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Martes, 13 de octubre de 2026
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Digger, la sociedad Cruise-Iñárritu que divide aguas antes de pisar las salas españolas

El filme original del realizador mexicano y el actor estadounidense llega a los cines de España el 2 de octubre de 2026, y ya tiene a la crítica europea con opiniones encontradas: hay quien destaca la actuación y la imagen, pero objeta el peso de los monólogos y el lugar de la sátira.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 12 d
Digger, la sociedad Cruise-Iñárritu que divide aguas antes de pisar las salas españolas

A poco de confirmarse el estreno en España, son muchos los lectores que me escriben para saber qué esperar de la nueva película de Alejandro González Iñárritu, ese director mexicano que con Birdman y El renacido se había ganado un lugar propio en la conversación cinéfila, y que ahora vuelve a confiarle la pantalla a Tom Cruise, un actor que parecía instalado para siempre en la saga Misión imposible y que, sin embargo, aquí se anima a algo completamente distinto, porque Digger no es secuela, no es remake, no es franquicia, y eso, en los tiempos que corren, ya es una declaración de principios que vale la pena mirar de cerca.

La fecha que tienen que anotar es el 2 de octubre de 2026, día en que la película aterrizará en las salas españolas, y la pregunta que se hace media redacción es si el público de aquí va a acompañar esta apuesta que, como todo lo que toca Iñárritu, no deja a nadie indiferente; por lo pronto, la crítica internacional ya viene avisando que no es una película fácil de resumir en una sola carilla, porque conviven en ella cosas muy logradas con zonas que a más de uno le generan ruido.

Lo que rescata el crítico

Alejandro G. Calvo, uno de los nombres que más se leen cuando se habla de cine en lengua española, fue de los que pisaron la sala de proyección, y lo que rescata de esa primera mirada vale la pena repasarlo: para el crítico, Tom Cruise ofrece aquí una de sus mejores interpretaciones, algo que no es poco si uno repasa la cantidad de veces que este actor se ha puesto frente a una cámara y que ya tendría más que justificado un retiro dorado; el humor, dice Calvo, es una de las llaves con las que Cruise sostiene al personaje, y en varios pasajes ese costado cómico funciona como un alivio dentro de una propuesta que no siempre es amable.

A ese elogio al protagonista se suma otro reconocimiento importante, y es que Calvo también destaca el trabajo visual de Iñárritu, ese ojo del mexicano que ya nos había regalado planos memorables en Babel o en Biutiful y que aquí vuelve a componer imágenes potentes, con un arranque de película que, según el crítico, tiene la fuerza suficiente como para atraparte en la butaca y dejarte con ganas de saber qué viene después, y eso, para quien escribe, es uno de los cumplidos más caros que se le pueden hacer a un director, porque significa que el cine, en su forma más pura, sigue funcionando.

Lo que se le cuestiona

  • El monólogo casi continuo que Cruise sostiene durante dos horas y diez minutos, y que vuelve pesado el tramo central de la película para el espectador medio.
  • La acumulación de texto en boca del protagonista, que termina por apagar el efecto de lo que al principio había logrado el realizador.
  • La sátira, que según la lectura de Calvo queda sofocada por las propias ambiciones del director, que no termina de dejarle respirar.
  • La relación con el público, que queda ubicado en una posición pasiva, sin margen para de lo que la película plantea, algo que el crítico describe como una experiencia que cierra más de lo que abre.

Y acá es donde se abre la discusión de fondo, porque a mí, que sigo a Iñárritu desde Amores perros y que lo defendí a capa y espada en aquella etapa en la que parecía que el cine mexicano solo era mirado de reojo por la academia, me sigue generando fascinación que un director de su calibre se banque el riesgo de una historia original en un mercado que pide superproducciones cada quince minutos, y que encima se permita cargar contra el espectador con dos horas y diez de palabra casi ininterrumpida, porque esa decisión, le guste a quien le guste, no es la de un director tibio ni la de un artesano complaciente, es la de alguien que todavía cree que el cine puede incomodar.

Dicho esto, sería deshonesto de mi parte no hacerme eco de los reparos, porque cuando Calvo dice que el espectador termina en una posición pasiva está tocando un punto que atraviesa a varias de las películas más discutidas de Iñárritu, esa costumbre que tiene el director de decidir por el público qué tiene que sentir y en qué momento, y que en un film tan del verbo como éste pesa más que nunca, porque una cosa es confiarle la cámara a un actorazo como Cruise y otra muy distinta es pedirle que cargue con la película entera en los hombros durante más de dos horas, y si algo enseña la historia del cine es que hasta los mejores monólogos, cuando se acumulan sin respiro, terminan por agotar hasta al público más entregado.

“Cruise sostiene un monólogo casi continuo durante dos horas y diez minutos, y eso vuelve pesada la experiencia para el espectador que no entra previamente comprado a la propuesta del director.”Alejandro G. Calvo, crítico de cine

Me quedo pensando, mientras escribo estas líneas, en la salida del cine de aquel miércoles de preestreno al que me escapé hace un par de semanas, cuando un señor de unos cincuenta y tantos, saco azul y cara de analista financiero, le decía a su mujer que no entendía qué había querido contar Iñárritu, y la mujer, con una sonrisa enorme, le respondía que justamente eso era lo que más le había gustado, "que cada uno se banque su propia película", me dijo, y la frase me quedó dando vueltas porque resume, sin querer, lo que vamos a estar discutiendo a partir del 2 de octubre: a quién le habla Digger y desde qué lugar se la mira, porque si uno entra buscando la sátira desatada que el trailer promete, salga decepcionado, pero si uno se entrega a la idea de un actorazo dando todo frente a un director que filma como los dioses, lo más probable es que salga hablando de la película durante varios días, y a veces, en el cine, eso ya es bastante más de lo que uno esperaba pedir.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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