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Martes, 13 de octubre de 2026
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Hidratar no alcanza: cuando la diarrea obliga a reponer sales y el cuerpo pide otra cosa

El agua cubre la rutina, pero frente a cuadros diarreicos los especialistas recomiendan sales de rehidratación oral. El esfuerzo físico prolongado abre otro capítulo: las bebidas con electrolitos pueden ayudar, aunque no son para todos los casos ni para cualquier persona.

Por Marcela SanabriaPolítica provincial · · hace 19 d
Hidratar no alcanza: cuando la diarrea obliga a reponer sales y el cuerpo pide otra cosa

En los pasillos de cualquier guardia hospitalaria de provincia se repite la misma escena: una madre llega con un chico deshidratado por diarrea y, en la mano, una botella de bebida deportiva que no resolvió nada. La confusión es frecuente, porque durante décadas se instaló la idea de que cualquier líquido con sabor repone. No es así. La diferencia entre un vaso de agua, una bebida isotónica y una solución de rehidratación oral está en los números, y esos números importan cuando el cuerpo pierde más de lo que gana.

Sigamos la plata y los miligramos. La Organización Mundial de la Salud y Unicef recomiendan sales con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación vinculada con cuadros diarreicos. Esos sobres, que cuestan apenas unos pesos en cualquier farmacia, llevan una fórmula precisa: glucosa para que el intestino absorba sodio y agua, cloruro, potasio y citrato para compensar lo que se pierde con cada deposición líquida. Una bebida isotónica no reemplaza esa composición, por más que en la góndola del supermercado comparta estantería con aguas saborizadas y energizantes.

Cuándo deja de ser suficiente beber por cuenta propia

Si hay confusión mental, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o signos de deshidratación grave, la evaluación médica no admite demora. Elegir una bebida por decisión propia no reemplaza esa consulta, sobre todo en chicos, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. La automedicación con sobres comprados a granel o con preparados caseros también entraña riesgos: las proporciones incorrectas pueden agravar el cuadro en lugar de resolverlo.

La rutina de la mayoría: agua, comida y atención a la sed

Fuera de la emergencia, la hidratación cotidiana no requiere grandes inversiones. Las frutas, verduras y legumbres aportan potasio; los lácteos, semillas, frutos secos y ciertos vegetales suman calcio y magnesio; el sodio y el cloruro llegan con la sal y los alimentos preparados. Esos minerales, llamados electrolitos, regulan la distribución del agua en el organismo y el funcionamiento de nervios y músculos. Sin pérdidas importantes, la evidencia disponible no respalda el consumo rutinario de suplementos: alcanza con agua, comidas regulares y prestar atención a la sed.

  • Sales de rehidratación oral: indicadas ante diarrea con riesgo de deshidratación, con fórmula de glucosa y electrolitos definida por la OMS y Unicef.
  • Bebidas con electrolitos: pueden ofrecer ventajas en esfuerzos físicos de más de una hora, con calor o humedad elevada.
  • Agua y alimentación variada: cubren las necesidades de la mayoría de las personas en la vida cotidiana, sin necesidad de suplementos.
  • Atención médica inmediata: ante confusión, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o deshidratación grave.

El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden marcar diferencias durante esfuerzos prolongados. Para ejercicios de menos de una hora, la literatura científica no muestra ventajas fisiológicas ni de rendimiento frente al agua sola. Cuando la actividad supera la hora, especialmente con calor o humedad, las necesidades de reposición aumentan, aunque no existen cantidades universales: la sudoración y la pérdida de sales varían de persona a persona, y beber más de lo necesario también puede alterar el sodio en sangre.

En el balance, ganó quien entiende que cada pérdida tiene su repuesto y que no todo líquido sirve para lo mismo. Perdió el que confunde marketing con epidemiología y termina en la guardia con una botella de publicidad bajo el brazo, cuando lo que hacía falta era un sobre con la fórmula correcta. La hidratación, como la política sanitaria, se decide con datos, no con slogans.

MS
Marcela SanabriaPolítica provincial

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