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Martes, 13 de octubre de 2026
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Puig vuelve a escena de la mano de Piñeiro: la novela que soñaba con ser teatro

La dramaturga adapta Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig, y la sube a las tablas con dirección de Marcelo Moncarz. Un estreno que rescata la voz oculta de un libro escrito en el exilio neoyorquino.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 35 d
Puig vuelve a escena de la mano de Piñeiro: la novela que soñaba con ser teatro

A la salida de la función, antes de que el artista cruzara la puerta del teatro, me crucé con una señora de Barrio Norte que todavía tenía los ojos húmedos y me dijo, casi en un susurro: "Yo a este libro lo leí cuando tenía veinte años y no entendí nada. Ahora lo entendí todo". Esa frase me pareció la mejor síntesis de lo que pasó el sábado 23 de agosto en la sala, cuando Claudia Piñeiro estrenó su adaptación de Maldición eterna a quien lea estas páginas, la novela que Manuel Puig escribió durante su exilio en Nueva York, y que durante décadas pareció pedir a gritos un escenario.

La historia, vale recordarlo, pone frente a frente a un argentino amnésico y un joven neoyorquino en un entramado de diálogos que Puig construyó casi como si estuviera escribiendo una obra de teatro antes que una novela. Esa teatralidad dormida fue justamente lo que sedujo a Piñeiro, que llegó a la adaptación por un camino bastante menos directo del que uno imagina.

Un prólogo que terminó en escena

Hace ya algunos años, la escritora aceptó escribir el prólogo de la reedición de la obra completa de Manuel Puig, y esa tarea la obligó a volver sobre Maldición eterna, un libro que había leído mucho antes y que ahora, con otras gafas, se le apareció distinto. "Me impresionó cómo le habla al presente el texto", me confió Piñeiro en una charla reciente, todavía con la adrenalina del estreno encima, y agregó una idea que me quedó dando vueltas: hay libros que encuentran su verdadero momento mucho después de ser publicados, cuando la sociedad está lista para escucharlos. Esa convicción, sumada a la estructura casi íntegramente dialogada de la novela, fue lo que la empujó a llevarla a las tablas.

Para Piñeiro, Puig fue un artista integral que siempre pensó su literatura en diálogo con el cine y con el teatro, y además un escritor que capturó como pocos la manera de hablar de una clase media argentina que, según sus propias palabras, hoy resulta "casi arqueológica". Esa captura no se hizo con lenguaje perfecto ni con frases de manual, sino con cartas, con conversaciones de café, con esas formas de dirigirse que tenían las familias argentinas de mediados del siglo pasado y que suenan a un país que ya no termina de existir.

Lo que la página escondía y el escenario descubrió

Lo que más le sorprendió a Piñeiro durante el proceso de adaptación fue que la novela le reveló matices que la lectura solitaria no le había mostrado. El personaje del argentino amnésico, que en la página puede leerse como alguien duro y hasta algo hiriente, ganó una capa inesperada de sensibilidad gracias al trabajo del actor Luis Campos, que carga la escena con una mezcla de aspereza y ternura que la dramaturga resumió con una frase que me parece oportuna recuperar: "Todos somos claroscuros". Esa tensión entre lo que se dice y lo que se calla, entre la coraza y el corazón, es justamente lo que el escenario hace visible de un modo que la página no siempre garantiza.

  • Adaptación de Claudia Piñeiro sobre Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig.
  • Dirección de Marcelo Moncarz.
  • Elenco integrado por Luis Campos, Mateo Chiarino y Luz Miraldi.
  • Estreno: 23 de agosto.
  • La novela fue escrita por Puig durante su exilio en Nueva York y reconstruye un vínculo entre un argentino amnésico y un joven neoyorquino.

Antes de cerrar esta nota, reconozco que a mí también me pasó algo parecido al de la señora de Barrio Norte: vi la obra con los ojos de los cuarenta y tantos y entendí cosas que a los veinte se me habían escapado, y eso es parte del misterio que tiene este cruce entre una novela de hace décadas y una dramaturga argentina que supo leerla como lo que realmente era, una obra de teatro esperando su turno. Y mientras me iba, otro espectador le decía a su amigo en la vereda, casi como al pasar: "Mirá vos, resulta que Puig había escrito una obra de teatro y nadie se había dado cuenta". Tenía razón. Casi.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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