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Martes, 13 de octubre de 2026
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Por qué revisamos el celular aunque no haya sonado: la ciencia detrás del FOMO y la atención cotidiana

Los investigadores del CONICET Fabricio Ballarini y Juan E. Bonnin explican en su libro (Des)Conectados cómo la expectativa de notificaciones y el miedo a quedar afuera del mundo digital nos mantienen pegados a la pantalla, incluso cuando la dejamos a un lado.

Por Yamila RiquelmeUniversidad y ciencia · · hace 21 d
Por qué revisamos el celular aunque no haya sonado: la ciencia detrás del FOMO y la atención cotidiana

Levantás el teléfono, mirás la pantalla y no hay nada. Volvés a dejarlo. Un rato después, sentís que vibró en el bolsillo y otra vez no hay mensajes. Si esa escena te resulta conocida, no es casualidad: tiene nombre, mecanismo cerebral y hasta una sigla en inglés, FOMO, que en criollo significa el miedo a quedarse afuera de lo que pasa en el mundo digital.

Así lo explican el neurocientífico Fabricio Ballarini y el lingüista Juan E. Bonnin, ambos investigadores del CONICET, en su libro (Des)Conectados. Para los autores, las supuestas vibraciones y las notificaciones fantasma no son un capricho: el cerebro aprende que el celular puede traer novedades en cualquier momento y se queda a la espera, interpretando incluso un roce de la ropa como una señal del aparato.

El FOMO pega más fuerte en la adolescencia

El miedo a perderse algo no pega parejo a todas las edades. Para un adolescente, no estar conectado a las conversaciones del grupo puede sentirse como quedar excluido, algo que duele mucho más que un simple mensaje perdido. La preocupación no pasa solo por las actividades que se están perdiendo afuera, sino también por los intercambios en los que no pueden participar adentro del chat.

Me lo confirmó Milagros, becaria de la Facultad de Psicología de la UBA: "En el secundario vivía con el celular pegado a la mano. Si se me descargaba la batería a la noche y no podía responder, al otro día tenía la sensación de que me había perdido algo importante, aunque fueran pavadas". Esa sensación, que parece exagerada, tiene correlato en los estudios que citan los autores: a mayor miedo a quedar afuera, menor rendimiento en pruebas de memoria y de atención.

La atención es un recurso finito

Acá viene el punto clave del libro: estar pendientes de las novedades digitales no se hace gratis. Cada ratito que el cerebro pasa pensando si va a llegar un mensaje es un ratito que le saca a la tarea que tenemos enfrente. Los autores lo resumen de manera directa: prestar atención al celular deja menos recursos disponibles para concentrarse en lo que ocurre alrededor, sea una clase, una reunión familiar o una charla en la mesa de los domingos.

Señales para reconocer la dependencia

Los investigadores proponen mirar el vínculo con el celular más allá de la cantidad de veces que desbloqueamos la pantalla. Algunas pistas para identificar el hábito, según Ballarini y Bonnin:

  • Sentir preocupación o ansiedad cuando no tenemos el teléfono a mano.
  • Revisar la pantalla de manera casi automática, aunque sepamos que no esperamos nada.
  • Interpretar ruidos o roces como si fueran una vibración del aparato.
  • Vivir el tiempo sin celular como si fuera estar desconectado de los vínculos, y no solo de una herramienta.
  • Para los más chicos, la angustia por perderse conversaciones del grupo de WhatsApp o de las redes.

Dejar el celular no es guardar una herramienta

Los autores enmarcan estos hábitos en un cambio cultural más profundo. Las pantallas ya no son solo un aparato: alojan conversaciones, vínculos, grupos de amigos y hasta actividades escolares o laborales. Por eso, dejarlo en otra habitación no se vive siempre como apagar una herramienta, sino como apartarse, aunque sea por un rato, de un espacio de encuentro. Esa es, según Ballarini y Bonnin, la raíz de la resistencia a soltar el teléfono.

¿Y eso para qué sirve? Para empezar a mirar con ojos críticos los hábitos digitales de la casa. Si en una cena familiar alguien revisa el celular cada dos minutos, si los más chicos se angustian cuando se les acaba la batería o si nosotros mismos sentimos esa vibración fantasma en el bolsillo, ya tenemos una pista: parte de nuestra atención se fue a vivir al mundo digital. Reconocerlo es el primer paso para recuperar recursos para lo que pasa acá, en la mesa, en la escuela, en la vida.

YR
Yamila RiquelmeUniversidad y ciencia

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