Roban sesiones activas de inteligencia artificial y entran a cuentas ajenas sin necesidad de contraseña
Una investigación reciente advierte sobre el uso de programas maliciosos que extraen identificadores de equipos comprometidos. Las recomendaciones para empresas incluyen acortar los tiempos de sesión y revisar accesos fuera de horario.
En este rincón de la sección Universidad y ciencia siempre decimos que la seguridad informática se parece bastante a la puerta de una casa: la cerradura importa, pero también la ventana que quedó abierta de par a par. Esa imagen viene a cuento por un informe de ESET que volvió a poner sobre la mesa un problema que, para muchos, pasa inadvertido. Resulta que, en plataformas de inteligencia artificial, no alcanza con tener una contraseña fuerte. Hay sesiones que quedan abiertas como la famosa ventana de la cocina: una vez que alguien entra, el sistema lo recibe como si fuera el dueño de casa.
Qué encontraron los investigadores
La investigación, que tomó como base un análisis de SOCRadar, detectó 5.434 registros asociados a 1.500 direcciones de correo corporativo y a 482 empresas en apenas 90 días. La cifra no es menor: significa que el problema ya toca a dependencias, pymes y multinacionales por igual. Los atacantes, vale aclarar, no necesitan adivinar claves ni romper sistemas de cifrado. Les basta con robar lo que se conoce como cookies y tokens, que son como los comprobantes que un mozo te da cuando volvés al restaurante y ya no necesitás volver a pedir la cuenta.
Para entenderlo mejor, nada mejor que la palabra de un becario con el que charlé esta semana. Pedro, un estudiante de sistemas que arrancó hace poco en un equipo de respuesta a incidentes, me lo resumió mientras tomábamos un café: 'Imaginate que cada vez que entrás a una página te piden DNI, huella y firma. Ahora pensá que el sistema, para no ser tan molesto, te entrega un sticker que dice: ya pasó, dejalo entrar'. Bueno, ese sticker es la cookie o el token. Si alguien se lo saca del bolsillo, entra sin que nadie le pida nada.
Cómo se concreta el ataque
El mecanismo empieza con programas maliciosos llamados infostealers, que se cuelan en equipos con Windows o Mac y extraen esos identificadores. Una vez en manos del atacante, se reutilizan desde otro lugar. El servicio los reconoce como legítimos porque vienen del mismo navegador o de la misma sesión, y entonces la verificación en dos pasos queda desactivada por completo.
“Cambiar la contraseña puede resultar insuficiente si el atacante conserva una sesión válida.”Informe de ESET citado por el material de base
- Acortar la duración de las sesiones abiertas en las plataformas de IA.
- Renovar los identificadores de acceso cada cierto tiempo y limitar quién puede generarlos.
- Cambiar periódicamente las claves API, esos puentes que conectan aplicaciones con servicios de inteligencia artificial.
- Revisar ingresos desde lugares inusuales o en horarios fuera de lo habitual.
- Detectar qué cuentas de IA se usan en la organización sin que los responsables lo sepan.
- Tratar el compromiso de una cuenta como un incidente del dispositivo, no solo como un problema de contraseña.
El informe también señala que el daño no se queda en la cuenta misma. Una sesión comprometida en una plataforma de automatización como Zapier puede abrir la puerta al correo electrónico, a archivos en la nube y hasta a servicios pagos que la empresa tenga contratados. Las conversaciones guardadas suelen ser las más jugosas: allí aparecen fragmentos de código, borradores de contratos y datos de clientes que los empleados fueron volcando a medida que le pedían cosas al chat.
¿Y eso para qué sirve?
Sirve para entender que la seguridad en inteligencia artificial no es solo cuestión de contraseñas largas y símbolos raros. Sirve, sobre todo, para que las empresas miren con la misma atención las sesiones activas que las claves mismas. Y sirve, también, para que cualquiera que use estos servicios en el trabajo sepa que un descuido en la notebook puede terminar en un dolor de cabeza corporativo. Como me dijo Pedro antes de irse: 'La próxima vez que vea una sesión abierta en el navegador, la voy a cerrar. No cuesta nada y puede ahorrar un disgusto grande'.
