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Martes, 13 de octubre de 2026
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De un taller en Neuquén a la última frontera: Nicolás Poblet se juega la vida en dos ruedas hasta Alaska

Liquida su negocio, deja en banda a su hijo de 17 años con la plata de la venta y sale en una moto chica en noviembre. Recorrerá desde Ushuaia hasta el círculo polar ártico por la Carretera Austral y la Ruta 40, calcula entre año y medio y dos años y no tiene fecha de regreso.

Por Marcela SanabriaPolítica provincial · · hace 2 d
De un taller en Neuquén a la última frontera: Nicolás Poblet se juega la vida en dos ruedas hasta Alaska

El pasillo del taller mecánico que Nicolás Poblet dirige en Neuquén ya huele a despedida. Las herramientas empiezan a sobrar, la mercadería en estanterías se reduce y cada tanto aparece un cliente preguntando si el rumor es cierto: que el mecánico de la moto que todos conocen en el barrio va a colgar los guantes, al menos por un tiempo. Tiene 39 años, cumple 40 el 11 de octubre, y en noviembre sale en una Honda Navi con rumbo a Alaska.

La moto no es una elección casual, sino casi un manifiesto. La Navi es una moto urbana, pensada para desplazamientos cortos, no para cargar un cuerpo hasta el confín del continente. Poblet lo sabe y por eso la eligió: porque no está diseñada para grandes velocidades, no lo tienta a meterla en rutas rápidas y lo obligará a moverse a unos 60 kilómetros por hora. El plan es detenerse donde el camino lo llame, no donde la lógica de la distancia lo empuje.

La ruta, paso por paso

  • Cruza a Chile por la Patagonia y baja por la Carretera Austral hasta Ushuaia, en el extremo sur del continente.
  • Desde allí sube por Argentina siguiendo la Ruta 40, columna vertebral de la Patagonia y el norte argentino.
  • Atraviesa Bolivia y entra a Centroamérica por el istmo que conecta Colombia con México.
  • Sube por Norteamérica hasta Alaska, atravesando Estados Unidos y Canadá.
  • El cálculo total: entre un año y medio y dos años de viaje, sin itinerario cerrado y con la fecha de regreso abierta.

Sigamos la plata

La economía del viaje se apoya en una decisión fuerte: Poblet puso a la venta el taller que dirige, y lo que obtenga por la operación quedará para su hijo Benjamín, de 17 años. Es decir, el capital de trabajo del que vivía el hombre se convierte en patrimonio del chico, mientras el padre se financia el periplo con ahorros parciales y con ingresos que espera generar durante el recorrido. La idea es austera por definición: alrededor del 90 por ciento de las noches las pasará acampando, al costado de la ruta o donde encuentre un lugar seguro para clavar la carpa.

En una moto pequeña, todo pesa. Por eso Poblet viaja con lo justo: herramientas, un bidón extra de combustible y la carpa. Como mecánico, confía en resolver en el camino la mayoría de los problemas técnicos que la moto pueda presentar, una ventaja derivada del oficio del que también se está despidiendo.

Lo único que lo preocupa

La decisión de irse la viene masticando desde hace años. Lo que lo frenaba era la edad de Benjamín; ahora que el chico ganó independencia, padre e hijo la conversaron y la acordaron. Incluso quedó abierta la posibilidad de que Benjamín tome un avión hasta algún punto del recorrido y comparta una etapa con su padre. Para mantener el vínculo durante los meses en ruta, Poblet tiene previsto llevar un dispositivo Starlink, una antena satelital que le dará conexión a internet en zonas donde el celular deja de funcionar.

“Lo único que realmente me preocupa en el viaje es poder mantener la comunicación con él.”Nicolás Poblet

Lo que se gana y lo que se pierde

Poblet abrió un canal de YouTube y una cuenta de Instagram bajo el nombre Astronavi para documentar el recorrido: los lugares, los encuentros y también los días en los que las cosas no salgan como espera. Quien gana con esta movida es Benjamín, que a los 17 años se queda con el producido de la venta del taller y con un padre dispuesto a estirar la aventura hasta el círculo polar ártico. Quien pierde es el propio Poblet, que durante año y medio o dos deja de tener un ingreso fijo, un taller bajo la órbita de sus manos y, sobre todo, la rutina que conocía como cierta. El precio de la libertad, otra vez, sale caro. Pero esta vez se paga en kilómetros.

MS
Marcela SanabriaPolítica provincial

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