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Martes, 13 de octubre de 2026
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Supergirl, el viaje de Kara y una perra que cambia todo

La película escrita por Ana Nogueira y dirigida por Craig Gillespie reordena los motivos de la heroína a partir del destino de Krypto y deja a Ruthye como motor de una búsqueda que ya no es la misma que en el cómic.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 26 d
Supergirl, el viaje de Kara y una perra que cambia todo

Yo vi la peli el otro día y todavía le estoy dando vueltas, así que les cuento lo que me pasó. Me senté a ver Supergirl en HBO Max esperando una aventura más del universo DC y terminé saliendo del sillón con una sensación rara, esa mezcla de sorpresa y ternura que solo dejan las historias cuando se animan a torcerle el brazo al personaje. La película está dirigida por Craig Gillespie y escrita por Ana Nogueira, y toma como punto de partida el cómic Supergirl: la mujer del mañana, de Tom King y Bilquis Evely, esa joyita que muchos lectores guardamos como una de las mejores reinterpretaciones recientes de la heroína.

Lo primero que me llamó la atención, y acá voy a meter un poco de spoiler suave por si todavía no la vieron, es que la historia arranca con un golpe que duele: el villano Krem le dispara un dardo envenenado a Krypto mientras escapa en la nave de Supergirl. A partir de ahí, Kara acepta acompañar a Ruthye, una chica que perdió todo y que quiere encontrar al responsable, en una recorrida por distintos planetas para conseguir el antídoto que salve al perro kryptoniano. Es una premisa que pinta rápido, sin vueltas, y lo mejor es que te lleva de la mano igual que a un pibe al que le están contando un cuento en la mesa de un bar.

Una Kara más rota y más humana

En la película nos encontramos con una Kara que todavía no hizo las paces con la Tierra, que no termina de sentirse en casa y que ni siquiera se asume del todo como protectora ni como heredera de los ideales de su primo Superman. Ese dibujo me pareció de los más interesantes que se vieron en el cine reciente con heroes voladores, porque le saca el bronce y la deja con los pies en el fango. El vínculo con Krypto ocupa un lugar enorme y se sostiene con flashbacks que muestran su pasado en común, esos ratitos donde uno entiende por qué a esta chica le cuesta tanto soltar la correa.

  • El cómic narrado desde Ruthye revela que Krypto estaba a salvo en un lugar con sol amarillo, y el viaje de Kara nunca fue por el perro, sino por enseñar a distinguir venganza de justicia.
  • La película mantiene el riesgo real para Krypto: transportarlo es peligroso, y el antídoto se vuelve una urgencia que sostiene todo el recorrido.
  • La resolución del enfrentamiento con Krem también cambia respecto del material original, porque las reglas del juego son otras.
  • Lobo, un personaje que Tom King había pensado para las viñetas, aparece en esta versión fílmica como refuerzo del elenco.

Esa diferencia no es un detalle menor ni un capricho de guionista. Cambiar el destino de Krypto hace que la motivación de la protagonista se corra medio metro, lo suficiente para que la película funcione con otra lógica interna. En el cómic, Kara usa a la niña como excusa para sí misma y la devuelve al mundo con una lección; en la peli, Kara corre para salvar a alguien que quiere de verdad, y el aprendizaje llega después, en silencio, casi de la mano de Ruthye. Es una decisión que le da más cuerpo al vínculo entre las dos y que, a mí entender, le hace justicia a un personaje que muchas veces queda relegado a la sombra del primo famoso.

“"Buscaba algo parecido a un estribillo interno, ese latido que tienen las buenas historias cuando el héroe todavía no sabe quién es."”Belén Giménez

De las viñetas al streaming: qué se gana y qué se pierde

Me quedó dando vueltas una pregunta que me hizo un amigo a la salida del cine, mientras pedíamos un café en la esquina: hasta qué punto una adaptación tiene derecho a moverle el piso a un material que ya funcionaba. Yo creo que el cine y las historietas son idiomas distintos, y que los cambios que se bancan son los que sirven para que el relato nuevo se sostenga con sus propias piernas. La inclusión de Lobo, un personaje que Tom King había pensado originalmente para el cómic y que no llegó a las páginas, es un buen ejemplo de cómo sumar sin romper: le da textura al recorrido, suma color a los planetas que visita Kara y le regala al espectador un rato de pura fiesta pulp. La decisión sobre Krypto es otra cosa, porque toca el corazón del vínculo, y por eso mismo funciona.

Como me dijo una señora en el colectivo, mientras acomodaba el boleto y se acomodaba los anteojos, "mientras le cambien el alma con sentido, que le cambien lo que quieran". Y yo, la verdad, firmo debajo. La película propone una Kara que todavía no sabe quién quiere ser, una Ruthye que le enseña algo en el camino y un perro que no es un accesorio sino el motor de todo. Para los que vimos el cómic, la sorpresa está en el desvío. Para los que no, está en el viaje. Para mí, está en volver a creer que una peli de super heroes puede dejarte pensando una semana entera mientras cruzás la plaza, con la bufanda apretada y el perrito del vecino ladrando a lo lejos.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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