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Martes, 13 de octubre de 2026
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Natalia López, la periodista que a los 12 años pasó una invernada en la Base Esperanza y volcó esa experiencia en su primer libro

La periodista y locutora reconstruyó en Una casa en el fin del mundo la vida cotidiana en la base antártica donde vivió con su familia en 1996, los juegos con otros chicos, un accidente al caer al agua de deshielo y el germen de su vocación por la radio.

Por Griselda AyalaEmpleo público y economía · · hace 4 d
Natalia López, la periodista que a los 12 años pasó una invernada en la Base Esperanza y volcó esa experiencia en su primer libro

En 1996, según reconstruyó la propia Natalia López en su primer libro, la Base Esperanza recibió a una dotación que incluyó a varias familias con hijos en edad escolar. La autora tenía por entonces 12 años y permaneció allí junto a sus padres y hermanos durante una invernada completa, una experiencia que la marcó de manera determinante en lo personal y en lo profesional. Esa temporada en el continente blanco es la materia prima de Una casa en el fin del mundo, una obra en la que la periodista y locutora repasa la vida cotidiana en una de las bases argentinas más emblemáticas del territorio antártico.

De acuerdo con el relato, los tiempos libres de los chicos y chicas de la base se concentraban en el casino de la dotación, un salón que funcionaba como punto de encuentro y que estaba equipado con mesa de pool, metegol y aparatos para escuchar música. A ese espacio se sumaban las caminatas por los alrededores, que según la autora se realizaban siempre con un equipo de radio para mantener la comunicación con la base. El clima y el hielo, en tanto, imponían cuidados específicos desde el primer día de permanencia.

Una caída al agua de deshielo

La propia López recordó que, desde el momento de la llegada, las familias recibieron indicaciones para reconocer los riesgos del terreno helado. Sin embargo, durante una salida con otros chicos, el hielo cedió bajo sus pies y cayó al agua de deshielo. Quedó sostenida con las manos y los brazos hasta que su hermana se agachó para ayudarla a salir, en una escena que la autora reconstruyó con detalle en el libro.

Tras el accidente, según el relato, un adolescente del grupo dio aviso a la base. López y el resto de los chicos caminaron unos tres kilómetros para regresar, mientras los adultos salían a buscarlos. Al llegar, fue asistida con una ducha caliente para que recuperara temperatura, y después del susto sus padres también la retaron por lo ocurrido. La escena, que la autora describe como uno de los recuerdos más nítidos de aquella temporada, ilustra los riesgos concretos que enfrentaban las salidas de los más chicos en un entorno donde el hielo podía ceder sin aviso.

Austeridad, trueques y el germen de una vocación

La convivencia en la Antártida dejó en la autora, según sus propias palabras, una mirada particular sobre las necesidades cotidianas. En la base se llevaba lo indispensable y los objetos disponibles cobraban otro valor: hacia el final de la estadía, por ejemplo, los chicos intercambiaron cucharitas argentinas por manzanas con pasajeros de un buque turístico alemán, un trueque menor que la autora rescata como síntesis del espíritu de austeridad que regía la vida en Esperanza.

La experiencia también influyó de manera directa en su futuro profesional. Su madre trabajaba como locutora en la filial de Radio Nacional de la Base Esperanza, y ese contacto temprano con el medio despertó el interés de López por la radio. Más adelante, la autora estudió periodismo y locución, realizó una tesis documental sobre la Antártida y regresó al continente blanco en cuatro oportunidades a lo largo de su carrera. Tres décadas después de aquella invernada de 1996, la periodista puso por escrito aquellos recuerdos en Una casa en el fin del mundo, donde entrelazó escenas de la convivencia familiar, el aprendizaje de la austeridad y el vínculo con la naturaleza en uno de los lugares más extremos del planeta.

  • En 1996, con 12 años, Natalia López pasó una invernada completa en la Base Esperanza junto a su familia.
  • El accidente más recordado fue la caída al agua de deshielo durante una salida con otros chicos; su hermana la ayudó a salir y regresó caminando unos tres kilómetros.
  • Su madre era locutora en la filial de Radio Nacional de la base, un antecedente que despertó su vocación por la radio y el periodismo.
  • Estudió periodismo y locución, realizó una tesis documental sobre la Antártida y volvió al continente en cuatro oportunidades.
GA
Griselda AyalaEmpleo público y economía

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