Volver a hechizarse: "Prácticamente magia 2" deja la puerta entreabierta y los fans ya preguntan si habrá tercera parte
La secuela reúne a Nicole Kidman y Sandra Bullock casi treinta años después y cierra la maldición de las Owen, pero deja varios arcos sin atar. Te cuento qué resuelve, qué deja pendiente y por qué el final es una invitación a volver.
Confieso que fui a ver "Prácticamente magia 2" con la misma mezcla de curiosidad y desconfianza que tiene mi vecina Marta cada vez que le ofrecen un segundo café gratis: ya sabemos cómo termina esa historia, pero igual uno se acerca. La película que dirige Susanne Bier y que llegó a los cines argentinos esta semana no es solo un ejercicio de nostalgia para quienes vimos la original en el videoclub de la esquina en 1998; es una secuela pensada para una generación que la descubrió en plataformas de streaming y que, sin haber crecido con Gillian y Sally Owen, igualmente se enamoró de la familia más embrujada de la costa este estadounidense.
Lo que esta entrega resuelve
El regreso de Nicole Kidman como Gillian y de Sandra Bullock como Sally, esta última convertida en una suerte de tía sabia que sigue viviendo con un pie en este mundo y otro en el más allá, se sostiene sobre dos conflictos centrales. El primero, más terrenal, es la aparición de Tom Bailey, interpretado por Zac Efron: un pariente lejano sin un gramo de magia que llega con la excusa de la herencia y la verdadera intención de quedarse con el libro de hechizos familiar para cobrar viejas deudas. Las Owen lo descubren y lo neutralizan con un conjuro colectivo que funciona casi como una terapia familiar exprés: aparecen, se miran, dicen unas palabras raras y problema resuelto.
El conflicto más pesado, el que verdaderamente le da densidad dramática a la película, se cocina en paralelo y tiene a Frances como protagonista. Ella descubre que la única manera de romper la maldición que pesa sobre las mujeres Owen, esa condena terrible que se lleva a los hombres que aman, es entregando algo propio. Frances elige hacerlo, y la escena, sin necesidad de grandes alaracas, golpea: el sacrificio funciona, la maldición se corta y Gideon, el novio de Kylie que llevaba un buen rato en coma, abre los ojos. A partir de ahí, la película se permite respirar y mostrarnos un futuro posible.
Lo que esta entrega deja sin cerrar
Porque después del sacrificio de Frances y del despertar de Gideon, la historia se acomoda en un tono más luminoso: Kylie se casa, Sally retoma su vida amorosa junto a Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega y que funciona como compañero para una mujer que llevaba demasiado tiempo sola, y las dos jóvenes de la familia empiezan a tantear sus propios poderes. Eso suena a cierre, y de hecho la película termina sin escena poscréditos ni golpe bajo final, pero a mí, cuando se apagaron las luces de la sala, me quedó la sensación de que faltaba aire. Y no soy la única: varios de los que salieron al pasillo coincidieron en lo mismo.
Esos hilos sueltos, más que un cliffhanger explícito, son los que mantienen abierta la conversación sobre una tercera película. De hecho, leyendo entre líneas las declaraciones del equipo, queda la impresión de que el final está deliberadamente construido como un puente: resuelve lo justo para que el espectador se vaya conforme, pero deja lo suficiente en el aire para que los fans pidan más. Y los fans, ya lo sabemos, suelen conseguir lo que piden.
“"Y que pase lo que tenga que pasar, mientras sigamos juntas",”Sally Owen (Sandra Bullock), hacia el final de la película
Ahora bien, ¿hace falta una tercera parte? Me lo pregunté durante toda la proyección, y la respuesta honesta es que depende de lo que uno entienda por cierre. Si lo que se busca es ordenar los cabos sueltos de Gillian y del legado mágico de las más jóvenes, entonces sí, una entrega más tendría sentido, más aún cuando la primera película lleva años sumando público nuevo en streaming y esta secuela llegó con la calculadora prendida. Pero si lo que se quiere es respetar la magia del silencio, ese final abierto que dice "la vida sigue" sin necesidad de explicarlo todo, tal vez este sea el lugar perfecto para detenerse. Como me dijo un señor de barba canosa a la salida del cine, mientras esperaba el subte: "Mientras no le metan un baile final con coreografía, hagan lo que quieran". Yo, si me preguntan, le firmo la tercera. Las Owen todavía tienen hechizos por tirar.
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