Doce ficciones para acomodarse en el sillón: del derrumbe en plano secuencia a los durrell en la isla
Una selección que va del suspenso danés a la comedia universitaria, pasando por la Inglaterra rural y el Manchester de los noventa: hay para todos los ánimos y para todas las ganas de maratón.
Me crucé con Marta en el colectivo, auriculares puestos y la pantalla del celular dividida entre el bondi que pasaba por Congreso y el catálogo de una plataforma. «No sé qué poner», me dijo cuando le pregunté qué iba a mirar esa noche. «Quiero algo corto, pero que no sea pavada». Le pasé entonces esta lista que vengo masticando hace días, y que ahora dejo acá, a disposición de cualquiera que esté en esa misma duda. Son doce ficciones que caminan entre el suspenso y la comedia, con duraciones tan distintas que el menú se vuelve casi una cuestión de estado físico: ¿quieres algo de veinte minutos o te bancás cuatro temporadas?
Para arrancar por lo breve, El colapso propone ocho episodios de unos veinte minutos, rodados cada uno en plano secuencia. Son relatos independientes sobre personas que intentan sobrevivir cuando la sociedad se viene abajo. Cada capítulo es una pequeña caja cerrada: entrás, respirás agitado y salís. Si la idea es instalarse un rato largo, en cambio, Los Durrell tiene cuatro temporadas y sigue a una familia inglesa que deja su país para instalarse en Corfú, a partir del libro autobiográfico de Gerald Durrell. La isla funciona como personaje: hay calor, hay burras, hay peleas por la comida y un patriarca que no termina de entender por qué se mudó.
Tres formas de mirar el suspenso
- La ruta del dinero es una producción danesa que empieza con un trabajador muerto en un parque eólico y abre una investigación sobre prácticas empresariales. El caso se va ensanchando hasta dejar al descubierto algo más turbio que un simple accidente laboral.
- Glue, creada por Jack Thorne, lleva el misterio a un pueblo rural inglés. Debajo de un tractor aparece un cadáver y el hallazgo arrastra los secretos de un grupo de adolescentes que parecían no tener ninguno.
- Utopia, de Dennis Kelly, corre por el carril de las conspiraciones: unos usuarios de un foro consiguen el manuscrito de una novela gráfica capaz de anticipar catástrofes, y una organización los persigue para quedarse con ese papel.
El hilo de las pérdidas aparece en The Virtues, donde Stephen Graham interpreta a Joseph, un hombre que vuelve a Irlanda para enfrentar un trauma de la infancia y reencontrarse con su hermana. La serie es dura, íntima, y se sostiene sobre todo en la cara de Graham, que carga con el peso de la historia sin hacer ruido. En las antípodas del ánimo, Big Boys trabaja el duelo desde un lugar luminoso: Jack llega a la universidad después de pasar un año en su casa tras la muerte de su padre y conoce a Danny, su compañero de habitación. La ficción tiene tres temporadas y funciona como una comedia universitaria con un agujero en el medio que nunca se termina de cerrar, y que por eso resulta tan honesta.
Las amistades adultas tienen su lugar en Leonard y Hungry Paul, con Alex Lawther y Laurie Kynaston. Una muerte, una boda y un romance mueven las rutinas de estos personajes que parecen querer vivir sin molestar demasiado. Quienes busquen algo más largo todavía pueden zambullirse en Todas las criaturas grandes y pequeñas, que lleva seis temporadas siguiendo al joven veterinario James Herriot en Yorkshire: consulta tras consulta, nacimiento tras nacimiento, con el paisaje inglés como escenario de fondo.
Russell T. Davies y compañía: otras tres opciones
- Queer As Folk, de Russell T. Davies, retrata a tres hombres gays en Manchester y se convirtió con los años en una referencia ineludible para entender la representación en la pantalla chica.
- Nolly, también de Davies, le entrega a Helena Bonham Carter el papel de la estrella televisiva Noele Gordon, en un retrato que se permite ser tierno y despiadado al mismo tiempo.
- Such Brave Girls se inclina hacia la comedia: el foco está en las hermanas Josie y Billy y en su madre soltera, y el tono va saltando entre lo ácido y lo entrañable.
Marta, aquella del colectivo, terminó eligiendo un episodio de El colapso para esa noche y guardó Utopia para el finde. «Algo corto hoy, algo largo mañana», me dijo mientras bajaba en su parada, ya sin auriculares. Yo me quedé pensando que, en el fondo, la decisión de qué serie mirar dice tanto de nosotros como de lo que termina sonando en la pantalla. Esta lista es apenas un mapa: cada quien lo recorre como puede.
