Sarah Burlando Franco ya tiene pasaporte italiano: el posteo de Barby que emocionó a sus seguidores
Después de años de trámites consulares y papeles acumulados, la hija de la modelo y el abogado Fernando Burlando recibió la ciudadanía por descendencia. La familia lo celebró con fotos y un mensaje cargado de identidad.
Yo venía siguiendo el hilo de Barby Franco en redes desde hacía un buen rato, como tantos, y la verdad es que cuando vi aparecer en la pantalla la foto de Sarah, la nena de la modelo y de Fernando Burlando, levantando su flamante pasaporte italiano con una sonrisa enorme mientras su papá la sostenía en brazos, no pude menos que detenerme un segundo a mirar bien la imagen antes de seguir scrolleando, porque se notaba a las claras que no era un trámite más para ellos, sino algo que habían esperado durante años, y eso a uno, aunque no los conozca personalmente, lo contagia, lo alegra, lo hace sentirse parte de ese pequeño festejo íntimo que una familia comparte con el mundo entero a través de una pantalla.
La propia Barby fue la encargada de contar la noticia con un texto largo, sentido, de esos que uno imagina escritos a la madrugada con el corazón todavía acelerado por la emoción, en el que resumió el periplo burocrático que había tocado vivirles y el significado profundo que le encontraba a la llegada de ese documento tan especial para la historia familiar. "Después de tantos años de lucha, finalmente llegó este día", arrancó la modelo en su posteo, y uno entiende que no exageraba ni un poco cuando describe el proceso como una sucesión de "trámites, esperas interminables, papeles, paciencia", un camino que, según sus propias palabras, "parecía no terminar más" hasta que por fin llegó la confirmación oficial.
Qué es la ciudadanía italiana por descendencia
Para quienes alguna vez se preguntaron de qué se trata este tipo de trámite que tantas familias argentinas emprenden generación tras generación, vale la pena recordar que la ciudadanía italiana por descendencia, conocida popularmente como el reconocimiento de la "jure sanguinis" o derecho de sangre, permite que hijos, nietos, bisnietos e incluso descendientes más lejanos de ciudadanos italianos puedan acceder a esa nacionalidad, y con ella a todos los beneficios de residir, estudiar y trabajar en cualquiera de los países que integran la Unión Europea, lo cual explica por qué tantas familias de origen italiano en la Argentina sueñan durante años con juntar la documentación genealógica necesaria para iniciar el expediente.
Los tiempos del trámite suelen ser extensos, a veces exasperantemente largos, porque los consulados italianos en el país deben revisar actas de nacimiento, de matrimonio y de defunción de varias generaciones, traducirlas, apostillarlas y verificar que no haya saltos en la línea de descendencia, y a eso se suman las demoras administrativas propias de cualquier burocracia consular saturada de pedidos, de manera que no es raro que un expediente demore entre cinco y diez años en completarse, y hay casos todavía más largos, por eso cuando una familia logra el objetivo la celebración suele ser tan efusiva como la que se vio en el posteo de Barby.
“Es historia, raíces, identidad, familia y el legado de nuestros antepasados que sigue vivo en ella.”Barby Franco
En otro tramo del texto, Barby se dirige directamente a Sarah, y uno siente la voz de una madre hablándole a su hija con una mezcla de orgullo y de hacia adelante, de esos mensajes que las mamás guardan para los momentos importantes: "Hoy se abre una puerta más", le escribe, "con nuevas oportunidades y un pedacito" de su historia "reconocido para siempre", y la verdad que a mí, leyéndolo desde acá, me parece una manera preciosa de explicarle a una nena tan chica que ese librito azul con letras doradas que sostiene en la foto no es un papel más, sino la llave simbólica hacia un mundo más grande, hacia la posibilidad de pisar tierras lejanas sintiéndose en casa, hacia un puente invisible que conecta su vida actual con la de unos tatarabuelos que tal vez ella nunca conoció pero que forman parte de lo que ella es.
Las fotos que acompañaron el anuncio, hay que decirlo, terminan de completar el clima de festejo familiar: se ve a Sarah con el pasaporte en alto, feliz, con la frescura y la espontaneidad propias de los chicos cuando entienden que algo importante está pasando, y a Burlando detrás, sosteniéndola con una sonrisa enorme que deja traslucir el alivio y la alegría de haber llegado a buen puerto después de tanta espera. "Detrás de este logro hay años de esfuerzo, ilusión y perseverancia", cerró Barby antes de sentenciar con una frase que resume todo el proceso: "La espera terminó, el sueño se hizo realidad".
A la salida de cualquier confitería del barrio, mientras uno se acomoda el abrigo y comenta las noticias del día, no es raro escuchar frases como "mirá, esos trámites de la ciudadanía italiana son un parto", "yo arranqué el expediente de mi vieja hace ya ocho años y todavía no tengo noticias", "un amigo de mi cuñado lo sacó en seis meses, depende del consulado que te toque", y la verdad que la experiencia de la familia de Barby Franco y Fernando Burlando le pone nombre y apellido a algo que atraviesa a miles y miles de familias argentinas con ascendencia italiana, que es toda esa mezcla de paciencia, de papeles guardados en cajas de zapatos, de viajes a la sede consular, de llamadas para ver si el expediente había avanzado, y de sueños postergados que un día, cuando menos se lo esperan, se hacen carne en un pasaporte celeste con letras doradas.
Una puerta que se abre hacia el futuro
Más allá del costado administrativo y legal, lo que queda flotando después de leer el posteo de Barby y de mirar las fotos de Sarah es algo que tiene que ver con la identidad, con la pertenencia, con ese sentirse parte de algo más grande que uno mismo, que es lo que mueve a tantas familias a embarcarse en expedientes largos y costosos, y en ese sentido la frase final de la modelo, "el sueño se hizo realidad", no es un lugar común sino la traducción exacta de lo que significa, para una familia con raíces italianas, ver a una nena de pocos años sosteniendo un pasaporte que la conecta con una historia mucho más extensa y profunda que su propia vida.
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