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Martes, 13 de octubre de 2026
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La fibrosis pulmonar se esconde detrás de una tos que no se va: el alerta que pocos escuchan a tiempo

Un neumonólogo del Hospital de Clínicas y una jefa de Reumatología del Ramos Mejía explican por qué el diagnóstico puede tardar hasta dos años, qué síntomas no deben ignorarse y en qué casos la consulta tiene que ser urgente.

Por Ramona VillalbaActualidad local · · hace 12 d
La fibrosis pulmonar se esconde detrás de una tos que no se va: el alerta que pocos escuchan a tiempo

A veces la señal es apenas una tos seca que se instala y no se va, o esa falta de aire que aparece al subir dos pisos cuando antes no pasaba nada. Por ahí parece cansancio de la edad, de los años, de la rutina. Pero no siempre lo es, y cuando se trata de fibrosis pulmonar, ese malentendido puede costar un diagnóstico que se estira uno o dos años. Eso es lo que advierte Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, en diálogo con este portal.

Lo primero que aclara Enghelmayer es que la falta de aire o la tos persistente no alcanzan, por sí solas, para confirmar fibrosis pulmonar. Pueden tener muchas causas. La pista fuerte aparece cuando la dificultad respiratoria sube en pocos días o se presenta con esfuerzos mínimos. Ahí no hay que esperar: la consulta es urgente. Si el ahogo aparece en actividades que antes se toleraban sin problema, o si la tos seca se vuelve constante, también corresponde pedir una evaluación médica cuanto antes.

Edad no es sinónimo de falta de aire

El especialista marca un punto que parece obvio pero que repite en el consultorio: perder capacidad de esfuerzo no debe atribuirse automáticamente al envejecimiento. Es verdad que la fibrosis pulmonar es más frecuente después de los 60 años, pero tener años no vuelve normal quedarse sin aire al cruzar la plaza o al subir a un colectivo.

La fibrosis deja cicatrices permanentes en el tejido pulmonar y eso dificulta la oxigenación de la sangre. Puede estar vinculada con enfermedades autoinmunes, con partículas inhaladas en el trabajo o en el ambiente, o con ciertos medicamentos. Cuando los estudios no encuentran un origen claro, se la llama idiopática. Distinguir de dónde viene cada caso es lo que permite definir el tratamiento y la frecuencia de los controles.

Cómo se llega al diagnóstico

Para orientar la pesquisa, el médico revisa antecedentes, exposiciones posibles y estudios respiratorios previos. La tomografía de alta resolución es la herramienta clave para ver los cambios en el pulmón. Y hay un detalle clínico que sorprende: en la auscultación pueden aparecer ruidos similares al sonido del velcro que se despega, un indicio que solo cobra sentido en manos del profesional.

El caso particular de las enfermedades autoinmunes

Hay un capítulo aparte que preocupa a los especialistas y que suele pasar inadvertido para los pacientes. Quienes tienen enfermedades autoinmunes no siempre sienten nada en los pulmones, y eso no significa que estén libres de compromiso pulmonar. Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, lo resume con dos ejemplos bien concretos. En esclerosis sistémica, la evaluación pulmonar debe hacerse desde el diagnóstico, sin esperar síntomas. En artritis reumatoidea, la búsqueda se concentra en los pacientes con factores de riesgo.

“En una cohorte argentina en la que participé, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no tenía síntomas respiratorios, y dentro de ese grupo el 40 por ciento tenía una afectación extensa en la tomografía.”Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía

Esos números, que son argentinos, cambian la conversación. Significan que esperar a sentir tos o falta de aire para consultar puede dejar a casi cuatro de cada diez pacientes con lesiones pulmonares ya instaladas. Por eso los controles no dependen solo de lo que el cuerpo avisa: hay que ir a buscarlos.

Señales para no dejar pasar

  • Falta de aire que aumenta en pocos días o aparece con esfuerzos mínimos: consulta urgente.
  • Ahogo en actividades que antes se toleraban sin problema o tos seca persistente: pedir evaluación médica.
  • No atribuir la pérdida de capacidad de esfuerzo a la edad sin un chequeo previo.
  • En esclerosis sistémica, evaluación pulmonar desde el diagnóstico, aunque no haya síntomas respiratorios.
  • En artritis reumatoidea, controles orientados cuando existen factores de riesgo.
  • Tomografía de alta resolución y auscultación clínica como herramientas centrales del diagnóstico.

La fibrosis pulmonar es traicionera porque se parece a muchas cosas y porque a veces no se parece a nada hasta que el estudio la muestra. Quedarse en casa con la tos durante meses, pensar que es la edad, automedicarse o esperar a que pase es, en los hechos, regalarle tiempo a la enfermedad. La consulta a tiempo con un neumonólogo, y en los casos indicados con un equipo de reumatología, sigue siendo la herramienta más concreta para acortar esos dos años de demora que mencionan los especialistas. En temas de salud pública, la respuesta pendiente la tienen las campañas oficiales de detección temprana y la incorporación de tomografías de alta resolución en los protocolos de seguimiento de pacientes con enfermedades autoinmunes: hoy, en muchos centros del país, esos estudios siguen dependiendo del bolsillo de cada paciente.

RV
Ramona VillalbaActualidad local

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