Las ruinas que cuentan su propia historia: dos pueblos vacíos de Burgos se convierten en el corazón de "La bola negra"
Castil de Carrias y Loranquillo, aldeas deshabitadas de la provincia de Burgos, aportaron a la película de los Javis la autenticidad que ningún decorado podía fabricar: edificios derruidos, botellas olvidadas en los estantes y vegetación creciendo entre las piedras.
Yo llegué a la nota todavía con la imagen del último cine al que fui el sábado todavía pegada en la retina, pero cuando empecé a leer lo que habían hecho los Javis con estos dos pueblos perdidos de Burgos me cambió el humor por completo. Hay algo profundamente cinematográfico en eso de convertir un lugar donde ya no vive nadie en el escenario de una historia que habla, justamente, de lo que el tiempo se lleva. Y cuando supe que los directores habían elegido esos dos puntos del mapa precisamente por lo que ya estaban rotos, sentí que tenía que contarles cómo se había llegado hasta ahí.
Un pueblo que se vació durante un siglo entero
Castil de Carrias no es un invento de la producción ni un decorado envejecido a propósito: es un antiguo núcleo rural que lleva décadas muriéndose en silencio, a unos diez kilómetros de Belorado. Tiene papeles firmados desde al menos el siglo XII, llegó a tener más de 240 vecinos a mediados del siglo XIX y, sin embargo, las cifras se desplomaron siglo tras siglo. En 1950 aún vivían allí 178 personas; en 1970, apenas 59. El pueblo siguió latiendo con esa cantidad mínima de habitantes hasta 1994, cuando murió Florentino González Sáez, considerado el último vecino de Castil de Carrias.
Lo que queda hoy en pie es, justamente, lo que hace que el lugar sea único para una película: una antigua escuela, una taberna con botellas todavía visibles en los estantes, utensilios domésticos dispersos por donde se mire, vehículos oxidados y la iglesia de Santa María, que muestra evidencias claras de deterioro y expolio. Es decir, nada de eso lo puso un equipo de arte: lo dejó el tiempo, que es el mejor decorador que existe cuando uno sabe mirarlo.
Cómo se eligieron los escenarios y qué se buscaba
Según me enteré, la responsable de localizaciones de la película, Clara Salvador, recorrió la provincia de Burgos palmo a palmo hasta encontrar lugares que resolvieran un problema muy concreto: necesitaban edificios parcialmente derruidos para recrear las secuencias de la Guerra Civil, sin tener que construir decorados desde cero y, sobre todo, sin necesidad de destruirlos cuando terminara el rodaje. Castil de Carrias y Loranquillo les venían como anillo al dedo: ya estaban en el estado que la historia requería.
Lo que los Javis buscaban, según declararon, no era únicamente la imagen de las ruinas sino la sensación de una vida interrumpida sin que nadie terminara de recoger sus cosas. Y ese detalle, dicen, tiene un significado específico dentro de la película, que gira en torno a la memoria, la violencia y todo aquello que el paso de los años va borrando. El rodaje arrancó allí el 25 de agosto de 2025 y, durante esos días, los dos pueblos permanecieron cerrados al público para que el equipo pudiera trabajar tranquilo.
- Castil de Carrias y Loranquillo son los dos pueblos abandonados de la provincia de Burgos elegidos por la producción de "La bola negra" para rodar sus escenas ambientadas en la Guerra Civil.
- El rodaje en Castil de Carrias comenzó el 25 de agosto de 2025; ambos pueblos estuvieron cerrados al público mientras duró la filmación.
- La aldea contaba con 178 habitantes en 1950 y solo 59 en 1970; su último vecino, Florentino González Sáez, murió en 1994.
- Entre los restos visibles hoy se cuentan una antigua escuela, una taberna con botellas en los estantes, vehículos oxidados y la iglesia de Santa María, con signos de deterioro y expolio.
- Los dos pueblos forman parte de una ruta de senderismo de 22 kilómetros que también incluye a Quintanilla, dentro del municipio de Belorado.
