La propia creadora de Claude admite que dejó de buscar juniors: "el criterio se forma haciendo lo que ahora hace la máquina"
Un informe interno de Anthropic muestra que las búsquedas técnicas para perfiles de entrada se derrumbaron en menos de un año. La empresa reconoce la paradoja: pide autonomía para evaluar a la IA, pero la autonomía se aprende en los puestos que ya no existen.
Si te dedicás a mirar avisos de trabajo en tecnología, el nombre Anthropic te suena porque es la empresa detrás de Claude, el chatbot que compite de igual a igual con ChatGPT. Lo que no esperabas es que esa misma compañía publicara un informe reconociendo algo incómodo: dejó de buscar casi por completo a los perfiles más jóvenes que ella misma necesitaba hace un año. El dato es interno, lo firman investigadores de su propio instituto y se publicó el 16 de octubre.
Los números del derrumbe
- Las búsquedas técnicas para puestos junior pasaron del 27% al 9% en menos de un año.
- La proporción de personal júnior dentro del área técnica bajó del 21% al 14%.
- La caída fue más fuerte justo en las áreas donde la inteligencia artificial se usa para las tareas más complejas.
- Los ingenieros hoy envían cinco veces más código que hace seis meses, según las métricas internas.
- Las horas trabajadas por agentes autónomos ya superan a las horas humanas por seis a uno.
Y acá viene lo raro. Cuando aparece un número tan violento, uno piensa en recortes, en crisis, en gente echada. Pero en Anthropic no pasó eso. La empresa sigue creciendo y contratando. Lo que cambió es a quién busca: ya no quiere gente que sepa programar tal cosa o domine tal lenguaje, quiere gente que piense sola, que decida, que se banque un problema abierto.
Una frase del informe lo deja mejor que cualquier cuadro: "Espero que los modelos sigan siendo irregulares, así que para mi equipo quiero gente intercambiable entre dominios". La dijo un gerente en una evaluación de entrevista. Traducido al castellano de la casa: si la herramienta te falla, necesito a alguien que sepa dar la vuelta, no a alguien que solo aprieta el botón correcto.
La paradoja que el propio informe no resuelve
Hay un detalle que me llamó la atención y que la empresa no oculta. En 2024 los entrevistadores mencionaban el uso de inteligencia artificial en el 5% de las pruebas técnicas; en 2026 lo hacen en el 15%. Pero más fuerte que eso creció la demanda de "juicio autónomo". ¿Y eso para qué sirve? Sirve para entender el dilema que el mismo documento reconoce: la empresa pide criterio para evaluar lo que produce la IA, pero ese criterio se forma haciendo el trabajo de entrada, el que ahora ejecuta la IA. Es como pedirle a un cocinero que tenga buen paladar y al mismo tiempo quitarle la cocina donde lo desarrolló.
Un caso concreto lo cuenta el informe. Un equipo que se dedicaba a redactar los textos que muestra Claude armó un sistema de agentes para que esos textos se generen solos. ¿Qué hicieron con la gente? Los reubicaron a escribir instrucciones para los agentes y a probar si el resultado funcionaba. El responsable del equipo lo resume así, y la frase no tiene desperdicio: "Los redactores que usaban el lenguaje para mover a personas ahora lo usan para mover a Claude".
Para los que ya están adentro la historia termina bien: el laburo mutó, no desapareció. Para los que están tratando de entrar, la historia se complica. Mariana Cabrera, becaria en una consultora de Buenos Aires, me lo puso en palabras: "Yo entré a esta carrera justamente para hacer tareas que ahora me dicen que ya las hace la máquina. Si a los de Anthropic les cuesta encontrar gente con criterio, me imagino cómo lo van a pasar los que recién arrancamos".
El documento no dice cómo se sale de esa trampa. Lo deja planteado: si la experiencia formadora se la come la inteligencia artificial, ¿en qué momento se forma el criterio que se necesita para controlar a esa misma inteligencia artificial? Por ahora nadie tiene la respuesta. Ni siquiera los que la fabricaron.
