Una Mirtha que la pasó mal y un futuro televisivo que se verá: la confesión de la conductora al salir del Mater Dei
Carlos Rottemberg contó que la conductora de 99 años lo llamó al recibir el alta y le reconoció, sin vueltas, que esta internación fue distinta a las anteriores. Mientras se recupera en su casa, su contrato con la pantalla está a punto de vencer.
Lo que primero aparece en cualquier conversación sobre Mirtha Legrand, y esto lo aprendí hace rato cubriendo el mundo del espectáculo, es la voz del público antes que la del artista. Y el público, hay que decirlo, estuvo estos días pegado al teléfono, preguntando por ella como quien pregunta por una abuela. Porque Mirtha ya es eso para varias generaciones, una especie de tía mayor o de abuela mediática a la que uno le toma cariño sin haberle estrechado la mano jamás. Por eso la noticia de su salida del Sanatorio Mater Dei, después de 18 días peleándola contra una neumonía bacteriana, cayó como un suspiro de alivio en la calle, en las redacciones y, claro, en la mesada de los domingos.
La llamada que llegó sin filtro
Ahora bien, lo más jugoso de este capítulo lo contó alguien que sabe mucho del paño y que además la conoce desde hace décadas, me refiero al productor teatral Carlos Rottemberg. El hombre estaba presentando su libro en la Feria del Libro de Rosario, en medio de una firma y de codeo con lectores, cuando un cronista le preguntó por la diva. Y Rottemberg, con la naturalidad que lo caracteriza, soltó la bomba: Mirtha lo llamó por teléfono ni bien pisó la calle después del alta, el 6 de octubre, y en lugar del clásico "hola, Carlos, qué tal", le dijo con todas las letras "Esta vez la pasé mal". Dos palabras que a cualquiera le erizan la piel cuando salen de la boca de una mujer que el próximo 23 de febrero va a soplar cien velitas.
“Esta vez la pasé mal.”Mirtha Legrand, según el relato de Carlos Rottemberg
Yo confieso que cuando escuché esa frase me quedó dando vueltas un rato largo, porque detrás de la aparente simpleza hay una confesión enorme, sobre todo viniendo de alguien tan poco amiga de quejarse. Mirtha es de las que esquiva el dramatismo, de las que resuelve todo con un gesto de la mano y una sonrisa picaresa. Que haya admitido, aunque más no sea en privado, que esta internación la golpeó, habla a las claras de que el cuerpo le pasó factura. Igual Rottemberg se encargó de bajarle el tono al asunto y aclaró con buen tino que hoy "está muy bien", una manera de decirle al público que se quede tranquilo, que no hay que entrar en pánico, que la señora está firme, con sus 99 años a cuesta y con la cabeza lúcida de siempre.
El contrato que vence y el regreso que todavía es una incógnita
Ahora bien, dejando de lado la parte humana, que es la que más nos interesa a los que la queremos, aparece el otro tema, el que mueve las aguas en los pasillos de la productora y que tiene a la industria televisiva en vilo: qué va a pasar con el ciclo de los sábados al mediodía, ese clásico de los clásicos que acompaña los almuerzos familiares de generaciones de argentinos. Y acá Rottemberg volvió a ser medido como un reloj, no se mandó ninguna macana. Le preguntaron por la rehabilitación de la conductora y por la continuidad del programa, y él se despachó con dos palabras que ya son casi marca registrada de su estilo: "Eso se verá". Traducción, para quien no esté tan ducho en el idioma de los productores: no hay definición, no hay apuro, y cualquier cosa que se publique ahora es susceptible de ser desmentida mañana.
Lo concreto, lo que sí se puede dar por seguro, es que el contrato de Mirtha con el ciclo de televisión vence en las próximas semanas. Punto. A partir de ahí, todo está abierto. Ante la insistencia periodística sobre si se va a renovar y en qué condiciones, Rottemberg volvió a poner paños fríos con una frase que repitió un par de veces: "A veces más es menos". Lectura posible, y por ahí va mi humilde interpretación: que estirar la presencia de Mirtha en pantalla cuando ella no esté plenamente repuesta puede terminar jugando en contra, tanto de su salud como del propio programa.
La nieta conductora y el guiño a Mar del Plata
Mientras tanto, y acá aparece el otro pilar que sostiene esta historia, la nieta Juana Viale sigue firme al frente del programa, haciendo ese doble juego de conducir y, al mismo tiempo, mantener informada a la gente sobre cómo evoluciona su abuela. El sábado pasado, en la emisión que condujo desde la pantalla, Juana contó un detalle que a mí, particularmente, me arrancó una sonrisa cómplice: contó que Mirtha, al salir de la clínica y ya repuesta, se subió a un auto con su nieto Nacho y pidió seguir viaje hasta Mar del Plata. Sí, la dama, con casi cien años y recién salida de una neumonía bacteriana, quería pegar la escapada a la costa atlántica. Alguien dijo que no llegaron porque la prudencia familiar pudo más, pero el gesto, la declaración de intenciones, ahí queda, como una postal del carácter inoxidable de esta mujer.
Lo que viene: una decisión personal y sin apuro
En definitiva, lo que tenemos por delante es una decisión que sólo le compete a Mirtha y a su entorno más íntimo. Las cámaras y los contratos pueden esperar, y de hecho están esperando. Mientras tanto, la imagen que me llevo de toda esta historia, y que le transmití a quien me la preguntó, es la de una señora que salió de un sanatorio con el cuerpo todavía en pausa pero con el espíritu intacto, telefonéo a un amigo para decirle la verdad sin maquillaje y se subió a un auto con ganas de que el viento del Atlántico le sacudiera el pelo, aunque más no fuera en la imaginación. Como se dice en la calle cuando una figura así sale de un mal trance, la está pasando como puede, pero la está pasando. Y eso, a los 99, ya es heroicidad.
