La chica de la aguja: la maternidad como terreno minado en una Copenhague que no perdona
La película de Magnus von Horn convierte un caso criminal real en un retrato de las mujeres que quedaron a la intemperie después de la Primera Guerra Mundial, con una Trine Dyrholm que se lleva la película en el bolsillo.
Lo primero que uno escucha saliendo de la sala no es un comentario sobre el elenco ni sobre la dirección, sino una frase dicha por una señora de unos cincuenta y tantos que todavía se secaba los ojos con un pañuelo de papel: "Pobre piba, qué sola estaba". Y esa es, me parece, la mejor manera de entrar a La chica de la aguja, el filme que el director Magnus von Horn estrenó en 2024 y que acaba de llegar a las pantallas argentinas, porque antes de pensar en el caso criminal, en la investigación policial o en el suspenso, lo que se queda pegado en la memoria del espectador es la imagen de una mujer absolutamente sola en una ciudad enorme y gris, intentando resolver algo que, en otra época, con otra red, no habría sido tan dramático.
La película está filmada en blanco y negro, y esa decisión estética no es un capricho de autor: el blanco y negro de La chica de la aguja parece elegido para recordarnos que, en la Copenhague de posguerra que muestra la historia, no había mucho color para repartir. La Primera Guerra Mundial ya había terminado, pero sus consecuencias seguían vigentes en las calles y, sobre todo, en la vida de las mujeres más humildes, las que no tenían a quién recurrir cuando todo se complicaba. En ese contexto, el director construye un drama que se apoya en un caso criminal real ocurrido en esa misma ciudad, lo mezcla con el suspenso y lo usa como excusa para hablar de otra cosa: de la maternidad cuando no hay recursos, ni contención, ni salidas.
Una ayuda que aparece como caída del cielo
La protagonista es Karoline, una joven trabajadora que está embarazada y que atraviesa dificultades económicas serias. Para ella, no hay familia que la banque, no hay un sueldo que alcance y no hay, básicamente, un futuro claro. En medio de ese escenario aparece Dagmar, interpretada por Trine Dyrholm, una mujer que se presenta como alguien capaz de conseguir familias dispuestas a recibir a los bebés de madres que no pueden criarlos. La oferta suena casi como un milagro: alguien se hace cargo, alguien resuelve lo que Karoline no puede resolver sola. Y uno, sentado en la butaca, entiende perfectamente por qué la protagonista dice que sí.
Ese vínculo entre Karoline y Dagmar es el motor de la película, y también su trampa. Porque a medida que el relato avanza, las dudas sobre quién es realmente Dagmar y sobre qué pasa con esos bebés empiezan a filtrarse en la historia de a poco, como quien no quiere la cosa, hasta que la confianza inicial entre las dos mujeres queda atravesada por una sospecha que el espectador empieza a compartir. La información se revela de manera gradual, y ese manejo del tiempo narrativo es, para mí, uno de los grandes aciertos del filme: nunca se siente apurado, nunca se siente explicado de más, pero tampoco deja al espectador en el aire.
“Lo que me terminó de ganar de la película fue esa sensación constante de que las paredes se van cerrando, de que no hay manera de zafar cuando el contexto no te da aire.”espectadora a la salida de la función
- Es un drama basado en un caso criminal real ocurrido en Copenhague después de la Primera Guerra Mundial.
- Está filmado íntegramente en blanco y negro, una elección que refuerza la idea de una ciudad sin matices.
- La historia pone en el centro la maternidad atravesada por la falta de recursos y de redes de apoyo.
- Trine Dyrholm compone a Dagmar, la mujer que ofrece una salida que, a primera vista, parece una solución.
- La puesta en escena trabaja con espacios cerrados y una representación de la época alejada de cualquier idealización.
Más allá del caso policial que le da pie, La chica de la aguja termina planteando una pregunta que no es nada cómoda: cuánto margen de elección le queda a una persona cuando no tiene con qué elegir. Y esa pregunta, que parece arrancada de un libro de historia, se siente vigente, cercana, casi actual. Por eso, y aunque el filme se mueve con paciencia y sin golpes bajos, lo que cuenta pesa. A la salida, mientras la gente se abrochaba los abrigos y todavía procesaba lo que acababa de ver, escuché una última frase que me parece la mejor síntesis: "No es una película para pasar el rato, es una película para quedarse pensando un rato largo". Y si me preguntan a mí, Belén Giménez, les digo que vale la pena quedarse.
Datos de la película
- Título: La chica de la aguja.
- Director: Magnus von Horn.
- Año de estreno: 2024.
- Género: drama con elementos de suspenso, basado en un caso criminal real.
- Protagonistas: Trine Dyrholm como Dagmar, junto a la actriz que interpreta a Karoline.
- Formato visual: blanco y negro.
