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Martes, 13 de octubre de 2026
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La historia detrás del apellido Suar: cuando un locutor no podía con "Leibele" y todo cambió

Toto Kirzner recordó por qué su padre, el cantante lírico Leibele Schwartz, terminó llamándose Leo Suar por pura necesidad, y contó por qué él decidió no subirse a esa tradición y mantener su propio apellido, el que figura en su documento.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 28 d
La historia detrás del apellido Suar: cuando un locutor no podía con "Leibele" y todo cambió

Lo escuché a una señora en la fila del café, antes de que arrancara la nota, repetir el nombre completo del cantante como si fuera una plegaria difícil, y la verdad es que cuando me senté a leer la entrevista con Toto Kirzner entendí perfectamente lo que estaba diciendo: hubo un tiempo en este país en el que a ciertas personas les resultaba casi imposible pronunciar bien un apellido, y por eso la historia del nombre artístico de Leo Suar empieza, curiosamente, en una incomodidad de un locutor de radio y no en la voluntad de un artista, que es exactamente lo que uno imagina cuando piensa que los nombres se eligen.

El propio Toto lo explicó con una crudeza que me llamó la atención, porque uno está acostumbrado a que estas cosas se cuenten con un poco más de solemnidad, y en cambio él recurrió a una frase muy de calle para resumir décadas de idas y vueltas en los estudios de radio, que es nada menos que el lugar donde se construyó buena parte de la identidad artística de su familia, y eso a mí, como lectora adulta que de chico escuchaba esos programas por la mañana, me dio la pauta de que el apellido Suar no es un invento de marketing ni una decisión pensada fríamente, sino una adaptación casi artesanal que se fue cocinando con el tiempo y con la ayuda involuntaria de gente que, simplemente, no podía con el yiddish.

Un nombre que nació de un problema fonético

Lo que pasó fue esto: Leibele Schwartz, cantante lírico de origen judío que desarrolló buena parte de su carrera entre Estados Unidos y Argentina, tenía un problema repetido cada vez que pisaba un estudio de radio. A los locutores de turno les resultaba complicadísimo pronunciar su nombre de pila y su apellido en la misma frase, y entonces empezaron a buscarle la vuelta, primero con Leo Suárez, una versión ya suavizada, y después con la versión todavía más compacta de Leo Suar, que fue la que finalmente le quedó como anillo al dedo.

“Cuando él iba a la radio le decían Leo Suárez, no les salía Leibele Schwartz ni en pedo. Entonces, era todo Leo Suárez y terminó siendo Leo Suar.”Toto Kirzner

Lo que más me gustó de cómo lo contó Toto es que no hay ninguna épica ahí, no hay un momento fundacional glorioso, no hay un lejano director artístico que bajó línea sobre cómo había que nombrarlo, sino simplemente un laburo cotidiano con la lengua, un grupo de trabajadores de la radio probando combinaciones hasta que algo sonó razonable, y esa cosa tan chiquita terminó convirtiéndose en la identidad pública con la que su padre construyó una carrera enorme, la de Leo Suar, que es como lo conocemos casi todos los argentinos que tenemos más de cuarenta y vimos televisión en los ochenta y en los noventa.

La decisión de Toto, en cambio, fue la opuesta

Cuando Toto arrancó a trabajar en televisión y en teatro, la pregunta lógica era si iba a seguir esa tradición familiar. Su propio padre, cuentan las notas que le hicieron en estos días, le planteó la posibilidad de salir a la cancha como Toto Suar, aunque lo dijo con una duda razonable, que es la duda que cualquiera podría tener cuando prueba cómo suena un nombre artístico nuevo en voz alta.

“Mi viejo en un momento me decía: 'Toto Suar nos queda mal'.”Toto Kirzner

Lo que decidió el actor fue bastante simple y lo contó casi como si fuera una obviedad, como si fuera algo que se responde solo cuando uno se lo plantea en serio, y la verdad es que su razonamiento me parece de una sensatez enorme, porque lo que viene a decir, en el fondo, es que si ya te dieron gratis un apellido propio con el que podés firmar toda tu trayectoria, no tiene mucho sentido andarlo cambiando solo porque suena mejor o más enganchable para un público masivo, y eso en una industria tan dada a los nombres de fantasía tiene su peso específico.

“No me siento cómodo. Usemos nuestro apellido. ¿Para qué carajo lo tengo, si no?”Toto Kirzner

El abuelo que dejó huella más allá del nombre

Para dimensionar lo que significa haber cargado con un nombre así y lo que Toto eligió dejar de cargar, vale la pena repasar un poco la trayectoria del que en los papeles y en la historia familiar sigue siendo Leibele Schwartz, porque el hombre tenía un currículum que lo bancaba con creces, más allá de cómo se presentara ante el locutor de turno en cada radio, y se nota que Toto lo sabe y lo siente así.

  • Grabó más de 30 álbumes a lo largo de su carrera como cantante lírico.
  • Actuó con la Orquesta Sinfónica de Filadelfia, la Sinfónica de Israel y la Sinfónica Nacional Argentina.
  • Se desempeñó también como actor y como jazan, el canto litúrgico propio de la tradición judía.
  • Murió el 11 de julio de 1992, a los 59 años.

A esa historia se suma la de su esposa, la actriz Lilian Keller, que falleció el 30 de septiembre de 2020 a los 74 años, después de un accidente cerebrovascular, y que forma parte de ese ADN artístico que después Toto heredó sin necesidad de cambiar ni una sola letra de su documento, porque al final, como bien dijo él, ¿para qué carajo tener un apellido si no lo vas a usar cuando te toca pisar una radio, un teatro o un set de televisión? Es una pregunta bastante razonable y uno, saliendo de leer todo esto, la queda dando vueltas un rato largo, como me pasó a mí mientras pedía el segundo café y pensaba en la cantidad de familias en este país que, por una razón o por otra, terminaron llamándose distinto de cómo salieron del registro civil.

Una señora que se cruzó conmigo en la puerta del café, ya en la calle, me dijo una cosa que me resonó mientras escribía esta nota, y creo que vale la pena cerrar con eso, porque tiene mucho de lo que uno siente cuando se entera de cómo se cocina un apellido artístico: "Mira, yo al nombre lo cuido como si fuera mi propia casa, porque un día te toca decir quién sos y no querés que nadie tenga que adivinar". Tenías razón, señora.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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