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Martes, 13 de octubre de 2026
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El consultorio de Pergolini: cuando una entrevista a Gabriel Rolón se llenó de reclamos entre compañeros

Botto y Soy Rada aprovecharon la presencia del psicoanalista para ponerle sobre la mesa las pequeñas peleas cotidianas del equipo. Entre nombres confundidos, unfollows y besos que no llegan, el programa se transformó, sin querer, en una terapia con humor.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 14 d
El consultorio de Pergolini: cuando una entrevista a Gabriel Rolón se llenó de reclamos entre compañeros

Lo que empezó como una entrevista a Gabriel Rolón en Otro día perdido terminó funcionando, casi sin quererlo, como una sesión de terapia grupal con público incluido. Yo lo vi sentado en el sillón de su casa, con el café a medio tomar, y a los pocos minutos ya estaba riéndome solo con la pantalla. Porque la química entre Evelyn Botto, Agustín Aristarán —más conocido como Soy Rada— y Mario Pergolini tiene esa cosa rara: cuando uno de los tres se anima a abrir la puerta del reclamo, los otros dos se meten por la ventana y nadie se guarda nada.

Una pregunta que venía de hace rato

Lo primero que me llamó la atención es que el tema no fue el psicoanálisis ni un libro nuevo. El tema fueron ellos. Evelyn fue la primera en sentarse en el sillón del paciente, si se quiere mirar así, y le preguntó a Rolón algo que, por lo que se vio, le venía rondando la cabeza desde hace tiempo: cuánto tiempo más iban a seguir tratándola como la nueva del grupo después de un año de trabajo compartido. Mario, mientras tanto, intentaba ordenar la entrevista y, de paso, sacarse de encima el tema. Ella no lo dejó. Le recordó, con una sonrisa que no le llegaba del todo a los ojos, que en más de una oportunidad él la llamó Layla en vez de Evelyn. Pergolini se justificó diciendo que tiene dificultades para recordar nombres, y la respuesta de ella fue tan simple como terminante: no le compró la explicación.

“Yo a veces pienso que en cualquier laburo, cuando alguien te dice tu nombre mal, hay algo más que un problema de memoria.”Lo que se escuchó en la mesa

Botto también se quejó —siempre en tono de broma, vale aclarar, porque la cosa nunca pasó a mayores— de que su conductor no la saluda con un beso como al resto. Ahí Rolón entró en su terreno y dijo, con esa calma que lo caracteriza, que cada uno tiene formas distintas de demostrar afecto. Y como si fuera un director de orquesta, señaló que el propio Soy Rada tampoco acostumbra dar besos al saludar. Lo dijo mirándolos a los dos, como dejando picando algo. Porque esa es la especialidad del psicoanalista en la tele: hacer visible lo que el grupo ya sabe pero nadie dice.

El unfollow que dolió más de lo esperado

Después llegó el turno de Agustín, y ahí la nota cambió de tono. Lo que parecía un simple quilombo entre compañeros pasó a un terreno más delicado, y uno entiende por qué Rolón levanta las cejas en determinado momento del. Rada contó, casi ofendido pero todavía divertido, que Pergolini había dejado de seguirlo en Instagram. Pero lo más jugoso no es eso: lo más jugoso es que se lo anunció en la cara, mientras estaban juntos. Le dijo, según el relato del humorista, que le aburrían sus publicaciones. Para Aristarán, que el conductor figure entre sus seguidores tiene un valor que va más allá de lo digital: es una especie de escudo, una manera de presentarse ante el resto del mundo. Si Mario Pergolini te sigue, pensá vos lo que quieras, algo te está diciendo. Rolón, que venía escuchando en silencio, preguntó con cuidado qué significaba para él ese unfollow, y dejó flotando una idea que a mí me resonó fuerte: dejar de seguir a alguien también es un mensaje, y ese mensaje siempre se interpreta.

  • Pergolini dijo que las publicaciones frecuentes de su compañero le resultaban aburridas.
  • Soy Rada le respondió que, en todo caso, podía haber silenciado la cuenta sin necesidad de dejar de seguirlo.
  • Rolón preguntó qué interpretación hacía él de esa decisión.

Más tarde, ya con la cosa un poco más distendida, Pergolini le preguntó a Rolón si una terapia grupal sirve para que todos se lleven bien. El psicoanalista contestó, con esa pausa que siempre le da tiempo al televidente, que el objetivo depende de cada situación. Y le devolvió la pregunta: estos son compañeros que tienen que seguir trabajando juntos mañana. La respuesta quedó flotando, porque no hacía falta contestarla. La mesa ya la había contestado por él.

Antes de cerrar, Rada se mandó otro reclamo al pasar: que no le tocaban las mejores notas, que siempre le tocaba bailar con la más fea. Mario cortó por lo sano, dio por terminada la dinámica y retomó la entrevista. Y yo me quedé pensando, mientras apagaba la tele, en algo que suele repetirse cuando uno sale de un programa así: la risa tapa, pero no borra. Acá los tres se quieren, se bancan, se pelean en cámara. Y lo mejor es que se nota.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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