El bocado que falta: por qué los compañeros del jurado le marcan la cancha a Maru Botana en MasterChef Celebrity
Una arveja cortada en cuatro, una cocinera invitada que come sin reparos y una frase de Betular que muchos leyeron como indirecta reavivaron en las redes el debate sobre el lugar que ocupa la pastelera en el concurso de Telefe.
Lo confieso: arranqué esta nota pensando en otra cosa y terminé hablando con varios lectores a la salida del chat del programa, todos con la misma imagen dando vueltas en la cabeza. "Viste lo de la arveja?", me preguntó una espectadora que sigue MasterChef Celebrity desde la primera gala, como si la pregunta fuera inevitable. La escena que ella me describió coincide con la que empezó a circular en redes: un participante del ciclo puso una arveja en la mesa y alguien del panel la habría partido en cuatro pedacitos para mostar de manera gráfica cuánto prueba cada jurado. La fracción que le tocaría a Maru Botana, según esa lectura, sería mínima, casi simbólica, y eso fue lo que encendió la discusión.
Porque lo que está en juego no es un detalle gastronómico, es nada menos que la credibilidad de quien te dice si un plato funciona o no. Yo misma, cuando cocino en casa y le doy el tenedor a alguien para que pruebe, quiero que esa persona coma de verdad: un bocado chico sirve para un amuse bouche, no para juzgar un estofado. La queja que se escucha en las redes apunta exactamente ahí: ¿se puede devolver una opinión con fundamento si apenas se probó? Es la pregunta de base que reavivó el debate esta semana y que el programa, tarde o temprano, va a tener que responder.
Una invitada que comió sin miramientos
La comparación más incómoda para Botana llegó con nombre y apellido: Dolli Irigoyen. La cocinera se sentó como jurado invitada y, según los espectadores que mecieron el asunto en redes, se mostró dispuesta a probar todo sin reparos, sin mostrar el menor reparo frente a la cámara. La diferencia de actitud entre ambas quedó registrada por los televidentes, y la propuesta que empezó a circular fue directa: que Irigoyen reemplazara a Botana en el panel. Es un rumor, por supuesto, no una decisión confirmada, pero sirve para medir el tono de la conversación: la gente no pide la cabeza de nadie, pide coherencia.
“Hay que comer de todo, para eso me pagan.”Damián Betular, jurado de MasterChef Celebrity, al probar una preparación señalada como pasada de cocción por la participante conocida como la Negra Vernaci.
La frase de Betular cayó como un meteorito sobre la discusión, aunque él no la hubiera pensado con esa intención. Le habían advertido que una parte del plato estaba pasada de cocción y, sin embargo, igual lo probó y completó su evaluación. Mucha gente leyó el momento como una indirecta hacia la compañera de jurado, como si el pastelero hubiera decidido, en vivo y ante todo el país, marcar la diferencia entre quien se anima y quien se contiene. Yo no puedo asegurar que haya sido así, faltaría más, pero lo que sí puedo decir es que la lectura existió y se instaló en el debate.
- El dato que desató la discusión: una arveja dividida en cuatro como ejemplo de las porciones mínimas que Maru Botana prueba en pantalla.
- La invitada que volvió tangible la comparación: Dolli Irigoyen, propuesta por usuarios como reemplazante de la pastelera.
- La frase que quedó flotando: "Hay que comer de todo, para eso me pagan", de Damián Betular, en medio de otra evaluación.
- El origen del reemplazo: Botana ocupa el lugar que dejó Donato De Santis cuando abandonó el jurado.
- La pregunta abierta que atraviesa al ciclo: qué espera el público de quien ocupa la silla de jurado en un concurso de cocina.
Yo no voy a pedir la cabeza de nadie ni a decretar quién sirve o no sirve para estar ahí, sería irresponsable y, además, no me corresponde. Lo que sí creo, después de mirar el ida y vuelta, es que el público pide consistencia: que el que te diga si un plato está rico se lo haya comido como se lo comería en su casa. Y eso, en televisión, no es un detalle menor, es el contrato básico entre el jurado y quien está del otro lado de la pantalla. Mientras escribo esta nota me llegó un último mensaje de una lectora que resume bastante bien el clima: "Yo no la quiero fuera, quiero que coma de verdad". Es un pedido chiquito, casi de sentido común, y por eso duele cuando no se cumple.
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