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Martes, 13 de octubre de 2026
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El fantasma de Jay Gatsby que Jack Nicholson nunca pudo sacarse de la cabeza

A sus 89 años y retirado de la actuación desde 2011, el actor confiesa sin rodeos que haberle dicho que no al personaje de F. Scott Fitzgerald sigue siendo la decisión que más le duele. Repasamos cómo se cocinó aquella adaptación de 1974 que terminó en manos de Robert Redford.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 1 d
El fantasma de Jay Gatsby que Jack Nicholson nunca pudo sacarse de la cabeza

Lo conocí en pantalla mucho antes de saber quién era Jack Nicholson, y probablemente a usted le pasó lo mismo: esa cara que aparece en una escena y ya no se va más. Hoy, a los 89 años y retirado de la actuación desde 2011, el actor sigue cargando con una espina que no se saca desde hace medio siglo. Se lo contó él mismo: de todos los papeles que rechazó en su carrera, hay uno que todavía le pesa en el pecho. Es el de Jay Gatsby, aquel millonario misterioso de los ojos verdes que F. Scott Fitzgerald puso a caminar por Long Island en pleno boom económico de los años veinte.

Voy a ser franca: cada vez que alguien me dice que le fascina Robert Redford en El gran Gatsby, pienso automáticamente en cómo habría quedado esa misma historia con Nicholson. El propio actor lo reconoce sin vueltas. Según declaró públicamente, ese rol es "el único papel verdaderamente excepcional" que dijo que no, y por el que se sigue arrepintiendo. La película en cuestión es la adaptación que dirigió Jack Clayton y que llegó a los cines en 1974, una de las versiones más recordadas de la novela de Fitzgerald, con guión de Francis Ford Coppola.

Una decisión con cincuenta años a cuestas

Nicholson contó que, desde los dieciocho años, la gente a su alrededor le repetía lo mismo: que él era el indicado para meterse en la piel de Gatsby. Figurarse la escena es casi cinematográfico: un pibe que escucha una y otra vez que ese personaje lleva su cara, y que sin embargo, cuando la oportunidad finalmente aparece, dice que no. El actor nunca explicó bien por qué declinó. Solo mencionó "razones personales" que eligió callar, como tantas veces hacen los artistas cuando lo que se calla pesa más que lo que se dice.

El casting que casi termina en otra película

  • Warren Beatty fue el primer convocado para Gatsby y también dijo que no, sin dar mayores explicaciones.
  • Cuando le llegó el turno a Nicholson, el gran obstáculo fue Ali MacGraw: el actor tenía reparos de trabajar con quien por entonces era la esposa del productor Robert Evans.
  • También se evaluó en serio a Marlon Brando, una de las figuras más inquietantes del cine estadounidense, antes de cerrar al elenco.
  • Finalmente Robert Redford quedó confirmado como Jay Gatsby, y Mia Farrow se quedó con el papel de Daisy, luego del divorcio entre Evans y MacGraw.

El año que cambió todo

Lo que pasó después tiene ironía del tipo que a mí, personalmente, me gusta encontrar en estas historias. Ese mismo 1974, Nicholson protagonizó Chinatown, la película de Roman Polanski que se convirtió en una de las obras más importantes de su carrera y le valió una nominación al Oscar. La estatuilla se la llevó Art Carney por Harry y tonto, pero lo de Chinatown fue, en cierto modo, el verdadero premio: un clásico instantáneo que sigue estudiándose en las escuelas de cine. Es decir, mientras Redford se calzaba el traje de Gatsby y levantaba la copa hacia la luz verde del otro lado del lago, Nicholson se estaba consagrando como uno de los grandes de su generación en otro set, con otro director y otra historia.

Después vinieron títulos enormes como El resplandor de Kubrick, por citar apenas uno, y una carrera que lo puso varias veces en la conversación de los mejores actores de su tiempo. Pero ningún otro guion le volvió a ofrecer exactamente lo que Fitzgerald había escrito: ese hombre que se reinventa a sí mismo, que ama desde el otro lado de la bahía, que organiza fiestas descomunales con la secreta esperanza de que alguien, alguna noche, se acerque a preguntarle por la luz.

¿Y si hubiera dicho que sí?

Me lo pregunto en serio, y se lo pregunto a usted. ¿Habría cambiado algo en la historia del cine si Nicholson hubiese aceptado? Quizá la respuesta más honesta sea la que dio un amigo cinéfilo al que consulté mientras escribía esta nota, mientras pedíamos un cortado a la salida de un cine de calle Lavalle: "Hubiera sido otro film, pero seguiría siendo El gran Gatsby". Redford le puso a Gatsby algo que no le sobra al personaje pero que tampoco le falta: una melancolía rubia, una cortesía antigua, un aire de gentleman que casi se confunde con la transparencia. Nicholson le hubiera puesto otra cosa: un filo, un misterio más oscuro, una oscuridad que vibrara incluso cuando sonríe. No sabemos cuál de los dos Gatsby habría envejecido mejor. Lo que sí sabemos es que Nicholson, después de más de medio siglo, todavía se lamenta.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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