La vez que Nintendo gastó plata para que nadie pudiera ver dos películas que prefería olvidar
En los noventa, la empresa japonesa salió a comprar cine para adultos inspirado en Mario Bros. La estrategia funcionó durante más de una década: hoy casi nadie las recuerda, aunque una de las dos partes sigue dando vueltas por ahí.
Lo primero que escuché cuando empecé a investigar esta historia fue a un amigo de la infancia, fanático de los videojuegos desde los ocho años, que me dijo con una carcajada: «no puede ser que Nintendo haya comprado eso, pará un poco». Y la verdad es que a mí también me costó digerirlo, porque la historia es de esas que parecen inventadas y, sin embargo, están firmadas, rubricadas y archivadas por la propia Nintendo. Estamos hablando de dos películas pornográficas inspiradas en Mario Bros, producidas en Estados Unidos a comienzos de los años noventa, que la compañía japonesa compró con un único objetivo: que desaparecieran de la faz de la tierra. Y durante mucho tiempo, casi lo logra.
Dos días de rodaje y veinte mil dólares de presupuesto
El responsable de tamaña osadía fue el director y actor Buck Adams, que a principios de los años noventa vio cómo Super Mario Bros estaba en todas las pantallas y en todas las conversaciones, y decidió subirse a ese tren por la vía menos pensada. Eligió la ruta más directa al bolsillo: producir una parodia para adultos del famoso fontanero. El rodaje se completó en apenas dos días y con un presupuesto que, según los datos que maneja la prensa especializada, rondó los veinte mil dólares. Como el material grabado era demasiado largo para una sola entrega, Adams lo partió en dos: nacieron así "Super Hornio Brothers" y su secuela directa.
El timing fue tan fino como inoportuno: ambas producciones se estrenaron en pleno lanzamiento de la película oficial "Super Mario Bros." (1993), dirigida por Rocky Morton y Annabel Jankel. La adaptación cinematográfica de Nintendo fue un fracaso resonante en taquilla y recibió críticas durísimas. Con la imagen del personaje ya golpeada por ese papelón, la empresa japonesa decidió moverse rápido y, poco después del estreno de las parodias, adquirió en silencio los derechos de las dos películas.
“La compra se hizo con una discreción absoluta, casi quirúrgica: el objetivo era archivar el material y, sobre todo, no darle visibilidad.”Investigaciones sobre propiedad intelectual en la industria del entretenimiento
- En 2009 apareció en internet una copia parcial de "Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns", que incluía un resumen de la primera entrega.
- El actor Ron Jeremy, protagonista de ambas producciones, confirmó públicamente que los derechos pertenecen a Nintendo y que no es legalmente posible relanzarlas.
- La primera película continúa desaparecida: nunca se filtró completa.
- El caso quedó registrado como un episodio singular en la historia de la defensa de la propiedad intelectual: una empresa de videojuegos comprando cine para adultos no para distribuirlo, sino para impedir que nadie pudiera verlo.
Una estrategia que funcionó demasiado bien
Lo más llamativo de toda esta historia es que la movida de Nintendo salió incluso mejor de lo esperado. La compañía no salió a hablar del tema en ningún momento, no hizo comunicados de prensa, no buscó publicidad. El silencio fue total. Y durante más de una década, mucha gente dudó de que esas películas hubieran existido realmente: parecían más un mito urbano del mundillo gamer que un producto concreto. Recién cuando en 2009 se filtró una copia de la segunda entrega en la red, la historia volvió a quedar sobre la mesa y se confirmó lo que pocos creían. La primera parte, en tanto, sigue extraviada hasta hoy, como si la propia historia se hubiera encargado de hacerle honor a la estrategia de archivo de Nintendo.
Cuando salí de mi redacción y pasé por un bar de la calle Corrientes, me crucé con un chico de unos treinta años que se reía con el celular en la mano. Le pregunté de qué se reía y me dijo, mientras me mostraba la pantalla: «estoy viendo que en los noventa hicieron una porno de Mario y que Nintendo la compró para esconderla, no jodés». Me quedé charlando un rato con él y coincidimos en lo mismo: que esta clase de historias son las que muestran, mejor que ningún manual de marketing, hasta dónde puede llegar una empresa cuando decide que algo no lleva su sello. A veces, el movimiento más inteligente no es hablar, ni demandar, ni dar explicaciones. A veces, simplemente, es comprar y archivar. Y lo hizo con una efectividad casi quirúrgica que todavía hoy, más de treinta años después, sigue dando que hablar entre los que se enteran por primera vez.
