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Linternas Verdes bajan a tierra: la serie que prefiere el polvo del camino a las estrellas

John Stewart y Hal Jordan investigan un crimen en el interior de los Estados Unidos con estética de western y thriller, y HBO Max ya tiene los ocho episodios disponibles para revisar el camino que DC eligió esta vez.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

Lo confieso de entrada: arranqué la primera escena de Linternas esperando el despliegue de siempre, esos planos de planetas lejanos y anillos de energía que durante años asociamos con los Green Lantern. Pero antes de que ningún anillo se encendiera en pantalla, ya estaba la voz de un viejo bombero jubilado en un pueblo de Nebraska, mirando la plaza vacía y diciéndole a su mujer que algo se había roto en el pueblo sin que nadie lo notara. Ahí entendí que esta vez los Guardianes no iban a venir del espacio a salvarnos: iban a tener que arremangarse, bajarse al barro y conversar con la gente. Y la serie, en ese gesto, ya me había ganado.

La nueva producción de HBO Max, creada por Chris Mundy, mueve la acción de los quadrants interestelares al corazón agrícola de los Estados Unidos, donde el cuerpo de Linternas Verdes aparece casi como una dependencia policial más, con escritorio de metal, café recalentado y expedientes que se apilan en una caja. John Stewart, interpretado por Aaron Pierre, es el rookie que todavía no termina de entender las reglas del trajeado y que se maneja con una calma que, sospecho, le viene de haber visto cosas peores en otra vida. Hal Jordan, al que Kyle Chandler le imprime ese tono de sheriff cansado que ya le conocemos de Bloodline, es la cara de la experiencia: un hombre que alguna vez creyó que el anillo lo hacía invulnerable y hoy sabe que lo único que lo sostiene es la costumbre de hacer lo correcto aunque nadie lo mire.

Un crimen que se abre como una herida

El punto de partida es bien del género: un asesinato en una comunidad chica, una investigación que parece rutinaria y un hilo del que empieza a tirar el dúo protagónico. A medida que avanzan los capítulos, lo que parecía un caso aislado se conecta con algo más grande, con una amenaza que todavía no termina de asomar y que, me animo a sospechar, tiene más que ver con la política local que con una invasión interplanetaria. La serie se toma su tiempo, y ahí está una de sus decisiones más valientes: en lugar de soltar un plot twist cada quince minutos, deja que los personajes transiten pueblos, carreteras y bares de ruta hasta que el misterio aparece casi solo, como suele pasar en las buenas historias de investigación.

  • La estética es de western y thriller policial: pueblos chicos, armas cortas, conversaciones largas.
  • Los anillos de poder aparecen en dosis administradas; la tecnología no reemplaza al diálogo.
  • Kelly Macdonald compone a la sheriff Kerry Kane con la misma sobriedad que mostró en No es país para viejos.
  • Garret Dillahunt, su compañero de elenco en aquella película, vuelve como el antagonista Will Macon, líder de una milicia vecinal.
  • El ritmo privilegia la investigación sobre la acción: hay escenas que avanzan a paso de caminata, no de persecución.

Y acá viene uno de los hallazgos más bonitos de la producción, al menos para quienes crecimos viendo cine de los Coen. Kelly Macdonald y Garret Dillahunt ya habían compartido elenco en No es país para viejos, la película de 2007 que se llevó el Oscar a Mejor Película. En aquel film ella interpretaba a la esposa del protagonista y él a un ayudante del sheriff; ahora los papeles se dieron vuelta: ella es la jefa policial y él un civil que arma una milicia en a una posible incursión alienígena. La inversión de roles no es caprichosa: la serie toma prestada de los Coen esa mezcla decia cotidiana y violencia que puede estallar en cualquier momento, y la planta en un paisaje que parece sacado de un road movie atravesado por campos de soja y estaciones de servicio.

DC mira a Batman, pero sin apurarse

En uno de los capítulos, casi como al pasar, aparece una referencia a Batman, una manera discreta de avisarle al espectador que el nuevo Universo DC que está armando James Gunn en los estudios no se olvidó de cruzar cables con el Caballero Oscuro. El propio Chris Mundy, que oficia de showrunner, dejó entrever que una segunda temporada necesitaría condiciones muy específicas para concretarse, y que la palabra final la tienen HBO Max y el estudio. La serie, mientras tanto, no fuerza esa conexión: deja que el universo se vaya armando de a poco, como si supiera que lo más importante, por ahora, es que estos dos Linternas aprendan a trabajar juntos.

Les voy a ser honesta: a mí, que vengo del público que todavía recuerda la serie animada de los noventa con la misma devoción que recuerda su primer cassette, me costó los primeros cuarenta minutos acostumbrarme a un John Stewart sin la épica espacial de siempre. Pero después, cuando Stewart le pregunta a Jordan por qué sigue en el cuerpo después de tantos años, y Jordan le responde con algo así como que el día que deje de hacerlo se va a quedar sin nada que contar a la vuelta a casa, entendí que Linternas no necesita las estrellas para brillar. Le basta con esa pregunta, con la voz cansada del personaje y con esa música tenue que parece tomada del fondo de un bar de pueblo.

“No es país para viejos, no es país para héroes de cómic”espectador anónimo a la salida del bar
BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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