The Good Place: cuatro temporadas para preguntarse cómo se vive (incluso después de muerto)
La serie de Michael Schur mezcla filosofía, dilemas morales y un humor desorbitado con un elenco que encabezan Ted Danson, Kristen Bell y Manny Jacinto. Un repaso por la propuesta de una comedia que se animó a pensar la ética sin dejar de hacer reír.
A la salida del bar donde un grupo de amigos discutía a los gritos si Kant salvaría a un bebé o a cinco en una zanja, me quedó una certeza: The Good Place es de esas series que se quedan dando vueltas mucho después de que la pantalla se pone negra. Yo misma terminé conversando con desconocidos sobre si una buena persona puede dejar de serlo después de muerta, y créanme que no es el mejor tema para encarar un domingo a la tarde si lo que buscan es quedarse dormidos en el sillón. Pero la cosa funciona, y funciona porque, como me dijo una señora en la fila del supermercado cuando le pregunté qué estaba mirando en Netflix, esta serie "le hace pensar a una mientras se carcajea", que es exactamente la alquimia más rara y más valiosa que puede ofrecer una comedia.
Una premisa que arranca con una pequeña gran estafa
La historia sigue a Eleanor Shellstrop, una mujer que al morir despierta en un lugar idólico reservado para las buenas personas y descubre, casi de inmediato, que su llegada allí fue un error monumental. Porque Eleanor, digámoslo sin rodeos, en vida no fue precisamente una santa: egoísta, deslenguada, déspota con sus vecinos y dedicada full time a esquivar cualquier compromiso con el prójimo. Saber que está donde no le corresponde pone en marcha la maquinaria de la serie, porque Eleanor decide esconderse en vez de confesar, y a partir de ahí cada capítulo se convierte en un intento desesperado por aprender a ser mejor persona antes de que alguien la descubra.
Para orientarla en ese camino tan tortuoso como inesperado, aparece Chidi Anagonye, un profesor de filosofía nigeriano interpretado por William Jackson Harper que lleva mil años literalmente intentando responder qué es lo correcto, y que acepta a regañadientes ser su maestro particular. A Chidi lo acompañan Tahani Al-Jamil, la Jameela Jamil de la vida, una mujer elegantísima cuya familia fue tan rica como disfuncional, y Jason Mendoza, al que da vida Manny Jacinto, un tipo adorable que en vida fue un perdedor entrañable y que llegó al lugar equivocado por un quilombo de identificación tan grande como su buena voluntad.
- Michael (Ted Danson): el arquitecto del barrio del más allá, un tipo con pinta de vendedor de autos usados que esconde más de lo que muestra.
- Chidi Anagonye (William Jackson Harper): profesor de filosofía y moral, incapaz de tomar una decisión sin consultar tres manuales y una monografía.
- Eleanor Shellstrop (Kristen Bell): la protagonista con mayúsculas, una antiheroína a la que le cuesta horrores dejar de hacer lo que le pinte.
- Tahani Al-Jamil (Jameela Jamil): la perfección hecha carne, con una capacidad infinita de nombrar a personas famosas como si fueran de su familia.
- Jason Mendoza (Manny Jacinto): el alma más noble del grupo, siempre y cuando la pregunta filosófica no incluya más de seis palabras.
Filosofía, pero la que se entiende
Lo que vuelve único a The Good Place es que se toma en serio las preguntas grandes sin dejar de hacer chistes sobre Janet, un ser que no es exactamente una robot ni una diosa ni un hada, sino algo así como una asistente omnisciente con cara de D'Arcy Carden que cada vez que algo se rompe suelta un menú de opciones como si fuera una impresora de oficina. Esa mezcla entre el utilitarismo más denso y un demonio que aparece con cara de boa constrictor para tentarte con un sándwich de queso, es exactamente la rareza que sostiene la serie durante sus cuatro temporadas y sus 53 episodios.
A lo largo del recorrido, los personajes no solo debaten sobre qué es actuar bien, sino que también tienen que vérselas con las consecuencias de sus decisiones, con la posibilidad real de modificar su manera de ser y, sobre todo, con el paso del tiempo. Hay duelos, hay pérdidas, hay amistades que se rompen y se vuelven a coser, y hay momentos en los que uno, mientras mira, se da cuenta de que está llorando por un grupo de gente ficticia que, de tan humana, parece de carne y hueso.
“Tomamos miles de decisiones durante nuestra vida, y la mayoría no sale como pensamos.”Eleanor Shellstrop (Kristen Bell), uno de los pensamientos más repetidos de la serie
Un final que se atreve a cerrar
En una época en la que muchas series se estiran hasta el hartazgo o terminan abruptamente porque les bajaron el martillo, The Good Place tiene la valentía de ponerle un punto final a su historia. Ese cierre recorre el arco completo de los protagonistas, deja algunas preguntas picando en el aire, que es lo que corresponde, y sobre todo recuerda algo que a veces se nos olvida: que la gente con la que uno elige compartir el viaje termina importando tanto como el destino al que se supone que vamos. Yo, que suelo ser desconfiada con los finales, esta vez terminé aplaudiendo sola en el sillón, y una amiga me dijo que se quedó un buen rato sentada en el silencio con cara de no entender bien qué la había pasado. Si alguna vez les toca sentir algo así, ya saben que la serie hizo su trabajo.
Así que, si todavía no la vieron, dense el gusto. Y si ya la vieron, les tiro la pregunta que me quedó dando vueltas desde aquella noche en el bar: ¿qué dilema de The Good Place les gustaría debatir a ustedes? Porque esta serie, créanme, no se termina cuando termina.
Te puede interesar
