La película que recrea un secuestro insólito en un banco ya se puede ver en streaming y bien vale la pena buscarla
Bill Skarsgård encarna a Tony Kiritsis, el hombre que en los años setenta tomó como rehén al hijo de un banquero y pidió hablar en la televisión de todo un país. Una reconstrucción áspera y política firmada por Gus Van Sant.
La primera vez que escuché el nombre de Tony Kiritsis fue de boca de un señor mayor, en la fila del cine, que le contaba a su nieto cómo en los años setenta un hombre desesperado había secuestrado al hijo de un banquero en su propia casa y, en vez de pedir dinero, había exigido que lo dejaran hablar por televisión nacional para contar su versión de una estafa inmobiliaria. Esa imagen, la de un tipo con una bomba atada al cuello de su rehén y un micrófono delante, me quedó dando vueltas durante años. Ahora, gracias a Movistar Plus, esa historia puede verse en casa, reconstruida con pulso de thriller y mirada crítica por un director enorme.
Una historia real que parece inventada
Lo que pasó en Indianápolis en 1977 tiene todos los ingredientes de un guion de ficción, pero ocurrió de verdad y sacudió a Estados Unidos durante varios días. Tony Kiritsis era un hombre común que había pedido un préstamo al Union Trust Bank para comprar un terreno. Cuando la entidad se lo negó, sospechó que el verdadero objetivo era quedarse con su propiedad para revenderla a un desarrollador inmobiliario. En respuesta, tomó como rehén al joven Richard Hall, hijo del dueño del banco, con un dispositivo casero pero potencialmente letal atado al cuello, y formuló dos exigencias muy concretas: una compensación económica y la posibilidad de contar su historia en vivo en la televisión nacional.
- La película reconstruye el caso real del secuestro de Richard Hall por parte de Tony Kiritsis en 1977.
- Bill Skarsgård lleva el peso del relato en un papel que confirma su enorme rango actoral.
- La dirección de Gus Van Sant recupera el pulso del thriller setentero y lo cruza con una mirada política sobre los individuos que chocan contra el sistema.
- El cierre incluye un guiño musical con Gil Scott-Heron que refuerza el tono de protesta del film.
- Tras una taquilla magra de 3,8 millones de dólares, la película encontró en el streaming su verdadera vidriera.
Ese es el punto de partida de "Prime Crime: A True Story", también conocida como "Dead Man's Wire", la nueva película de Gus Van Sant, un cineasta que para mí es de esos directores que vale la pena seguir siempre, incluso cuando se equivoca. Van Sant, que va de la rareza indie al mainstream y de regreso con una naturalidad que pocos se permiten, vuelve aquí a un tema que conoce bien: personajes que chocan contra las reglas del sistema y buscan salidas desesperadas fuera de los márgenes establecidos.
Un Skarsgård enorme en un papel incómodo
Bill Skarsgård, actor sueco que el gran público conoce por Pennywise en "It" y por su camada de hermanos actores, se carga al hombro la película con una composición contenida y a la vez explosiva. Su Kiritsis no es un villano ni un héroe: es un hombre común al que el sistema fue empujando hasta un rincón del que no veía salida. La película construye una atmósfera de tensión sostenida, con referencias formales al cine de género norteamericano de los años setenta, ese tipo de thriller urbano que mezcla la presión policial con la cobertura mediática en tiempo real, algo que en Argentina vimos mucho en el policial de los ochenta y noventa.
“La escena del helicóptero, los cables cruzados, la policía negociando mientras las cámaras transmiten en vivo: todo está filmado con una paciencia notable.”Belén Giménez, Cultura y espectáculos
El cierre de la película incorpora música de Gil Scott-Heron, un guiño que carga de sentido político el desenlace sin abandonar del todo el registro del thriller. La frase del músico que resuena sobre los títulos finales funciona como un epitafio perfecto para alguien que intentó hacerse escuchar por todos los medios posibles y terminó aplastado por las mismas estructuras que lo ignoraron. El film no resuelve del todo sus contradicciones, pero deja planteada una pregunta incómoda sobre los límites reales de quien intenta montar una protesta individual contra poderes que lo superan.
Después de recaudar apenas 3,8 millones de dólares en su paso por las salas, con un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones, "Prime Crime" encontró en las plataformas su segunda oportunidad de llegar al público. Y uno celebra que así sea, porque es el tipo de película que necesita tiempo y silencio para apreciarse. A la salida de mi primera visualización, una espectadora le decía a otra: "Mirá vos, un final que te deja pensando toda la noche". Y la verdad, no le faltaba razón.
