El último baile de Messi en el Monumental paralizó la pantalla y la calle
Telefe tocó los 36 puntos de rating sobre el final del 3 a 0 ante Benín, en una jornada que arrancó con móviles a la mañana y se estiró hasta la noche con shows de drones y bengalas. TyC Sports, en tanto, promedió 13,55 puntos durante el partido.
A las 21 y pico, cuando la pelota ya dejaba de rodar en el Monumental, un mensaje de WhatsApp llegó desde lo de mi tía Marta: «Apurate, que están todos llorando en la tele». No exageraba. La pantalla de Telefe marcaba 36 puntos de rating sobre el final del 3 a 0 de la Selección argentina sobre Benín, en lo que se vivió como la despedida de Lionel Messi en suelo porteño. Y no, no era un número caprichoso: el pico se dio cuando el capitán, ya con el resultado a favor, se fundió en un abrazo largo con sus hijos en el campo de juego.
Lo que me llamó la atención, mientras iba armando la nota, fue que ese número no cayó del cielo. Fue la culminación de una curva que empezó a subir desde bien temprano, cuando todavía no había ni señales de la hinchada en la cancha. La cobertura arrancó a las 9:30 con un programa conducido por Georgina Barbarossa, que arañó los 5,8 puntos; el segmento del mediodía llegó a 8 y el ciclo de Vero Lozano se quedó en 6,9. Nada exorbitante, pero ya había quedado claro que la audiencia estaba empezando a prenderse a la pantalla.
La previa como antesala del ritual
El salto fuerte llegó con la previa que encabezaron Rodolfo Barili, Sofi Martínez y Maxi López, que pasó de 8 puntos al mediodía a 22,6 cuando se acercaban las 20. Es ese tramo el que a mí, particularmente, me atrapa: cuando los móviles empiezan a mostrar las tribunas vacías, los mozos acomodando las lonas, las familias acomodándose con los termos, y todavía no pasó nada. Y sin embargo, ya se sabe que va a pasar algo. Es la calma antes de un partido que, en el fondo, ya se ganó antes de empezar.
En el canal de cable la cosa también se movió. TyC Sports promedió 13,55 puntos durante el partido, con una previa que había tocado 9,1 y un salto a 11 cuando los equipos pisaron el campo. Son números altos para un amistoso, pero también es cierto que en mi casa, en lo de varios amigos y en más de un bar la pantalla quedó prendida como si fuera una final. «No me digas que no lo estás mirando», me dijo un compañero de redacción, y la verdad es que sí: lo estaba mirando.
La noche en la que el rating se construyó segundo a segundo
- Salida de los jugadores: Messi entró con sus hijos, con el Monumental a oscuras, fuegos artificiales y bengalas. La postal de un recibimiento que mezcló estadio y homenaje.
- Himno Nacional, interpretado por Fabio Santa, veterano de la guerra de Malvinas: el rating en aire trepó a 29,3 puntos.
- Comienzo del partido: 31,9 puntos, con la sensación de que la atención ya estaba ganada.
- A los diez minutos, el árbitro paró el juego para que el capitán reciba la ovación. Messi respondió con los brazos en alto y saludos a las tribunas. La medición llegó a 34,4.
- Final del primer tiempo, 0 a 0: pico de 35,2 puntos, una cifra insólita para un amistoso.
- Pico general: 36 puntos, sobre el cierre, con el 3 a 0 ya consumado y los abrazos que se multiplicaban en la cancha.
Lo que me gusta de mirar estos números es que cuentan una historia que va más allá de la fría planilla. La gente no se quedó pegada a la pantalla por curiosidad, ni siquiera exclusivamente por ver a Messi. Lo que pasó anoche, y lo digo con la voz todavía un poco a tono de quién estuvo hasta tarde siguiendo los móviles, fue un rito colectivo. Los goles de Nicolás Otamendi y Nico Paz, el penal del capitán para cerrar el 3 a 0, los shows musicales y el espectáculo de drones fueron la excusa, o mejor dicho el envoltorio, de algo más grande: la necesidad de despedir, en vivo y en directo, a un jugador que, nos guste o no, ya entró en esa zona de los recuerdos compartidos.
A la salida del estadio, caminando hacia el subte, una señora de unos sesenta años me miró con los ojos todavía húmedos y me dijo, casi como un suspiro: «Ahora sí, ya está». No le pregunté de qué equipo era, ni hacía falta. En la cara de mi vecina, en la de mi tía Marta mandando mensajes, en la de un país entero que se sentó frente al televisor a ver al diez entrar con sus hijos al campo, estaba la confirmación de que la noche había cumplido con su objetivo. Y que el rating, claro, era apenas el termómetro.
“Ahora sí, ya está.”Una señora a la salida del Monumental
