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Martes, 13 de octubre de 2026
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Tres John Woo restaurados: cuando Hong Kong todavía le dejaba volar las palomas

El asesino, Una bala en la cabeza y Hervidero, los filmes que consolidaron al director antes de cruzar el Pacífico, vuelven en copias digitales cuidadas a Filmin, Movistar Plus y Plex.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 34 d
Tres John Woo restaurados: cuando Hong Kong todavía le dejaba volar las palomas

A la salida de cualquier proyección de John Woo uno escucha, indefectiblemente, la misma frase entre los fans que fuman en la puerta del cine: algo así como 'este tipo filma las balas como si fueran fuegos artificiales'. Y la verdad es que no les falta razón. Woo convirtió el tiroteo en una especie de ballet sangriento donde cada disparo parece coreografiado al milímetro, con cámara lenta incluida, y donde los hombres que disparan siempre tienen algo de melancólicos, de dolidos, de casi románticos. Ahora bien, antes de que Hollywood lo adoptara y lo retuviera a base de presupuestos enormes y reglamentos cada vez más estrictos, Woo ya había construido en Hong Kong un puñado de películas que todavía hoy se miran con la misma fascinación de entonces. Tres de esos filmes acaban de ser restaurados y ya se pueden ver en plataformas digitales, y la noticia me parece una excelente excusa para repasar esa etapa en la que el director todavía podía volar una iglesia entera si la historia lo pedía.

El asesino, la primera gran balacera con corazón

Empiezo, como no podía ser de otra manera, por El asesino, que es probablemente la película donde Woo definió su firma para siempre. Chow Yun-Fat interpreta a un sicario profesional que, después de un trabajo que sale mal, termina herido y al cuidado de una mujer con la que no contaba. Lo que sigue es una mezcla rarísima de thriller y de melodrama casi llorón, con el personaje debatiéndose entre cumplir la misión que le encargaron y proteger a alguien que le devolvió algo parecido a la humanidad. El clímax, con esas palomas que levantan vuelo cada vez que alguien aprieta el gatillo, se convirtió en una de las imágenes más copiadas del cine de acción de los noventa, y la siguen citando directores que ni siquiera saben ya que la están citando. Se puede ver en Filmin, en Movistar Plus y de manera gratuita en Plex, así que no hay excusas para no darse el gusto.

Una bala en la cabeza, donde el director se pone serio

Después viene Una bala en la cabeza, que es el filme donde Woo se pone decididamente amargo. La historia toma como telón de fondo la guerra de Vietnam y sigue a tres amigos, tres jóvenes hongkoneses que terminan arrastrados por la violencia, el negocio de la droga y la corrupción de los aparatos de seguridad. Tony Leung, que todavía no era la megaestrella que se transformaría después con Wong Kar-Wai, está enorme acá: le toca cargar con el personaje más destruido del trío, y lo hace con esa sobriedad que después le vimos en tantas películas. Hay un verso interior que recorre toda la película y que suena más o menos así: 'la lealtad que juramos de jóvenes se pudre cuando entran las balas', y es una línea que se escucha más que se dice, porque Woo prefiere mostrar el derrumbe antes que explicarlo. Está disponible en Movistar Plus y en Plex sin costo.

Hervidero, la síntesis perfecta del Woo hongkonés

Y llegamos a Hervidero, que para mí es la más redonda de las tres, la que mejor condensa todo lo que Woo sabe hacer. Reúne a Chow Yun-Fat y a Tony Leung en un policial atípico, donde un detective que está acostumbrado a matar descarga tensiones tocando el clarinete en un callejón, como si la música fuera lo único que lo mantiene atado a algo parecido a ser una persona decente. Acá están todas las marcas de fábrica del director funcionando al mismo tiempo: la tensión que no afloja nunca, los movimientos de cámara que parecen pensados por un coreógrafo, la cámara lenta en los momentos menos pensados y, sobre todo, esa mirada ambigua sobre las fuerzas de seguridad que las celebra y las critica en la misma toma. Se puede ver en Filmin y en Movistar Plus.

Las tres se filmaron entre 1989 y 1992, una ventana de tiempo muy corta pero muy densa, en la que Woo todavía trabajaba dentro del sistema productivo hongkonés. Ese sistema, conviene recordarlo, le dio una libertad creativa enorme: violencia al límite, tono melodramático sin pudor, finales que no siempre son felices y una libertad de tonos que Hollywood después le recortó bastante cuando cruzó el Pacífico para rodar Cara a cara y otras producciones norteamericanas. Por eso mirar estas restauraciones no es un ejercicio de nostalgia pura, sino la posibilidad de ver al director en su salsa, sin las concesiones que le terminaron pidiendo del otro lado del mundo. Y si me dejan cerrar con una frase que le escuché decir el otro día a un señor que salió de una función retrospectiva, fue algo así como: 'Hollywood le sacó la sangre y le dejó la pirotecnia', y la verdad es que cuesta discutirle.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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