Floridi, el filósofo que le baja el precio a la inteligencia artificial: actúa, no piensa
El italiano que dirige el Digital Ethics Center de Yale dice que la IA no entiende nada de lo que hace. La compara con Copérnico, Darwin y Freud y advierte: frenarla no tiene sentido, hay que sumarla con criterio.
Les tengo que ser honesta: cuando un filósofo italiano me dice que la inteligencia artificial no piensa, una mitad se alivio y la otra mitad se preocupó. Floridi, que dirige el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale, viene hace rato repitiendo lo mismo: la IA no entiende. Produce efectos por nosotros, en lugar de nosotros, y muchas veces mejor que nosotros. Pero no tiene mente, ni conciencia, ni la más pálida idea de lo que está haciendo.
Para ponerle nombre, el tipo lo bautizó agencia artificial. Es decir, sistemas que mueven el mundo sin comprender una coma de lo que firman. Y acá viene lo interesante: si la IA fuera inteligente, la pregunta de moda sería si nos va a superar. Como no lo es, la pregunta cambia. Pasa a ser cómo la usamos sin perder pie.
Cuatro revoluciones y un corrimiento del centro
- Copérnico sacó a la Tierra del centro del universo.
- Darwin sacó a la especie humana del centro del reino animal.
- Freud mostró que ni siquiera mandamos en nuestra propia mente.
- Turing, con la IA, terminó de corrernos del centro de la esfera de la información.
Floridi no lo cuenta como una derrota. Lo lee como una maduración. Una humanidad grande, dice, se piensa al servicio del prójimo, del ambiente y de los que vienen, no como dueña del universo. Visto así, la IA no nos empequeñece: nos obliga a dejar de creernos el ombligo.
La filosofía de la información como andamiaje
En los años noventa, cuando casi nadie pensaba la información como objeto de estudio, Floridi fundó la filosofía de la información. Es su caja de herramientas para discutir estas cosas sin caer en dos lugares comunes: el entusiasmo de quienes creen que la IA piensa, y el espanto de quienes quieren frenarla. Ninguna de las dos posturas le cierra.
“Actúa, se comporta, aunque no tenga mente, ni entendimiento, ni conciencia. Hace cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros.”Luciano Floridi
En el equipo de Yale me contaron que la línea de trabajo de Floridi apunta a eso: no a prohibir ni a idolatrar, sino a diseñar. Entender qué es la IA, incorporarla con criterio y, sobre todo, no ceder el juicio propio. Un becario del centro me resumió la idea con una frase que me quedó rebotando: la IA es un cuchillo muy filoso, el problema no es el cuchillo, es quién lo agarra y para qué.
¿Y eso para qué sirve? Para dejar de discutir pavadas. Mientras debatamos si la IA piensa o siente, dejamos pasar lo importante: que ya está tomando decisiones por nosotros en oficinas, hospitales y Tribunales. La cuestión de fondo no es filosófica ni abstracta, es de diseño, de política y de educación. Y eso sí lo podemos decidir nosotros.
