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Martes, 13 de octubre de 2026
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Después de los 30, el reloj óseo empieza a correr: qué hacer para no perder densidad sin darse cuenta

La especialista Elaine Dennison repasó las claves para cuidar el esqueleto cuando el cuerpo todavía no avisa: ejercicio con carga, calcio, vitamina D y control de los factores de riesgo. Una guía con lo que sí está en tus manos y lo que merece una consulta médica.

Por Marcela SanabriaPolítica provincial · · hace 21 d
Después de los 30, el reloj óseo empieza a correr: qué hacer para no perder densidad sin darse cuenta

En los pasillos de cualquier clínica de osteoporosis se repite la misma escena: una mujer de 65 años se rompe la muñeca al tropezar con una alfombra y recién ahí descubre que sus huesos vienen perdiendo densidad desde hace años. La especialista Elaine Dennison lo cuenta como un caso de manual, no como una rareza: la osteoporosis suele ser silenciosa hasta que aparece la fractura, y cuando aparece, ya llegó tarde. Por eso, insistió, la verdadera discusión empieza mucho antes, en la adultez joven, cuando todavía no hay síntomas pero el reloj óseo ya empezó a marcar.

El pico de masa ósea y por qué importa

El punto de partida es un dato que Dennison repite en cada charla: la masa ósea llega a su máximo alrededor de los 30 años. A partir de ese techo, el tejido sigue renovándose, pero el balance entre formación y degradación empieza a inclinarse. Cuando la resorción supera a la construcción, el hueso pierde densidad. La menopausia, con la caída de estrógenos, puede acelerar ese desequilibrio, y con él, el riesgo de fracturas.

Para Dennison, entender ese ciclo es lo que separa al cuidado preventivo de la sorpresa dolorosa. No se trata de alarmar, sino de ubicar la conversación en el momento correcto del calendario biológico.

Quiénes deberían consultar antes de que el hueso avise

La especialista enumeró los antecedentes que justifican una consulta, incluso en ausencia de síntomas: fracturas de cadera, muñeca o columna en la familia; uso prolongado de corticoides; tabaquismo; y enfermedades que dificultan la absorción de nutrientes, como algunas patologías intestinales o reumatológicas. También señaló que la menopausia precoz y ciertos tratamientos hormonales pueden modificar el escenario de riesgo.

Sigamos la plata en el sistema de salud: una densitometría DEXA y herramientas de cálculo como FRAX permiten estimar el riesgo de fractura a diez años y orientar decisiones clínicas con datos concretos, no con intuiciones. Para Dennison, ese paso marca la diferencia entre esperar a que se rompa algo y actuar con información.

Ejercicio con carga: lo que estimula, lo que no

En el capítulo de actividad física, Dennison fue directa: el hueso necesita estímulo mecánico para mantenerse, y ese estímulo se consigue con ejercicios que le imponen carga. Recomendó especialmente:

  • Ejercicios de fuerza, como el levantamiento de pesas o el trabajo con bandas de resistencia.
  • Subir y bajar de una plataforma tipo step, que trabaja piernas y cadera.
  • Correr y saltar, actividades de impacto moderado que transmiten tensión al esqueleto.
  • Movimientos que involucren a los músculos, porque también ellos tiran del hueso y favorecen su adaptación.

Aclaró que quienes tengan baja densidad en la columna o antecedentes de problemas de espalda deben buscar orientación profesional antes de levantar pesas: la carga mal dosificada puede pasar de terapia a riesgo. Sobre la natación, fue precisa: aporta beneficios musculares y cardiovasculares, pero como el agua sostiene el cuerpo, reduce la carga sobre el esqueleto y no produce el mismo estímulo mecánico que las actividades con apoyo e impacto.

Qué poner en la mesa para sostener el esqueleto

En el capítulo alimentario, Dennison repasó los nutrientes que sostienen al hueso dentro de una dieta equilibrada. El calcio aparece primero: leche, yogur, queso, alimentos fortificados y algunos vegetales de hoja verde lo aportan en cantidades útiles. La vitamina D, explicó, es la llave que permite absorber ese calcio y mineralizar el hueso. También mencionó a las vitaminas K y C y al magnesio, todos dentro de un patrón de alimentación que incluya frutas y verduras, no como suplementos aislados.

El consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo, advirtió, conspiran contra esa construcción. Pequeños ajustes cotidianos, sostuvo, suman más de lo que parecen cuando se sostienen en el tiempo.

Prevenir la caída, no solo la fractura

Dennison cerró su repaso con un recordatorio que parece obvio y no lo es: en los adultos mayores, la resistencia del hueso importa, pero también la posibilidad de evitar el golpe. Mantener la fuerza muscular, la movilidad y el equilibrio reduce situaciones que pueden terminar en una fractura. Iluminar bien los pasillos, sacar alfombras sueltas y usar calzado adecuado forman parte del mismo paquete que el calcio y la pesa.

Al final del recorrido, la lectura es incómoda pero clara: ganó quien entiende que el cuidado óseo se decide mucho antes de la primera fractura, y perdió quien se enteró de su densidad en una guardia, con un yeso y un diagnóstico que ya no admite marcha atrás.

MS
Marcela SanabriaPolítica provincial

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