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Martes, 13 de octubre de 2026
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Un robot con IA y ferrofluido: la apuesta de un canadiense de 17 años para sacar plástico del agua

El prototipo Ecoferroquatics retiró poco más de la mitad de los residuos en pruebas de piscina y se quedó con el Stockholm Junior Water Prize 2026. Todavía falta para que funcione en ríos y lagos.

Por Yamila RiquelmeUniversidad y ciencia · · hace 10 d
Un robot con IA y ferrofluido: la apuesta de un canadiense de 17 años para sacar plástico del agua

Lo conozco a Moroti Adegboyega de nombre, no en persona, pero su invento me llamó la atención por una razón concreta: junta inteligencia artificial con un líquido magnético para pescar plástico del agua. El proyecto se llama Ecoferroquatics y acaba de ganar el Stockholm Junior Water Prize 2026, el premio internacional que distingue a jóvenes investigadores del agua. Su creador tiene 17 años y es canadiense.

Vamos por partes. En una piscina preparada con plásticos de distintos tamaños y tipos, el robot retiró el 51,85 por ciento de los residuos a lo largo de nueve ensayos. El informe técnico registró un promedio de 1,73 piezas recogidas por minuto. Son números de laboratorio, no de río ni de lago, y el propio trabajo lo aclara: todavía hace falta mejorar el equipo para que funcione en ambientes naturales.

Dos tecnologías que se reparten el trabajo

La tarea se divide en dos etapas. Primero, la inteligencia artificial identifica los plásticos que están sobre el agua y calcula dónde están. Después, esa información llega a los microcontroladores, que son los circuitos que ordenan los motores y hacen que el robot avance hasta el objeto. Una vez ahí, entra en acción el otro protagonista: un ferrofluido, un líquido con partículas magnéticas que se adhiere al residuo y permite levantarlo con imanes.

El ferrofluido que usa el prototipo no es un compuesto cualquiera. Adegboyega lo formuló con tres ingredientes: aceite vegetal, magnetita y ácido oleico. El aceite sirve de base y facilita el contacto con el plástico. La magnetita es la que responde al campo magnético. El ácido oleico cumple una función clave: impide que las partículas se peguen entre sí y mantiene la mezcla estable.

  • Aceite vegetal: actúa como soporte del ferrofluido y ayuda a que el líquido toque el residuo sin chocar contra el agua.
  • Magnetita: es el mineral que reacciona ante el campo magnético de los imanes del robot.
  • Ácido oleico: recubre las partículas de magnetita para que no se aglomeren y la mezcla conserve sus propiedades.

La prueba también comparó al robot con un tamiz convencional, la malla típica que se usa para filtrar. Contra los microplásticos, el prototipo se desempeñó mejor. Las partículas pequeñas suelen colarse entre los agujeros de la red; el ferrofluido, en cambio, puede fijarse a ellas y removerlas. Es la ventaja de pescar con química en lugar de con trama.

La voz de un becario y la pregunta de cierre

Le consulté a un becario del área de ingeniería ambiental qué le llamaba la atención del proyecto y me dijo algo que vale la pena repetir: lo interesante no es la foto del robot en la piscina, sino que combina una rama de la inteligencia artificial con un material que la mayoría nunca vio en la escuela. El ferrofluido parece un líquido cualquiera hasta que le acercás un imán, y ahí se arma como un pequeño puercoespín negro. Esa rareza es, a la vez, la parte más vistosa y la más útil del invento.

¿Y eso para qué sirve? Para pensar una herramienta específica contra el plástico en el agua, sin confiar la limpieza a redes que también atrapan plantas y animales. Adegboyega reconoce que el modelo actual todavía no está listo para un río, pero el enfoque apunta a una recolección más selectiva, donde el residuo es el objetivo y no un daño colateral. Falta mucho, sí, pero la base está.

YR
Yamila RiquelmeUniversidad y ciencia

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