Hábitos cotidianos que cuidan el cerebro: qué arrojó el estudio regional que pasó por Buenos Aires
Alimentación, movimiento, estimulación mental, vínculos y control cardiovascular forman una estrategia conjunta para proteger la memoria. Especialistas analizaron en la ciudad los resultados de LatAm-FINGERS, que siguió durante dos años a más de mil personas de once países.
Cuidar la memoria no se reduce a un solo hábito: también implica mirar la presión arterial, la glucosa y el colesterol. Esos controles, sumados a una alimentación saludable, actividad física, estímulos mentales y vida social activa, integran el enfoque preventivo que especialistas en neurología discutieron en Buenos Aires. La propuesta apunta a incorporar varios cambios a la rutina y, sobre todo, a sostenerlos en el tiempo.
Por qué el corazón manda en la salud del cerebro
El cuidado cardiovascular ocupa un lugar central en cualquier plan de este tipo. La hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y otros factores deterioran los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro, y ese daño termina pasando factura a las capacidades cognitivas. Por eso la evaluación médica periódica forma parte de la estrategia, al igual que las actividades que permiten aprender algo nuevo, ejercitar la atención o la memoria y sostener vínculos con otras personas.
"La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales", resumió Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS. Para Crivelli, las recomendaciones alimentarias y la organización de las actividades se adaptaron a los recursos y las costumbres de cada comunidad participante. Esa decisión marca una diferencia concreta: una dieta saludable en Buenos Aires no se traduce igual que en otra ciudad latinoamericana.
- Participaron 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en 11 países, con un seguimiento de dos años.
- Una modalidad incluyó actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud; la otra ofreció recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía.
- El grupo con acompañamiento más estructurado registró una mejora en la cognición global.
- El 80% de los participantes tuvo una adhesión moderada o alta al programa y el 84,9% completó la evaluación final.
¿Y eso para qué sirve?
La demencia no se evita con una receta mágica, y estos resultados no lo sugieren: muestran que intervenir con un paquete de hábitos, adaptado a cada contexto, produce mejoras medibles en dos años y se puede sostener. Como me dijo entre pasillos un becario del equipo organizador, la expectativa hoy no es encontrar una cura, sino ganar tiempo y calidad de vida mientras la ciencia avanza. En la práctica, empezar por lo que ya está al alcance: controlar la presión, moverse media hora, sumar un café con un vecino y, de vez en cuando, animarse a un rompecabezas.
