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Martes, 13 de octubre de 2026
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Una pareja en Neuquén revive la chacra familiar con sueldos de la educación y la sostiene entre los tres

Silvana Aiello y Jorge Stelrrig dejaron la rutina urbana para volver a las tres hectáreas que ella heredó en Centenario. Con los ingresos de sus empleos en el sistema educativo mantienen alfalfa, gallinas y un proyecto que ya incluye a su hijo Lucas y una incubadora casera.

Por Griselda AyalaEmpleo público y economía · · hace 2 d
Una pareja en Neuquén revive la chacra familiar con sueldos de la educación y la sostiene entre los tres

Silvana Aiello y Jorge Stelrrig se conocieron hace diecinueve años en la puerta de un colegio de la zona, mientras esperaban a sus hijos. Bastaron unos minutos de charla para descubrir que los dos habían crecido entre acequias, frutales y mesas largas, según reconstruyó esta redacción a partir del relato de los protagonistas. Los dos provenían de familias chacareras de Centenario y Vista Alegre, en la provincia de Neuquén, y los dos compartían un mismo deseo pendiente hacia volver a vivir como habían crecido.

Durante años juntaron materiales con lo que sobraba de los sueldos: bolsas de cemento, hierros, ladrillos, comprados cuando el bolsillo lo permitía. Hace tres años se concretó la mudanza a las tres hectáreas que el padre de Silvana, Ricardo, le dejó al morir. La casa se levanta sobre la calle 9, justo en el límite donde se tocan los ejidos de los dos municipios, según pudo precisar este medio. Vamos a los números: son tres hectáreas en producción, con alfalfa sembrada, gallinas, conejos y una incubadora artesanal que armó su hijo Lucas, de diecisiete años, con sus propias manos.

Los sueldos de la educación sostienen el campo

Silvana trabaja desde hace casi veinte años como secretaria en una escuela técnica. Jorge se desempeña como empleado en el área de educación de la zona. Sus salarios son los que financian el forraje, la compra de animales y la mano de obra eventual para mantener las tres hectáreas en producción. La lógica se invirtió respecto de la generación anterior: antes la chacra alimentaba a la familia; hoy es el empleo formal el que mantiene viva a la chacra.

“Vamos con los animales, juntamos el dinero para comprar alimento, gallinas ponedoras, pollos, y vamos buscándole la vuelta.”Silvana Aiello

La rutina exige combinar horarios y corrales. Silvana y Jorge cumplen su turno laboral y, al regresar, se ocupan de la alfalfa, los animales y las tareas pendientes. Lo hacen, aclaran, a pulmón los tres miembros de la familia. El ritmo difiere del que conocieron sus ancestros italianos, que nos siguió contando la protagonista.

“Antes no cumplían horario. Ahora uno tiene su trabajo, cumple, y a la tarde y los fines de semana atendemos los animales. Es otro tipo de estrés.”Silvana Aiello

La nueva generación ya tiene su propio proyecto

  • Lucas, de diecisiete años, estudia para técnico mecánico y ya gestiona un emprendimiento dentro de la chacra: el año pasado crió 600 pollos parrilleros, sumó gallinas ponedoras y conejos, y construyó una incubadora de manera artesanal.
  • Al terminar la secundaria, Lucas proyecta cursar la carrera de veterinaria y quedarse a trabajar en el campo familiar, según confió a este medio.
  • Jorge tiene en carpeta plantar frutales y viñas para producir y vender en el establecimiento, con el objetivo de sumar una fuente de ingresos propia del predio.

El paisaje del campo condensa la historia de la región. Donde alguna vez hubo manzanos y perales, creció un monte de olivillo y un humedal que la tierra fue formando sola cuando nadie podía trabajarla. Hoy, sobre esa misma superficie, la familia retoma la producción con una lógica distinta: ya no se vive exclusivamente de lo que da la tierra, sino que se invierte en ella el ingreso salarial, a la espera de que, en un mediano plazo, la chacra vuelva a dar frutos comerciales. La apuesta, reconocen, se sostiene con esfuerzo conjunto, planificación y la decisión de no abandonar la vida rural que los vio nacer.

GA
Griselda AyalaEmpleo público y economía

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