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Martes, 13 de octubre de 2026
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Tom Cruise se sube a un escenario devastado en Digger, la nueva apuesta de Iñárritu

La película cruza crisis climática, negocios y teatro con un giro narrativo que cambia todo después del primer acto. Un repaso por el argumento y el desenlace de la obra más inquietante del director mexicano.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 8 d
Tom Cruise se sube a un escenario devastado en Digger, la nueva apuesta de Iñárritu

Una señora de platea me lo dijo mientras se acomodaba el pañuelo, todavía con la respiración entrecortada por los últimos minutos de la función: 'No sabés lo que acabás de ver hasta que no salís a la calle y entendés que el mundo de la película es el mismo en el que vivís'. Esa frase me acompañó durante todo el recorrido por la nueva película de Alejandro González Iñárritu, Digger, que tiene a Tom Cruise como protagonista absoluto y a Jesse Plemons como ese contrapunto silencioso que termina siendo tan decisivo como el personaje central.

Yo entré a la sala sin saber demasiado, más allá de la promesa de ver a Cruise en un registro distinto y de reencontrarme con un director que suele incomodar al espectador. Lo que descubrí es una película que se sostiene sobre una obra de teatro dentro de la película, un artificio que Iñárritu utiliza para hablar de la devastación ambiental, del poder económico y de cómo esos dos mundos se necesitan mutuamente para existir.

Un magnate, un mundo con mascarillas y un teatro que lo explica todo

La historia que cuenta Digger arranca siguiendo los pasos de un magnate cuya vida termina convertida en el eje de una producción teatral. El mundo que habitó ese personaje, y que heredaron los que vinieron después, es un lugar donde hace falta ponerse una mascarilla para salir a la calle, respirar o incluso caminar hasta la esquina. En esa sociedad agotada, el negocio sigue siendo el mismo de siempre: vender lo que la gente necesita para sobrevivir. Las mascarillas, en este caso.

Jesse Plemons interpreta al sobrino de ese magnate, un hombre que sostiene el imperio familiar y que, al mismo tiempo, decide poner dinero para financiar la obra que cuenta la historia de su tío. Esa decisión no es gratuita ni decorativa, es el corazón de la película: la representación del pasado se paga con el dinero que se obtuvo de la catástrofe. El arte, la culpa y los negocios quedan atados en un mismo nudo, y la película no se molesta en disimularlo.

El giro que cambia la perspectiva después del primer acto

Aquí aparece la gran decisión de Iñárritu y la razón principal por la que la película se discute tanto: Tom Cruise no encarna al magnate desde el primer cuadro. Cruise interpreta a un actor que, sobre el escenario, se pone en la piel del empresario. Esa condición se revela poco después del primer acto y, cuando uno lo entiende, vuelve a mirar hacia atrás y se da cuenta de que cada plano tenía un doble sentido que se le había escapado. La vida del magnate representado en la ficción funciona como el antecedente directo de la distopía en la que viven los personajes, y el teatro se vuelve el único lugar donde esa historia todavía puede contarse.

“La representación de la vida de su tío queda así ligada a los negocios que continuaron después de la catástrofe.”Trama de Digger

El final: la caída de Digger, el público afuera y la música que no deja descansar

El desenlace es de los que se quedan dando vueltas. Sobre el escenario se representa la caída y la muerte del magnate, y el público de la obra celebra ese final como si fuera un espectáculo deportivo. Cuando termina la función, los espectadores se levantan, se ponen sus mascarillas y salen a la calle, procurando no cruzarse con los controles policiales que regulan la vida cotidiana en ese mundo. Es decir, lo que en el escenario fue un hecho histórico termina replicándose en la realidad que les espera en la puerta del teatro.

La música acompaña ese movimiento con una lógica muy precisa: ofrece momentos de alivio que son interrumpidos de forma abrupta, tanto en los últimos pasajes de la película como durante los créditos. Ese recurso no es decorativo, está pensado para que la inquietud se prolongue más allá de la representación teatral y acompañe al espectador hasta que se apaga la pantalla. A mí, personalmente, me dejó con la sensación de que el crédito final forma parte del mismo truco del que la película viene hablando desde el inicio.

  • Una obra de teatro funciona como columna vertebral de la trama y se revela como mecanismo narrativo después del primer acto.
  • Tom Cruise interpreta a un actor que encarna al magnate, y Jesse Plemons es el sobrino que financia la puesta con dinero del imperio familiar.
  • El mundo de la película es una distopía climática donde se necesitan mascarillas para salir a la calle y respirar.
  • El final une escenario y calle: el público celebra la muerte del magnate y luego sale con sus mascarillas, esquivando controles policiales.
  • La música de los créditos interrumpe los momentos de alivio y mantiene la tensión hasta el final, como una manera de no dejar al espectador en paz.

Mientras esperaba el colectivo, después de la función, escuché a un señor repetirle a su hijo algo que había dicho recién en la salida: 'El mundo del escenario y el mundo de afuera son el mismo, lo que pasa es que uno tiene butacas y el otro no'. No sé si Iñárritu firmaría esa frase, pero sirve para empezar a discutir qué preguntas les deja la relación entre el escenario, el dinero que lo paga y la gente que lo mira mientras se pone la mascarilla para volver a su casa.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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