Jueves, 27 de agosto de 2026
Actualidad y noticias, al instante
PortadaVida
Vida /

Límites en la infancia: por qué el "no" bien puesto no es autoritarismo sino cuidado cotidiano

Especialistas en crianza coinciden en que poner reglas claras, con afecto y sin violencia, es la base para que chicos y chicas aprendan a tolerar frustraciones y convivir en sociedad. Cuando el diálogo se vuelve negociación permanente, el adulto pierde firmeza y los chicos pagan los costos.

Por Yamila RiquelmeUniversidad y ciencia · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

Soy Yamila Riquelme y esta columna de Universidad y ciencia suele llenarse de papers y laboratorios, pero hoy me toca mirar hacia la casa, que también es un territorio donde se aprende (o se sufre) mucho. El tema me llegó de una consulta que me hizo Lucía, una becaria de la facultad que trabaja con familias en un centro de salud barrial: "Los padres de hoy no saben si poner un límite los convierte en autoritarios". Ahí entendí que el problema no es teórico, es del living para adentro.

La diferencia entre autoridad y autoritarismo

La psicóloga infantojuvenil Ivana Raschkovan, autora de Infancias respetadas, lo resume sin vueltas: el autoritarismo es un abuso de poder. La autoridad, en cambio, es otra cosa. Es la capacidad del adulto de sostener una posición sin necesidad de gritar ni de romper el vínculo. "Conversar no quita autoridad; al contrario. La pérdida de autoridad ocurre cuando el adulto le teme al conflicto y lo evita", explica. La frase me hizo ruido: el verdadero problema no es el límite, sino el miedo del adulto a ponerlo.

Para graficarlo con un ejemplo de la casa: no es lo mismo decir "no podés comer golosinas antes de almorzar" y sostenerlo aunque el nene patalee, que cambiar la orden ante el primer berrinche. En el primer caso, el chico aprende que la regla existe. En el segundo, aprende que el límite depende del humor del momento. Esa inconsistencia es la que después aparece como dificultad para tolerar un "no" en la escuela, en el club o en cualquier otro ámbito.

Los tres estilos de crianza y por qué ninguno funciona solo

  • Autoritario: reglas rígidas, obediencia por obediencia, poca escucha. Funciona a corto plazo, pero deja a los chicos sin herramientas para pensar por sí mismos.
  • Permisivo: mucho afecto y poca estructura. Los padres temen poner límites porque no quieren que el hijo se enoje. Suele dar chicos simpáticos, pero con baja tolerancia a la frustración.
  • Democrático o autoritativo: combina normas claras con diálogo y contención afectiva. Es el que más recomiendan y el más respaldado por la evidencia.

Estos tres estilos los describió la psicóloga Diana Baumrind en los años 60 y, aunque pasaron más de seis décadas, siguen vigentes como mapa para entender la dinámica familiar. La colega Deborah Bellota, que trabaja con adolescentes en consultorio, lo ve a diario: "Los padres permisivos suelen ser muy afectuosos, pero muchas veces no ponen límites por miedo a que el hijo se enoje con ellos". Esa dinámica puede favorecer la autoestima, claro, pero también genera resistencia a las figuras de autoridad y dificultades para autorregularse.

“Son indispensables para aprender a vivir en sociedad. La vida misma ya presenta dosis diarias de frustración: hay que ir a dormir aunque quieran seguir jugando, no se puede almorzar caramelos, hay que dar la mano para cruzar la calle.”Ivana Raschkovan, psicóloga infantojuvenil

Me gustó especialmente esta idea de Raschkovan: los límites no son un invento de los padres para complicarle la vida al nene, son un espejo de lo que va a pasar afuera. Cada vez que un chico se banca un "no" en un entorno seguro, está entrenando un músculo emocional que después va a necesitar en la vida adulta. Si ese entrenamiento no aparece en casa, el mundo se encarga de hacerlo, pero sin la contención de un adulto que lo acompañe.

Lucía, la becaria, me confesaba que ella misma se debatía entre no querer repetir lo que vivió de chica y no saber hasta dónde aflojar con su hija de cuatro años. Le dije lo que repiten las especialistas: el trabajo del adulto no termina cuando dice "no", empieza ahí. Acompañar la frustración con palabras, validar la emoción y sostener la decisión. Esa es la parte que muchos papás y mamás saltean, no por maldad, sino porque el llanto de un hijo incomoda y uno quiere que se termine rápido.

¿Y eso para qué sirve? Para entender que poner límites en la infancia no es criar chicos obedientes y callados, sino darles herramientas concretas para bancarse los miles de "no" que les va a poner la vida. Criar con presencia, sin violencia y con normas claras es, en definitiva, un acto de cuidado. Y de eso se trata.

YR
Yamila RiquelmeUniversidad y ciencia

Te puede interesar