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Martes, 13 de octubre de 2026
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La canción que llevás en el oído puede sacarte un poco de dolor de la aguja

Un estudio del Hospital Universitario de Zúrich con más de doscientos pacientes demostró que escuchar la música favorita antes y durante una punción intravenosa reduce el dolor percibido. La música de relajación, en cambio, no mostró diferencias frente al silencio.

Por Darío BogadoFrontera y Clorinda · · hace 1 d
La canción que llevás en el oído puede sacarte un poco de dolor de la aguja

La pizarra del Hospital Universitario de Zúrich arrancó con una pregunta simple: ¿baja el dolor si suena la canción correcta en el momento justo? El equipo de radiología decidió averiguarlo de la manera más práctica: con pacientes reales, una aguja en el brazo y auriculares con distintas propuestas musicales.

La investigación reunió a más de doscientas personas que iban a recibir contraste endovenoso antes de una resonancia magnética. Cada uno fue asignado a uno de cuatro grupos: nada de música, su canción o artista preferido, Mozart, o música de relajación. Antes, durante y después de la punción, los voluntarios reportaron su nivel de dolor en una escala del uno al diez.

Resultados que hablan por sí solos

A los treinta segundos y a los dos minutos de la inserción de la vía, quienes escucharon su música favorita mostraron una caída del dolor percibido que los investigadores calificaron como significativa. La diferencia se mantuvo tanto en quienes llegaban sin dolor como en los que ya tenían alguna molestia previa.

“La música favorita manifestó un efecto significativo de reducción del dolor tanto en pacientes con como sin dolor basal”Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología del Hospital Universitario de Zúrich
  • Música favorita: redujo el dolor percibido de manera significativa en todos los pacientes.
  • Mozart: alivió el dolor, aunque solo en quienes ya lo padecían antes del procedimiento.
  • Música de relajación: se comportó igual que el silencio.
  • Silencio: sirvió como punto de comparación, sin efecto analgésico propio.

Los autores entienden que el efecto de la canción amada responde a una distracción activa: una melodía familiar exige atención del cerebro, y esa atención compite con la señal dolorosa. El propio Garcia Alzamora explicó que la música de relajación suele ir a ritmo lento, bajo volumen y con poca variación, condiciones en las que el oyente termina por ignorarla y deja de cumplir su papel.

El residente Andrei-Cristinel Dragnea, que también firma el trabajo publicado en Frontiers in Pain Research, aclaró que el ensayo se concentró en punciones cortas y que falta evidencia para extrapolarlo a procedimientos más largos o más dolorosos. El equipo ya piensa en un próximo paso: comparar la música con algo tan básico como hablarle al paciente durante la intervención, ya que la sola compañía puede tener un efecto tranquilizador propio.

El estudio apunta a una herramienta sin costo y al alcance de cualquier centro de salud. La indicación posible es directa: preguntar al paciente qué quiere escuchar antes de pincharla, tener un parlante o auriculares a mano, y permitirle subir o bajar el volumen. No reemplaza a la analgesia farmacológica cuando hace falta, pero abre la puerta a una mejora concreta en el cuidado cotidiano, en especial para personas que pasan por resonancias, análisis de sangre o tratamientos oncológicos donde las agujas se repiten durante meses.

DB
Darío BogadoFrontera y Clorinda

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