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Martes, 13 de octubre de 2026
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Dientes que se van, mente que se apaga: lo que un adulto mayor de Buenos Aires no puede seguir ignorando

Una revisión de 14 estudios detectó que perder más de una pieza dental en la vejez eleva cerca de un 50% el riesgo de deterioro cognitivo. La inflamación de encías, además, aparece asociada a problemas cardíacos y pulmonares. Recomendaciones concretas para el barrio, según Harvard Health Publishing.

Por Ramona VillalbaActualidad local · · hace 3 d
Dientes que se van, mente que se apaga: lo que un adulto mayor de Buenos Aires no puede seguir ignorando

Llevo años escuchando en las mesas de los bares de mi barrio que un diente que se cae es cosa de la edad, casi un trámite. Esta semana me topé con un trabajo publicado en la revista JAMDA que me obliga a revisar esa idea de toda la vida. La revisión juntó 14 estudios sobre adultos mayores y llegó a un dato que sacude: quienes habían perdido más de un diente presentaban cerca de un 50% más de riesgo de deterioro cognitivo y un 28% más de probabilidades de terminar con un diagnóstico de demencia. Los autores fueron claros: es una asociación estadística, todavía no se puede decir que perder dientes cause Alzheimer u otra demencia, pero el número es lo suficientemente fuerte como para dejar de mirar la boca como si fuera un tema aparte del resto del cuerpo.

Cuando hablo con Osvaldo, vecino de toda la vida de la cuadra de la plaza San Martín, a cinco cuadras de mi casa, me dice algo que escucho seguido: "Yo voy al dentista cuando me duele, no antes". El problema es que la encía inflamada, esa gingivitis que muchos arrastran durante años sin darle importancia, no avisa. Y lo que sí está documentado en distintos trabajos es que esa inflamación crónica aparece asociada a enfermedades cardiovasculares, a obstrucciones en los vasos sanguíneos y a accidentes cerebrovasculares. Tampoco se probó una causalidad directa, pero la coincidencia es demasiado repetida como para ignorarla. Cuando la gingivitis avanza sin tratamiento, se transforma en periodontitis, que ya no se queda en la encía: ataca el hueso que sostiene el diente y termina provocando que la pieza se caiga sola.

La boca seca, el bruxismo y la sensibilidad: señales que el cuerpo manda

Hay tres molestias que aparecen una y otra vez en los consultorios del barrio y que los adultos mayores suelen naturalizar. La primera es la boca seca: se produce cuando cae la cantidad de saliva y, de un día para el otro, masticar, tragar, hablar o hasta distinguir el sabor de la comida se vuelve un esfuerzo. No es un capricho: suele ser efecto secundario de medicamentos muy comunes y aparece ligada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y algunas patologías del sistema inmune. La segunda es la sensibilidad dental, que aparece cuando la encía se retrae y deja al descubierto la raíz del diente, esa parte que no tiene esmalte y duele con el frío, con el calor o con un simple trago de mate. La tercera es el bruxismo, el hábito de apretar o rechinar los dientes mientras se duerme: una férula nocturna, hecha a medida por el odontólogo, puede bajar la presión sobre las piezas y cortar el círculo de dolor y desgaste. En los tres casos, el punto de partida es el mismo: una consulta profesional que distinga el origen del problema.

  • Cepillarse los dientes al menos dos veces por día con pasta con flúor y usar hilo dental una vez al día.
  • Realizar controles profesionales cada seis meses, o antes si hay sangrado de encías, movilidad dental o dolor persistente.
  • Evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol, dos factores que aceleran la enfermedad periodontal y la boca seca.
  • Revisar la medicación con el médico de cabecera cuando aparece sequedad bucal, ya que varios fármacos la provocan como efecto secundario.
  • Usar férula nocturna si el odontólogo detecta bruxismo, para frenar el desgaste y el dolor mandibular.
  • Mantener una alimentación rica en frutas, fibras y calcio, y limitar los azúcares que alimentan la inflamación de las encías.
  • Consultar de inmediato ante la pérdida de una pieza dental, sin esperar a que "se acomode sola": cada diente que se pierde suma en el cálculo de deterioro cognitivo.
  • Incluir la salud bucal en los chequeos geriátricos anuales, como un ítem más junto al control de presión, glucemia y colesterol.

Detrás de los dientes que se pierden hay algo que los papers médicos todavía no miden, pero que cualquier vecino de toda la vida reconoce al primer cruce de miradas: la vergüenza. Marta, que vive a tres cuadras de la plaza San Martín y carga tres dentaduras postizas desde los setenta, me confiesa que dejó de ir al club, dejó de juntarse a tomar mate los domingos y dejó de sacarse fotos con los nietos. Evitar conversar, evitar sonreír, evitar reuniones: ese aislamiento silencioso pesa, y los propios autores de la revisión lo mencionan como un factor que se suma al deterioro cognitivo en la vejez. La boca no es un accesorio: es la puerta de la alimentación, del habla y de la vida social.

El dato que más me quedó dando vueltas es el del 50% extra de riesgo de deterioro cognitivo cuando se pierde más de un diente. No es un número menor: equivale a decir que, en dos personas de la misma edad y similar estado de salud, la que perdió piezas dentales tiene la mitad de chances adicionales de que su mente empiece a fallar antes. No es causalidad probada, reitero, pero la asociación estadística es lo suficientemente robusta como para que ningún adulto mayor del barrio pueda seguir tratándola como una anécdota. El reclamo pendiente es para las obras sociales y para el sistema de salud público: la atención odontológica geriátrica tiene que dejar de ser un trámite opcional y empezar a formar parte del chequeo anual, igual que el control de presión o de glucemia. Mientras tanto, la cita es con el odontólogo: cada seis meses, sin esperar a que duela. y, a mi entender, con la misma seriedad con la que uno se toma un análisis de sangre.

RV
Ramona VillalbaActualidad local

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