad de sentarse a charlar cara a cara con los hijos que la tragedia le cambió para siempre.
A la salida de cualquier redacción, en estos casos, se repite la misma frase que se escucha cada vez que una historia así toma estado público: "Pobre Romina, si levantara la cabeza". La actriz, que murió de un paro cardíaco cuando tenía apenas 40 años, se había ganado a fuerza de talento y buena onda un lugar enorme en la memoria colectiva de los argentinos, y cada vez que sus hijos aparecen en una noticia, el fantasma de su ausencia vuelve a sobrevolar la conversación, como si la suya fuera una herida que el país todavía no terminó de cicatrizar.
