Jueves, 27 de agosto de 2026
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Tirante, el argentino que le ganó a Djokovic y se metió entre los 50 mejores del mundo

En Cincinnati, el bonaerense de 24 años firmó la victoria más importante de su carrera, trepó al puesto 42 del ranking ATP y ahora va por el US Open. Cuenta cómo fue el juego mental, el cambio de raqueta y el trabajo con dos psicólogos que, según él, explican el salto.

Por Javier AquinoDeportes · 27 de agosto de 2026 · hace 2 h

Lo vi entrar al court central de Cincinnati con la mandíbula tensa y los ojos clavados en el piso. Del otro lado lo esperaba Novak Djokovic, veinticuatro Grand Slams en el bolsillo y un estadio casi entero a su favor. Thiago Tirante, 24 años, ranking 130 del mundo hasta ese momento, estaba a punto de jugar el partido más importante de su carrera. Y se notaba. El primer set se lo llevó Djokovic sin que el argentino pudiera mostrar su mejor tenis. Pero algo cambió en el segundo parcial.

Minuto 60: el game que lo soltó

Fue un game que se estiró unos dieciocho minutos y terminó funcionando como bisagra. Tirante se soltó, dejó de pensar en el nombre que tenía enfrente y empezó a jugar como juega habitualmente. Cuando ganó ese segundo set, el partido quedó uno a uno y el escenario se dio vuelta.

“Pensé: acá está todo empatado, vamos a un tercer set, a ver quién maneja mejor los momentos importantes. Y salí a jugarlo.”Thiago Tirante

El tercero fue, según su propio análisis, el mejor set que jugó en todo el encuentro. La confianza creció game a game hasta que llegó el punto final. En la red, el cruce fue breve. Djokovic lo felicitó por la victoria y le deseó suerte. Tirante le agradeció todo lo que hizo por el tenis y le dijo que había sido un placer compartir la cancha con él. Las emociones estaban muy arriba y ninguno extendió mucho la conversación.

Qué cambió para que el salto se explique

Lo que viene: US Open y la ilusión intacta

El lunes posterior al torneo, Tirante apareció en el puesto 42 del ranking ATP, la mejor marca de su carrera. Ahora la mira está puesta en el US Open, que se juega sobre cemento en Flushing Meadows, una superficie que le sienta bien. Si mantiene este nivel y la cabeza no lo traiciona, el sueño de meterse entre los treinta mejores del mundo antes de fin de año deja de ser una locura.

JA

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