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Martes, 13 de octubre de 2026
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Silo se despide de su tercera temporada y abre el debate sobre la libertad de adaptar

Graham Yost, el showrunner de la serie de Apple TV+, reconoció los cambios respecto a las novelas de Hugh Howey y los justificó como parte del lenguaje propio de la televisión. Howey, formado en la cultura fan, respaldó cada decisión desde el primer día.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 38 d
Silo se despide de su tercera temporada y abre el debate sobre la libertad de adaptar

Antes de que Graham Yost tomara el micrófono para defender su trabajo, fueron varios los lectores que me escribieron por mensaje para contarme su fastidio: se quejaban de que la serie de Silo se alejaba demasiado del libro que les había cambiado la vida. Esa misma semana, una espectadora que se acercó a la salida de un cine me dijo, todavía con el café en la mano, que ella no había leído ni una página de Howey y que la serie la había dejado pegada al sillón. Esas dos reacciones opuestas son, justamente, el campo de juego donde se mueve hoy la adaptación que acaba de cerrar su tercera temporada en Apple TV+.

Por qué la televisión no puede contar la novela tal cual

La lógica que repite Yost cada vez que le preguntan por las diferencias con el material original es directa y casi didáctica: adaptar implica tomar decisiones que el libro nunca tuvo que enfrentar. Una novela puede cortar de raíz un personaje entre un capítulo y otro sin que al lector le tiemble el pulso; una serie, en cambio, necesita sostener los vínculos emocionales de su protagonista a lo largo de diez episodios para que la audiencia no se desconecte. Por eso, según explicó el showrunner, la producción tomó la decisión consciente de mantener en pantalla a Juliette Nichols, el personaje central interpretado por Rebecca Ferguson, aun cuando el segundo libro de la trilogía prescinde de ella durante buena parte de su desarrollo.

Yo lo escuché a Yost decirlo con una sonrisa medio resignada, como quien reconoce que sabe que va a perder lectores pero que no le queda otra. Convertir ese material en una serie de televisión es, en sus propias palabras, un trabajo de equipo enorme, y esa traducción de lenguajes es, por definición, polémica.

Howey, el autor que quiso que otros le reescribieran la historia

Lo que vuelve a este caso particular es la actitud del autor de la trilogía, Hugh Howey. Howey no llegó al mundo editorial por la puerta tradicional: su obra se cocinó durante años en comunidades de ficción de aficionados, donde otros escritores tomaban sus personajes, sus mundos y sus reglas y los estiraban en direcciones que él jamás había imaginado. Esa crianza, según contó Yost, le dejó una huella difícil de borrar: para Howey, la historia de Silo es un terreno abierto al que cualquiera puede aportar sus propias ideas.

“Para él, todo esto consiste en formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia. Siempre ha apoyado que cada uno aporte sus propias ideas.”Graham Yost, sobre Hugh Howey

Esa licencia fue otorgada desde el día uno, y el equipo de la serie la tomó sin pedir permiso cada vez que lo necesitó. El propio Yost lo cuenta casi con alivio: cuando le llegan mensajes de amigos que terminaron los libros y le dicen que la serie se alejó muchísimo, él responde con una frase que ya se volvió marca registrada de sus entrevistas. Y yo pienso, les dice, sí, amigo, ese es mi trabajo.

Dos públicos, dos lecturas legítimas

Yost también se hizo cargo de la otra orilla del debate. En los foros de discusión conviven, según su propio relevamiento, dos audiencias que casi nunca se mezclan: los lectores que ya transitaron las páginas de Howey y los espectadores que llegaron a la serie sin haber abierto jamás un libro de la trilogía. Estos últimos suelen pedir, incluso de manera explícita, que no se les revele ningún dato del texto original; quieren descubrir la historia con el mismo asombro que tuvo el primero que se topó con el primer capítulo.

Yo creo que esa coexistencia es, en definitiva, el mejor termómetro del fenómeno. La pregunta de fondo que dejó flotando la conferencia es una que cualquier adaptador conoce y que, sin embargo, nunca termina de responderse del todo: hasta dónde puede una serie alejarse de su fuente sin traicionar lo que la hizo valiosa en primer lugar. La respuesta, claro, depende del bolsillo desde el que se mire.

Cuando salí del evento, una colega me preguntó si yo hubiera hecho las mismas concesiones. Le dije que sí, probablemente, y que eso es lo que vuelve a este oficio tan ingrato como necesario. La televisión, me contestó ella mientras pedíamos un remise, es el arte de elegir qué traicionar.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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